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22 de julio 2011: ¿Por qué Occidente quiere derrocar y asesinar a Gaddafi?

¿Por qué Occidente quiere derrocar y asesinar a Gaddafi?

Publicado el marzo 16, 2011 por lapolillacubana26

Usted tiene derecho a mantener su opinión sobre Gaddafi… pero ¿puede negar la veracidad de lo que aquí se expone?

¿Por qué Occidente quiere derrocar y asesinar a Gaddafi?
El León del Desierto

Por Julio César Centeno


El  coronel Gaddafi nació en una tienda tribal beduina un 3 de septiembre   en 1942. Se graduó de abogado a los 21 años de edad. Luego estudio en  la Real Academia Militar de Sandhurst, Inglaterra, y en la Academia  Militar Helénica de Grecia.

En 1969, a los 27 años de edad,  derrocó al rey Idris, un tirano impuesto por Inglaterra y Francia. Declaró querer ser “el Che Guevara del oriente medio“.  Al año siguiente ordenó la expulsión de las bases militares extranjeras  de territorio libio. Estableció el llamado “socialismo islámico” por  medio del cual se buscaba una democracia directa: el gobierno de las  masas a través de consejos populares y comunas. Se creó así la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista.

La Yamahiriya: estado  de las masas, es un  híbrido de Islam, socialismo y democracia directa,  ideología que proclama en su Libro Verde. Se estableció un Congreso  General del Pueblo, con Gaddafi como su Secretario General.

Nacionalizó las  empresas petroleras y expulsó a los funcionarios norteamericanos,  británicos e italianos que habían dominado y vejado al país durante  décadas. Libia era la sede de la base militar aérea mas grande de los  Estados Unidos en el norte de África: Wheelus Air Base. El pentágono  mantenía una base para el lanzamiento de misiles a sólo 25 kilómetros de  Tripoli. 

Nunca se lo  perdonaron. Fue inmediatamente catalogado como enemigo de los Estados  Unidos. Libia fue señalado como un estado paria por defender su derecho a  la autodeterminación y la autonomía. Las cosas empeoraron aun mas  por  el papel protagónico de Gaddafi en el embargo petrolero de 1973 contra  los Estados Unidos y por su cooperación con la Unión Soviética.

Fue un ferviente  seguidor del destacado dirigente egipcio Gamal Abdel Nasser,  especialmente en su lucha por la unión de los pueblos árabes en una gran  Nación Árabe. Defendió la nacionalización del Canal de Suez por parte  de Egipto. Firmó con Nasser la llamada Carta de Trípoli, donde se  concretan acuerdos de cooperación militar, estratégica y económica entre  Egipto y Libia.

Con la muerte por  envenenamiento de Nasser en 1970, Gaddafi tomó el liderazgo del  pan-arabismo. Dos años después se anuncia la creación de la Federación  de Repúblicas Árabes, integrada entonces por Siria, Egipto, Irak y  Libia. Fue también uno de los mas destacados líderes de la Organización  de Países No-Alineados.

Gaddafi ha apoyado sin  vacilación la causa Palestina durante décadas. En 1972 anunció que  Libia apoyaría, entrenaría y financiaría a cualquier árabe dispuesto a  defender la causa Palestina. Fue inmediatamente catalogado como  “terrorista”.

A partir de entonces  llovieron acusaciones sobre su participación o apoyo en numerosos  atentados terroristas en Roma, Viena, Berlín, Chad, Filipinas, Egipto.  Se le acusó de ser el principal punto de apoyo de uno de los terroristas  mas connotados  de la época: el venezolano Carlos Illich Ramírez,  ”El  Chacal”. Carlos fue capturado en 1994 y cumple desde entonces una  condena a cadena perpetua en la prisión La Santé de Paris.

Como es costumbre  contra cualquier jefe de estado que se rebele contra el orden  internacional impuesto a los países en desarrollo después de la segunda  guerra mundial, se le acusó de participación en el narcotráfico, de  fomentar el terrorismo, de desarrollar armas de destrucción masiva, de  apoyar a las FARC en Colombia, al IRA (Ejército Republicano Irlandés), a  la ETA en España, a Hizbolla  en Líbano, a Hamas y otros “terroristas”  palestinos. El presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, se  refería a él como “el perro rabioso del desierto“.

