Taimaboffil's Blog

A la mujer, jóvenes y niñ@s, con pretendida óptica revolucionaria.

9 de abril 2011:Nuestra Carola se quiso ir y se nos fue, sola-solita. Venezuela.

Autor: Manuel Boffil Bello

Narrador:

Carola siempre recordaba cuando vio por primera vez salir un matrimonio de la iglesia de Parapara de Ortíz. “Los esposos”, le dijeron, mucho, mucho después: “se fueron a vivir para…para Caracas.” Siempre le decían que eso era muy lejos, donde ella nunca había ido, ni podría ir jamás, de lo tan lejos que era.

Audio:
Eco de voces y campanadas.
Desde fuera de cuadro caen granos de arroz. Sombras muestran quienes los lanzan a una borrosa pareja no visible ya en su memoria.
El fuerte viento levanta polvo.

Narrador:
En su cabecita, al doblar de campanas, las palomas reventaban a volar desde muy adentro de ese campanario. Cada rincón de sus rincones, llenos de niebla de recuerdos, la llevaban a ese entonces.

Audio:
Voces otra vez, campanadas y aletear de palomas.

Video:
Secuencia de movimientos contrapuestos, en confusión de disolvencias de disímiles velocidades, muestran su lento pero atormentado recorrido por campanarios al son de tantos repicares. 

Narrador:
Y Carola, tan niña quiso una vez irse con un hombre a la capital. Se le ofreció a ser llevada: “llévame contigo a Caracas”, dijo ella. Fue como un “llévame en tus alas, llévame en tus alas a ver a Jesús”, al fin y al cabo Caracas debía ser muy parecida a ese cielo tan lejano. Pero no hubo respuesta, tan solo una mirada, ininteligible para una niña tan pequeña. Ni siquiera un no.

Hoy, en Parapara de Ortíz, una linda lápida invisible, menudita, blanca y pura, como en aquel atardecer ella fue, en mi recuerdo reza:

Video:
(llueve)
Nuestra Carola se quiso ir y se nos fue sola, sola-solita.

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abril 9, 2011 Posted by | POESÍA | , , , , | Deja un comentario

El Fénix de México.Sor Juana Inés de La Cruz: La Décima Musa. Venezuela.

via: todosadentro@gmail.com

R: Morella Miller
 
¨Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que  hizo la diligencia.¨
 
En San Miguel Neplanta, en el sureste mexicano, nació, el 12 de noviembre de un año aún no definido, pero se señalan dos versiones, una que pudo ser en 1648 la otra en 1651, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana. Era ilegítima de un oficial vasco, Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca y de la criolla, Isabel Ramirez de santillana.
 
 
Su herencia mestiza y su precocidad, la llevaron a aprender el castellano y el náhuatl, por tanto, cultivó la metáfora en dos lenguas. Su infancia transcurrió entre relatos y leyendas autóctonas pero también entre libros de la bien surtida biblioteca de su abuelo, que de manera ávida, y a veces escondida, leyó. tras la muerte del patriarca familiar, Juana es enviada a la casa de su hermana en Ciudad de México. Allí, la joven se dedica al aprendizaje del latín.
 
 
Con diez y seis años ingresa a la corte del Virrey, donde se ganó el afecto especial de la virreina Leonor María Carrero, Marquesa de Mancera, quien la permitió profundizar sus conocimientos en matemáticas,  filosofía, teología y letras, artes y ciencias que para ese momento eran prohibidas a las mujeres.
 
A los 19 años, cuando comienza la presión social para que se despose, Juana decide continuar sus estudios y solo podía hacerlo sin un marido. Por ello, ingresa al convento de San José de las Carmelitas descalzas. Este primer intento de consagrarse a la vida religiosa fracas, ya que el espíritu culto y libre de Juan no pudo soportar el rigor de las reglas que rayaban en el maltrato.
 
 
Regresa al palacio al lado de sus virreyes benefactores durante un año más. Al parecer , en ese período sufrió una decepción amorosa, ya que su condición de ¨ilegítima¨ le impedía a algún caballero contraer matrimonio con ella.
 
 
entonces se interna en el convento de Santa Paula, de la orden de las Jerónimas, y allí se convierte, el 24 de enero de 1669, en Sor juana Inés de la Cruz.
 