El gobierno  norteamericano trató varias veces de derrocarlo. En agosto de 1981 la  revista Newsweek dio a conocer un plan presentado por el director de la  CIA al gobierno norteamericano para asesinar a Gaddafi.  Días después  dos aviones de guerra norteamericanos atacaron dos aviones Sukhoi libios  en espacio aéreo libio. Los aviones norteamericanos habían despegado  del portaviones John Kennedy, estacionado frente a las costas libias de  mar mediterráneo.

En 1986 Ronald Reagan  ordenó el bombardeo de las principales bases militares y edificios  gubernamentales en las ciudades de Trípoli y Benghazi, en un intento por  asesinar a Gaddafi e incitar la sublevación popular. Los aviones  despegaron desde bases norteamericanas en Inglaterra. En el bombardeo  murió una de sus hijas menores, Jana, y docenas de oficiales de su  entorno mas cercano. El crimen quedó impune.

Libia fue rápidamente  convertido en un estado paria. Durante los siguientes 10 años el coronel  Gaddafi se convirtió en el Osama Bin Laden de la época. Libia fue  cercada. Se le impuso un embargo comercial para forzar el derrocamiento  de Gaddafi, similar al que ha padecido Cuba por mas de 50 años.

Fue acusado de ordenar  la colocación de una bomba en un avión comercial Boeing 747 de la  principal línea aérea de los Estados Unidos para entonces: Pan American.  El avión explotó en el aire en diciembre de 1988 sobre la población de  Lockerbie, Escocia. Murieron 259 personas que viajaban en el avión y 11  ciudadanos de Lockerbie. Luego de un largo proceso de negociación, en  1999 Gaddafi entregó a la justicia escocesa a los dos ciudadanos libios  acusados de haber colocado los explosivos. 

En 1997 Nelson Mandela  tuvo la valentía de visitar a Gaddafi en Trípoli, para denunciar la  injusticia que se cometía contra ese pueblo por su rebeldía y su intento  de decidir su propio destino. Mandela sabía por experiencia propia lo  que era ser acusado de crímenes sin que existieran pruebas sobre ellos y  sin derecho a la defensa. Había sido liberado de la cárcel 7 años  antes, después de 27 años de prisión por su rebeldía ante el régimen  discriminatorio de la población negra de Sur África por parte de una  minoría blanca de origen europeo. Visitó a Gaddafi siendo el primer  presidente de raza negra y el primer presidente electo democráticamente  en  Sur África.

Su visita fue seguida  por la del secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, de origen  Africano. Libia aceptó cancelar 2.700 millones de dólares en  compensación a familiares de víctimas de atentados terroristas de los  que se acusaba a ciudadanos libios, aunque sin reconocer culpabilidad de  la nación Libia. Se levantaron las sanciones internacionales que  pesaban sobre el país.

En el 2008 el  presidente Bush deja sin efecto las sanciones unilaterales que había  impuesto Estados Unidos contra Libia, retirándola de la lista de  “estados que apoyan el terrorismo”.

Las transnacionales  petroleras se abalanzaron sobre Libia en busca del control de los  gigantescos yacimientos de su codiciado petróleo liviano. Lo mismo  hicieron los perros de la guerra, ofreciendo armas, desde sofisticados  aviones de combate hasta fusiles, ametralladoras y municiones. Muchos se  jactaron de haber finalmente obligado a Gaddafi a ceder en sus  posiciones radicales.

Ese mismo año Gaddafi  recibió la visita de Condoleezza Rice, secretaria de Estado del gobierno  norteamericano. Luego desfilaron por Trípoli los jefes de estado de los  países que se proclaman dueños del planeta: el primer ministro  británico, Tony Blair, seguido por su remplazo Gordon Bown, el  presidente de Francia, Sarkozy, el presidente de Rusia, Vladimir Putin.  El rey Juan Carlos de España, y Rodríguez Zapatero se humillaron ante él  en el 2009 para venderle 3.500 millones de euros en armas.

Gaddafi se convirtió  en una especie de vedette política en círculos internacionales. Fue  invitado a participar por primera vez en la Asamblea General de las  Naciones Unidas, donde fue recibido por el presidente Barak Obama. Fue  invitado a visitar Francia, Italia y España, siempre recibido como el  “Rey de Reyes” y “el León del Sahara”.

En el 2009 fue electo  Secretario General de la Unión Africana. Allí proclamó su determinación  a seguir luchando por el establecimiento de la integración de los  países africanos y la conformación de los Estados Unidos de África. Su  discurso en este foro dejaba en evidencia que sus concepciones radicales  y socialista se mantenían intactas. Los analistas internacionales de  las principales empresas de comunicación concluyeron sin embargo que se  trataba solo de “retórica populista”.

En su discurso en la  Asamblea General de las Naciones Unidas en el 2009, Gaddafi dejó  claramente definida su posición. Acusó a Israel del asesinato de John  Kennedy; abogó por la solución del conflicto Israelí-Palestino a través  de un estado único. Se refirió al Consejo de Seguridad como “el Consejo  del Terror”; criticó la validez de la Asamblea General de la ONU por  permitir que sus decisiones sean  ignoradas por los países mas poderosos  y rompió la Carta de las Naciones Unidas en el podio de los oradores.

En marzo del 2010 uno  de sus ocho hijos, Hanibal, fue detenido en Suiza acusado de maltrato a  dos empleadas domésticas. Gaddafi suspendió la venta de petróleo y  adoptó represalias económicas y comerciales adicionales contra Suiza,   llamó a la guerra santa contra ese país y declaró que anhelaba que  fuera “barrido del mapa”.

La Unión Europea no se  apresuró a denunciar semejante amenaza, asumiendo una posición  diametralmente opuesta a la tomada contra Irán por presumiblemente  aspirar lo mismo sobre el estado de Israel. Por el contrario, la UE se  disculpó públicamente  por haber prohibido a unos ciudadanos libios la  entrada a Europa a raíz del conflicto entre Suiza y Libia.

El comportamiento de  Gaddafi ha sido frecuentemente considerado excéntrico. Cuando visitó la  ciudad de Nueva York para participar en la Asamblea General de las  Naciones Unidas solicitó autorización para colocar su gigantesca carpa  beduina en un parque. Así se hizo. Armó su carpa en los jardines de la  mansión del millonario Donald Trump. Allí conducía sus negocios y  recibía visitas. Llevó además camellos, para tomar leche fresca al  levantarse. Como es su costumbre, viajó acompañado de docenas de jóvenes  mujeres guardaespaldas, quienes no sólo lo protegen, sino que se  encargan de su cuidado y su alimentación: nunca falta ni el queso de  cabra ni los dátiles.

En una reunión cumbre  de la Liga Árabe, Gaddafi se puso un guante blanco en su mano derecha.  Explicó que trataba de evitar infecciones al estrechar la mano de otros  jefes de estado que pudieran haber tenido contacto con funcionarios  israelíes.

Algo similar ocurrió  cuando visitó Paris, por invitación de Nicolás Sarkozy. Fue recibido  como un rey. La visita concluyó con negociaciones para la venta de armas  de guerra y la inversión de empresas francesas en el negocio petrolero  libio.

Cuando viajó a Roma,  como invitado de honor de Silvio Berlusconi, colocó su carpa en un  parque en el centro de la ciudad. No llevó los camellos, sino 200  mujeres guardaespaldas que conforman varios anillos de seguridad,  armadas con Kalashnikovs.

Las mujeres que  custodian a Gaddafi son expertas en artes marciales, en el uso de armas  de fuego y de armas blancas, en pilotear aviones, helicópteros y  barcazas; son entrenadas como francotiradoras, en el manejo de  explosivos y en actividades de espionaje. Berlusconi lo honró con una  cena de lujo para 800 personas, apropiada para un Rey.