 
Su erudición era tan reconocida en la época,  que constantemente recibía la visita de escritores, políticos y científicos que solicitaban sus consejos. Debido a su notoria fama como reconocida intelectual, la misoginia del sistema comenzó a perseguirla tras su carta Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, donde expone su crítica al pensamiento del obispo de Puebla.
 
 
Se le conmina entonces a alejarse de toda actividad filosófica y a dedicarse, como mujer, solo a los quehaceres propios de una religiosa: la oración y la obediencia. Luego de escribir una notable y profusa obra, sor Juana decidió hacer caso a sus verdugos y vendió su biblioteca.
 
 
El 17 de abril de 1695, Sor Juana murió al contraer cólera durante una epidemia que azotó la ciudad. Pese a los esfuerzos de sectores reaccionarios de la iglesia católica, parte de sus escritos lograron se rescatados y publicados para el bien de las futuras generaciones. Sus versos son considerados los más elevados de la poesía barroca hispanoamericana y sus ideas son la semilla de un pensamiento pro-feminista. No en vano la han denominado El Fénix de México y la Décima Musa

todosadentro@gmail.com

 

marzo 25, 2011 Posted by | BIOGRAFÍA, HISTORIA, LITERATURA, POESÍA | , , , , | Deja un comentario

12 de marzo 1928: Aldemaro Romero nace en Valencia. Venezuela.

En 1928, nace en Valencia, estado Carabobo, Aldemaro Romero, uno de los músicos más versátiles de nuestro país en el siglo XX.

Compositor, arreglista, pianista, y director de orquesta, compuso desde música caribeña, jazz y valses venezolanos, hasta obras sinfónicas de gran envergadura. Es el creador de un estilo de música venezolana llamado la “Onda Nueva”, derivado del joropo e influenciado por la bossa nova. En 1979 funda la Orquesta filarmónica de Caracas, de la cual fue su primer conductor.
taima: Me hallaba trabajando un poco mi blog, encontré que, en esta misma fecha, pero en 1928, había venido al planeta un niño a quien llamaron Aldemaro. Buscando más acerca de su vida hallé su blog -por casualidad- toqué a su puerta, quise desarle un feliz cumpleaños y nadie me contestó, por ahora, así que copié este hermoso texto de él, con foto y todo…a todas y todos, para eso debió haberlo escrito…¿no? Razón tenía Kotepa Delgado en su: “escribe que algo queda”.
 
Panchito Mandefuá

lunes, diciembre 29, 2008

Estado de ánimo actual:esperanzado/a
Categoría: Literatura y poesía

Los niños de la calle
José Rafael Pocaterra, el de Memorias de un venezolano de la decadencia, Vidas oscuras, Tierra del sol amada, La casa de los Abila… bautizó con el nombre de Panchito Mandefuá al niño de la calle, ‘granuja billetero, nacido de cualquiera con cualquiera en plena alcabala, chiquillo astroso.
Pocaterra hoy hubiera llamado a ese mismo niño Panchito Pega Pega. Ese no tiene padre, no tiene madre, e igual que Panchito, el original, inventa su propio apellido porque no sabe por qué vino al mundo, ni a qué vino.

 
El niño de la calle, igual que ayer, va calle arriba y calle abajo buscando el pan, robando, huyendo de la policía y saliendo en la oscuridad como las ratas.
Panchito Mandefuá vendía billetes, ganaba para ir al cine y comer frutas. En la noche de Navidad, cerca del Teatro Municipal había vendido cinco números enteros y seis décimos. Había ganado ochenta y seis centavos, la sola tarde después de haber corrido y ‘chuchado’.
Panchito Mandefuá, sin papá ni mamá, trabajaba, se divertía y vivía, pero el Panchito Pega Pega de hoy no trabaja, no se divierte, no va al cine, no tiene novia… Panchito conoce a Margarita, muchachita de la calle como él y la convierte en su protegida, el Panchito Pega Pega de hoy desconoce estos sentimientos porque vive hundido en el mundo de la droga, cargado de odios y rencores, con el cuerpo lleno de cicatrices, con un punzón en el bolsillo y un paquete de billetes sucios apretados en la mano izquierda, mostrándolos a los transeúntes, como un reto para que le den algo.