A pesar de las  atenciones y los halagos de Berlusconi, Gaddafi fue particularmente  severo con sus anfitriones italianos. Fueron demasiados los crímenes y  vejaciones cometidos por Italia durante su ocupación y colonización de  Libia desde 1911 hasta 1943. Cuando Berlusconi menos se lo esperaba,  Gaddafi se despojó de su ropaje beduino y se vistió de militar. Junto a  sus condecoraciones castrenses, se colgó  del pecho una fotografía en  blanco y negro de 1931.

En la fotografía se  encuentra, humillado y encadenado, el héroe libio Omar Al-Mukhtar,  rodeado de sus captores italianos. Al-Mukhtar liderizó durante veinte  años la lucha de los beduinos contra la brutal ocupación italiana. Fue  para él que se acuñó el apodo de “el León del Desierto”.  Su figura es venerada en Libia. Los fascistas italianos lo ahorcaron en  público  a los pocos día después de haber tomado y divulgado aquella  humillante fotografía. Justo antes de morir exclamó: “Sobreviviré a mis verdugos“. Para entonces Italia se encontraba bajo el dominio de Benito Mussolini.

Cuando le  preguntaron porque llevaba esa fotografía en su pecho, Gaddafi,  consciente de que el catolicismo es la fe predominante en Italia,  proclamó en presencia de Berlusconi:Para nosotros la imagen de Al-Makhtar es tan sagrada como el crucifijo que llevan algunos de ustedes en el pecho

En la lucha por el  control del mar de petróleo liviano bajo el suelo libio, durante la  segunda guerra mundial el país se convirtió en el campo de batalla   entre las fuerzas nazis bajo el mando de Rommel y las fuerzas  británicas bajo el mando de Montgomery. Con la derrota de Italia en la  segunda guerra mundial, Libia fue repartida cual trofeo de guerra entre  Inglaterra y Francia.

Las continuas luchas  de los beduinos por su independencia condujeron a que en 1951 se  declarara una monarquía bajo el rey Idris, una marioneta al servicio de  los europeos. Para el momento de su independencia Libia no tenia  escuelas y contaba con sólo 16 graduados universitarios, formados en el  extranjero. La administración continuó así en manos de ingleses,  franceses e italianos. Todo cambió con la llegada de Gaddafi al poder en  1969.

Los honores y halagos  de que era objeto Gaddafi por parte de los jefes de estado de Europa  hasta finales del 2010 cambiaron súbitamente. Sanguinario, loco, tirano,  demente, autócrata, asesino, corrupto, psicópata, perro rabioso. Estos y  muchos otros adjetivos son usados hoy contra Gaddafi. Los medios de  comunicación de todo el mundo, salvo algunas excepciones, se han  ensañado contra su figura. El objetivo parece ser destruirlo ante la  opinión pública internacional. Algo similar le ocurrió a Saddam Hussein  justo ante de la invasión de Irak por parte de fuerzas militares  norteamericanas y británicas en el 2003.

Al mimo tiempo, se  teje una red de “legalidad” para invadir Libia y deponer al déspota. En  la ONU se toma la decisión de expulsar a Libia del Consejo de Derechos  Humanos, mientras que la Corte Penal Internacional declara que actuará  con agilidad para condenarlo.

En paralelo se estimula  y apoya a movimientos opositores a Gaddafi para incitar a la rebelión  interna, con el propósito de generar un estado de violencia y caos que  contribuya a justificar la intervención de las grandes potencias para “pacificar al país y proteger los derechos humanos de sus ciudadanos”.

El objetivo es claro:  invadir Libia, deponer a Gaddafi, tomar control de su codiciada riqueza  de petróleo liviano, tal y como ocurrió con Irak y como trató  infructuosamente de hacerse en Venezuela en el 2002. Tal y como trata de  hacerse con Irán y como años atrás se concretó en Arabia Saudita,  Kuwait, Katar y los Emiratos Árabes. Las siguiente presas serán Algeria,  Venezuela e Irán.

El Gadafi que hoy  todos condenan fue recibido y halagado como un gran estadista en la  Cumbre del G8 en Italia, invitado por el presidente Barack Obama. Hace  sólo unos meses se abrazaba con Sarkozy en Paris, con Tony Blair en  Trípoli y con Berlusconi en Roma.

Que ocurrió para justificar este cambio tan radical contra Gaddafi?

El despertar del pueblo árabe

Protestas populares  por el aumento en el precio de los alimentos y la pobreza generalizada  derrocó en pocos días a Ben Alí en Túnez. Irónicamente, sólo semanas  antes Túnez había sido señalado por Hillary Clinton como el modelo de  democracia a seguir en el medio oriente.

Las protestas se  extendieron de inmediato a Egipto, concluyendo con la remoción del poder  de Hosni Mubarak, un dictador apoyado por Estados Unidos durante 30  años. Mubarak recibía de Estados Unidos mas de 3.000 millones de dólares  anuales, la cooperación mas alta proveniente de Washington después de  la otorgada a su principal aliado de la región: Israel.

Las protestas en  Egipto fueron también inicialmente motivadas por aumentos en los precios  de los alimentos, los insoportables niveles de pobreza en que se  encuentra la mayor parte de la población, la creciente indignación ante  la descarada confabulación de Mubarak con el gobierno de Israel en su  criminal opresión al pueblo palestino, la falta de libertades  fundamentales y los grotescos niveles de corrupción. La fortuna de Hosni  Mubarak se estima en 70.000 millones de dólares. Mientras el 40% de los  80 millones de egipcios viven con menos de dos dólares al día. Egipto  mantuvo una suspensión de los derechos fundamentales de la población  durante todo el período de dominación de Mubarak, a través de una Ley de  Emergencia, con el consentimiento y apoyo de Estados Unidos.

Las analogías que se  han querido trazar entre las revueltas en Libia con las de Túnez y  Egipto lucen ficticias. En Libia se canalizaron enormes inversiones  petroleras para financiar servicios públicos y gratuitos de salud,   educación y vivienda. Se ha promovido el desarrollo económico y se han  reducido sustancialmente las desigualdades sociales. El índice de  desarrollo humano es el más alto de África. Los índices de desempleo son  tan bajos que se ha tenido que facilitar la entrada de cientos de miles  de trabajadores de otros países: Egipto, Túnez, China, Pakistán.

El consejo ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) elogió recientemente a Libia por su “ambicioso programa de reformas” y su “fuerte rendimiento macroeconómico y el progreso en el realce del papel del sector privado”.

En marzo del 2007 Anthony Gidden, asesor de Tony Blair, publicó un artículo en The Guardian en el que afirma:  “Gadafi  parece ser genuinamente popular. Libia será en dos o tres décadas una  Noruega del norte de África: próspera, igualitaria y progresista

A diferencia de Túnez o  Egipto, Libia es una potencia petrolera. Produce 2 millones de barriles  de petróleo liviano cada día, y su producción puede al menos  duplicarse. Sin embargo, una buena parte de sus 6 millones de habitantes  aún se mantiene en la pobreza.

Gaddafi ha sido  criticado por haber fomentado el regreso de empresas petroleras europeas  y su creciente participación el la actividad petrolera y gasífera. La  mayoría de estas empresas operan desde Benghazi desde donde,  coincidentalmente, se formó el núcleo de la rebelión contra Gaddafi.

También se le ha  criticado por haber contribuido, desde su posición como secretario  general de la Unión Africana, a la consolidación de un acuerdo con  la  NATO para ampliar sus operaciones militares en Sudan, Somalia y Etiopía.  Ha venido promoviendo también una tratado de cooperación militar entre  la NATO y la Unión Africana. Organizaciones radicales dentro y fuera de  Libia consideran tales actitudes como traición.

A la cabeza de la  insurrección se encuentra el Frente Nacional para la Salvación de Libia  (NFSL por sus siglas en inglés). Sus líderes son sistemáticamente  presentados como los chicos buenos, en una lucha desigual contra la  opresión y la barbarie. Poco se destaca que el FNSL se creo en 1981 en  Sudan, bajo la protección del coronel Nimieri, un déspota apoyado por  Estados Unidos que gobernó ese desdichado país desde el 77 hasta el 85.