 
Panchito Mandefuá se sentaba comiendo maní en el viejo Metropolitano a ver las películas de detectives. Panchito Pega Pega fabrica sus propias películas.
Se acerca a los automóviles, ataca a los transeúntes, raya los vehículos cuando no le dan plata y luego, se queda en la calle tirado sobre la acera, o en la ‘isla’ de la avenida céntrica durmiendo o haciéndose el dormido. El medio cuerpo desnudo, el pantalón roto y sucio, los ojos vidriosos.

 
Panchito Mandefuá vivía feliz dentro de su pobreza. Iba al circo y al cine y se enamoró de Margarita, cuando a ella se le cayó la bandeja de dulces y empezó a llorar porque la familia que ‘la recogió’ la iba a castigar.

 
Panchito le compró a Margarita toda una bandeja de dulces, para que no le pegaran en la casa. Y como todo un caballero llevó él mismo la bandeja. Cuando llegaron al zaguán ella le preguntó:
_¿Cómo te pago yo? Panchito, se puso colorado y según Pocaterra le dijo:
_Si me das un beso.
_¡No, no, es malo!
_¿Por qué?
_Gua, porque sí… Así lo cuenta José Rafael y así fue. Le dieron el beso. Marchó contento. Pensaba en su cena: hallaca de a medio, un guarapo, café con leche, tostada de chicharrón… Pero cuando dentro de su mundo de sueños cruzaba hacia San Pablo, allí donde está el Teatro Municipal, lo mató un carro.

 
Y el gran José Rafael Pocaterra termina la historia con estas palabras: ‘Y así fue a cenar en el Cielo, invitado por el Niño Jesús esa Nochebuena, Panchito Mandefuá…’

 
Pocaterra hoy tendría que contar distinta la vida de Panchito Pega Pega. No trabaja, roba, que es diferente. Si conoce a Margarita, no la ayuda, termina de quitarle los dulces y la incorpora a su grupo, para que como él se dedique al atraco y con otras niñas callejeras a la prostitución.

 
El amigo Heraclio Atencio Bello en su libro Pobreza, reto del siglo XXI publica los datos de Unicef sobre la pobreza infantil en Venezuela. Y ellos son los siguientes. ’48 mil se han dedicado a la prostitución; 600 mil han desertado del sistema educativo; un millón se dedica a trabajar; más del 25% padece de desnutrición, lo que ha aumentado los índices de mortalidad cerca de un 24%; y, además, la población infantil en condiciones de pobreza es vulnerable a las enfermedades, las drogas, el alcohol, el abandono, la delincuencia y la vida en retenes’.

 
Con estas cifras, ¿cómo es posible que los políticos en Venezuela, que están en el poder (especialmente los que ‘se ocupan’ de la infancia abandonada y de la juventud), puedan celebrar unas Navidades tranquilas, en la casa ‘con hijos sanos y gordos’. Dentro de una escenografía de arbolitos, nacimientos con globos y bombillitos?

 
Panchito Mandefuá trabajaba, amaba y soñaba. Por eso se fue a cenar con el Niño Jesús. Panchito Pega Pega, ante una sociedad indiferente, perdió su condición humana. Por eso nadie lo invita a cenar… Así son las cosas.

marzo 12, 2011 Posted by | BIOGRAFÍA, LITERATURA, MÚSICA, POESÍA | , , , , , , , | 2 comentarios

30 de enero de 1846: Nace Pérez Bonalde en Caracas. Venezuela

Juan Antonio Pérez Bonalde

  

 

En 1846 nace en Caracas el poeta Juan Antonio Pérez Bonalde, perteneciente a la segunda generación del movimiento romántico en Latinoamérica, y considerado precursor del modernismo por haber traducido obras de Heinrich Heine y Edgar Allan Poe.

Pasó su juventud en Puerto Rico y viajó por Europa, Asia, el Medio Oriente y Latinoamérica. Su poesía está marcada por sentimientos melancólicos y por un ritmo poético rico en matices. Su obra poética fue prolífica destacando “Vuelta a la Patria”, “Flor” y “El Poema del Niágara”, sin duda, sus versos más conocidos.
 
Vuelta a la Patria
Juan Antonio Pérez Bonalde

[1875]

A mi hermana Elodia

¡Tierra!, grita en la proa el navegante
y confusa y distante,
una línea indecisa
entre brumas y ondas se divisa;
poco a poco del seno
destacándose va del horizonte,
sobre el éter sereno,
la cumbre azul de un monte;
y así como el bajel se va acercando,
va extendiéndose el cerro
y unas formas extrañas va tomando;
formas que he visto cuando
soñaba con la dicha en mi destierro.
Ya la vista columbra
las riberas bordadas de palmares
y una brisa cargada con la esencia
de violetas silvestres y azahares,
en mi memoria alumbra
el recuerdo feliz de mi inocencia,
cuando pobre de años y pesares,
y rico de ilusiones y alegría,
bajo las palmas retozar solía
oyendo el arrullar de las palomas,
bebiendo luz y respirando aromas.
Hay algo en esos rayos brilladores
que juegan por la atmósfera azulada,
que me habla de ternuras y de amores
de una dicha pasada,
y el viento al suspirar entre las cuerdas,
parece que me dice: « ¿no te acuerdas?».
Ese cielo, ese mar, esos cocales,
ese monte que dora
el sol de las regiones tropicales…
¡Luz, luz al fin! Los reconozco ahora:
son ellos, son los mismos de mi infancia,
y esas playas que al sol del mediodía
brillan a la distancia,
¡oh, inefable alegría,
son las riberas de la patria mía!
Ya muerde el fondo de la mar hirviente
del ancla el férreo diente;
ya se acercan los botes desplegando
al aire puro y blando
la enseña tricolor del pueblo mío.
¡A tierra, a tierra, o la emoción me ahoga,
o se adueña de mi alma el desvarío!
Llevado en alas de mi ardiente anhelo,
me lanzo presuroso al barquichuelo
que a las riberas del hogar me invita.
Todo es grata armonía; los suspiros
de la onda de zafir que el remo agita;
de las marinas aves
los caprichosos giros;
y las notas suaves,
y el timbre lisonjero,
y la magia que toma
hasta en labios del tosco marinero,
el dulce son de mi nativo idioma.
¡Volad, volad, veloces,
ondas, aves y voces!
Id a la tierra en donde el alma tengo,
y decidle que vengo
a reposar, cansado caminante,
del hogar a la sombra un solo instante.
Decidle que en mi anhelo, en mi delirio
por llegar a la orilla, el pecho siente
dulcísimo martirio;
decidle, en fin, que mientras estuve ausente,
ni un día, ni un instante hela olvidado,
y llevadle este beso que os confío,
tributo adelantado
que desde el fondo de mi ser le envío.
¡Boga, boga, remero, así llegamos!
¡Oh, emoción hasta ahora no sentida!
¡Ya piso el santo suelo en que probamos
el almíbar primero de la vida!
Tras ese monte azul cuya alta cumbre
lanza reto de orgullo
al zafir de los cielos,
está el pueblo gentil donde, al arrullo
del maternal amor, rasgué los velos
que me ocultaban la primera lumbre.
¡En marcha, en marcha, postillón, agita
el látigo inclemente!
Y a más andar, el carro diligente
por la orilla del mar se precipita.
No hay peña ni ensenada que en mi mente
no venga a despertar una memoria,
ni hay ola que en la arena humedecida
con escriba con espuma alguna historia
de los alegres tiempos de mi vida.
Todo me habla de sueño y cantares,
de paz, de amor y de tranquilos bienes,
y el aura fugitiva de los mares
que viene, leda, a acariciar mis sienes.
me susurra al oído
con misterioso acento: «Bienvenido».
Allá van los humildes pescadores
las redes a tender sobre la arena;
dichosos, que no sienten los dolores
ni la punzante pena
de los que lejos de la patria lloran;
infelices que ignoran
la insondable alegría
de los que tristes del hogar se fueron
y luego, ansiosos, al hogar volvieron.
Son los mismos que un día,
siendo niño, admiraba yo en la playa,
pensando, en mi inocencia,
que era la humana ciencia,
la ciencia de pescar con la atarraya.
Bien os recuerdo, humildes pescadores,
aunque no a mí vosotros, que en la ausencia
los años me han cambiado y los dolores.
Ya ocultándose va tras un recodo
que hace el camino, el mar, hasta que todo
al fin desaparece.
Ya no hay más que montañas y horizontes,
y el pecho se estremece
al respirar, cargado de recuerdos,
el aire puro de los patrios montes.
De los frescos y límpidos raudales
el murmullo apacible;
de mis canoras aves tropicales
el melodioso trino que resbala
por las ondas del éter invisible;
los perfumados hálitos que exhala
el cáliz áureo y blanco
de las humildes flores del barranco;
todo a soñar convida,
y con suave empeño,
se apodera del alma enternecida
la indefinible vaguedad de un sueño.
Y rueda el coche, y detrás de él las horas
deslízanse ligeras
sin yo sentir, que el pensamiento mío
viaja por el país de las quimeras,
y sólo hallan mis ojos sin mirada
los incoloros senos del vacío…
De pronto, al descender de una hondonada,
«¡Caracas, allí está!», dice el auriga,
y súbito el espíritu despierta
ante la dicha cierta
de ver la tierra amiga.
¡Caracas allí está; sus techos rojos,
su blanca torre, sus azules lomas,
y sus bandas de tímidas palomas
hacen nublar de lágrimas mis ojos!
Caracas allí está; vedla tendida
a las faldas del Ávila empinado,
Odalisca rendida
a los pies del Sultán enamorado.
Hay fiesta en el espacio y la campaña,
fiesta de paz y amores:
acarician los vientos la montaña;
del bosque los alados trovadores
su dulce canturía
dejan oír en la alameda umbría;
los menudos insectos de las flores
a los dorados pístilos se abrazan;
besa el aura amorosa el manso Guaire,
y con los rayos de luz se enlazan
los impalpables átomos del aire.
¡Apura, apura, postillón, agita
el látigo inclemente!
¡Al hogar, al hogar, que ya palpita
por él mi corazón… Mas, no, detente!
¡Oh infinita aflicción, oh desgraciado
de mí, que en mi soñar hube olvidado
que ya no tengo hogar…! Para, cochero;
tomemos cada cual nuestro destino;
tú, al lecho lisonjero
donde te aguarda la madre, el ser divino
que es de la vida centro de alegría,
y yo…, yo al cementerio
donde tengo la mía.
¡Oh, insoluble misterio
que trueca el gozo en lágrimas ardientes!
¿En dónde está, Señor, ésa tu santa
infinita bondad, que así consientes
junto a tanto placer, tristeza tanta?
Ya no hay fiesta en los aires; ya no alegra
la luz que el campo dora;
ya no hay sino la negra
pena cruel que el pecho me devora…
¡valor, firmeza, corazón no brotes
todo tu llanto ahora, no lo agotes,
que mucho, mucho que sufrir aún falta:
ya no lejos resalta
de la llanura sobre el verde manto
la ciudad de las tumbas y del llanto;
ya me acerco, ya piso
los callados umbrales de la muerte,
ya la modesta lápida diviso
del angélico ser que el alma llora;
ven, corazón, y vierte
tus lágrimas ahora!

II

Madre, aquí estoy: de mi destierro vengo
a darte con el alma el mudo abrazo
que no te pude dar en tu agonía;
a desahogar en tu glacial regazo
la pena aguda que en el pecho tengo
y a darte cuenta de la ausencia mía.
Madre, aquí estoy; en alas del destino
me alejé de tu lado una mañana,
en pos de la fortuna
que para ti soñé desde la cuna;
mas, ¡oh, suerte inhumana!
hoy vuelvo, fatigado peregrino,
y sólo traigo que ofrecerte pueda,
esta flor amarilla del camino
y este resto de llanto que me queda.
Bien recuerdo aquel día,
que el tiempo en mi memoria no ha borrado;
era de marzo una mañana fría
y cerraba los cielos el nublado.
Tú en el lecho aún estabas,
triste y enferma y sumergida en duelo,
que, con alma de madre, contemplabas
el hondo desconsuelo
de verme separar de tu regazo.
Llegó la hora despiadada y fiera,
y con el pecho herido
por dolor hasta entonces no sentido,
fui a darte, madre, mis postrer abrazo
y a recibir tu bendición postrera.
¡Quién entonces pensara
que aquella voz angélica en mi oído
nunca más resonara!
Tú, dulce madre, tú, cuando infelice,
dijiste al estrecharme contra el pecho:
«Tengo un presentimiento que me dice
que no he de verte más bajo este techo».
Con un supremo esfuerzo desliguéme
de los amantes lazos
que me formaban en redor tus brazos,
y fuera me lancé como quien teme
morir de sentimiento.
¡Oh, terrible momento!
Yo fuerte me juzgaba,
mas, cuando fuera me encontré y aislado,
el vértigo sentí del pajarillo
que en jaula criado,
se ve de pronto en la extensión perdido
de las etéreas salas,
sin saber dónde encontrará otro nido
ni a dónde, torpes, dirigir sus alas.
Desató el sollozar el nudo estrecho
que ahogaba el corazón en su quebranto
y se deshizo en llanto
la tempestad que me agitaba el pecho.
Después, la nave me llevó a los mares,
y llegamos al fin, un triste día
a una tierra muy lejos de la mía,
donde en vez de perfumes y cantares,
en vez de cielo y verdes palmas,
hallé nieblas y ábregos, y un frío
que helaba los espacios y las almas.
Mucho, madre, sufrí con pecho fuerte,
mas suavizaba el sufrimiento impío,
la esperanza de verte
un tiempo no lejano al lado mío.
¡Ah del mortal ciego
confía su ventura a la esperanza…!
La ley universal cumplióse luego,
y vi en el alma, presta,
la mía disiparse,
cual mira en lontananza
torcer el rumbo en dirección opuesta
el náufrago al bajel que vio acercarse.
Bien recuerdo aquel día
que el tiempo en mi memoria no ha borrado;
era de marzo otra mañana fría,
y los cielos cerraba otro nublado.
Triste, enfermo y sin calma,
en ti pensaba yo, cuando me dieron
la noticia fatal que hirió mi alma.
Lo sentí, decirlo no sabría…
Sólo sé que mis lágrimas corrieron
como corren ahora, madre mía.
Después, al mundo me lancé, agitado,
y atravesé océanos y torrentes,
y recorrí cien pueblos diferentes,
tenue vapor del huracán llevado,
alga sin rumbo que la mar flagela,
viento que pasa, pájaro que vuela.
Mucho, madre, he adquirido,
mucha experiencia y muchos desengaños,
y también he perdido
toda la fe de mis primeros años.
¡Feliz quien como tú ya en esta vida
no tiene que luchar contra la suerte
y puede reposar en la seguida
inalterable calma de la muerte;
sin ver ni padecer el mal eterno
que nos hiere doquier con saña cruda,
ni llevar en el pecho el frío interno
de la indomable duda!
¡Feliz quien como tú, con altiveza
reclinó para siempre la cabeza
sobre los lauros del deber cumplido;
cual la reclina, por la muerte herido,
tras el combate rudo,
risueño, el gladiador sobre su escudo!
Esa, madre, es tu gloria
y alta recompensa de tu historia,
que el premio sólo del deber sagrado
que impone el cristianismo
está en el hecho mismo
de haberlo practicado.
Madre, voy a partir; mas parto en calma
Y sin decirte adiós, que eternamente
me habrás de acompañar en esta vida.
Tú has muerto para el mundo indiferente,
mas nunca morirás, madre del alma,
para el hijo infeliz que no te olvida.
Y fuera el paso nuevo,
y desde su alto y celestial palacio,
su brillo siempre nuevo
derrama el sol por el cerúleo espacio…
Ya lejos de los túmulos me encuentro,
ya me retiro, solitario y triste;
mas, ¡ay! ¿a dónde voy? ¡si no existe
de hogar y madre el venturoso centro!…
¡A dónde? ¡A la corriente de la vida,
a luchar con las ondas brazo a brazo
hasta caer en su mortal regazo
con el alma en paz y con la frente erguida!

enero 30, 2011 Posted by | BIOGRAFÍA, LITERATURA, POESÍA, Uncategorized | , , , , , , | 2 comentarios