El FNSL realizó su  “congreso nacional” en los Estados Unidos en el 2007, con el patrocinio  de la NED. A la cabeza se encuentra Ibrahim Sahad, quien realiza  acusaciones de toda índole contra el “régimen despótico” de Gaddafi,  casi siempre sin ofrecer prueba alguna al respecto y sin que los  entrevistadores o editores se las soliciten. Sin embargo, sus  planteamientos son transmitidos por las principales agencias de  información de todo el mundo como si fueses ciertas. La misma realidad  virtual se divulga como cierta por internet, facebook, twitter.

Significativo es  también que los rebeldes de Benghazi hayan bajado la bandera verde de la  república de Libia y elevado en su lugar la bandera de tres franjas,  roja, blanca y negra, que se usaba durante la monarquía  del rey Idris,  impuesta por Europa en 1951.  También ha surgido de la nada un presunto  Príncipe Senussi, “heredero de la corona”.

Fue el rey Idris quien  entregó la soberanía nacional al permitir el uso irrestricto de aire,  mar y tierra por parte de fuerzas militares británicas. Fue el rey Idris  quien firmó el acuerdo para que los Estados Unidos establecieran y  administraran sin restricciones la base militar mas grande de África:  Wheelus Air Base, cerca de Trípoli. El rey Idris firmó además un  convenio para exonerar a Italia de todos los daños que pudieran  imputársele como consecuencia de los 30 años de brutal colonización,  permitiendo además que la comunidad italiana en Trípoli conservara todos  sus propiedades, negocios y privilegios. 

Pero la legitimidad o  veracidad de los señalamientos contra Gaddafi parecen irrelevantes.  Sirven sólo de fachada para alcanzar el objetivo estratégico deseado: la  ocupación de Libia.

Paul Wolfowitz, quien  sirviera como subsecretario de defensa de los Estados Unidos y como  presidente del Banco Mundial, arquitecto de la guerra de Irak, publicó  una carta abierta al presidente Obama incitándole a convertir a Libia en  “un protectorado bajo el control de la OTAN“, en nombre de la “comunidad internacional“.

En su editorial del 23  de Febrero 2011, el Wall Street Journal, vocero de los intereses  comerciales de los Estados Unidos, sentencia: “Estados Unidos y Europa deben ayudar a los libios a derrocar el régimen de Gaddafi

Simultáneamente, se  moviliza al mar territorial libio una flota de guerra norteamericana,  mientras en Naciones Unidas y en la Corte Penal Internacional se  concreta apresuradamente el marco legal que justifique la invasión.

El Consejo de  Seguridad de las Naciones Unidas aprobó el 25 de Febrero del 2011 una  resolución  para que se investiguen los posibles crímenes contra la  humanidad que pudiera haber cometido Muammar Gaddafi. Pero, sin que tal  investigación haya comenzado, ya Gaddafi ha sido condenado.

Es no sólo irónico,  sino hipócrita, que haya sido justamente los Estados Unidos quienes  hayan promovido la moción para que la ONU eleve el caso de Libia ante la  Corte Penal Internacional. Estados Unidos nunca ha reconocido la  jurisdicción de dicha corte. Se opuso además a su creación en 1998,  junto con Israel, Irak y Libia. Tales contradicciones parecen pasar  desapercibidas para los medios transnacionales de la información.

El comandante supremo  de la OTAN, Wesley Clark, ya había señalado hace un par de años que  Libia estaba en la lista oficial del pentágono para ser dominada después  de Irak, junto con Siria y la joya de la corona: Irán.

Si se concreta lo que Fidel Castro ha llamado “La guerra inevitable de la OTAN“,  se desatará un movimiento de resistencia por todo el mundo Árabe que  haga realidad las últimas palabras del León del Desierto: “Sobreviviré a mis verdugos.

BANDERA DE LIBIA

julio 22, 2011 Posted by | BIOGRAFÍA, GUERRA, HISTORIA, POLÍTICA | , , , , , , , | Deja un comentario

7 de Marzo 2011:Washington apronta una operación militar regional con eje en Libia.VENEZUELA

AUTOR:Luis Bilbao (Director Revista AMÉRICA XXI)http://www.americaxxi.com.ve/ 

Via: http://www.psuv.org.ve/

Portada Revista América XXI

La insurrección del mundo árabe pone fin al actual orden imperialista. Cambia definitivamente el mundo a partir de esta reacción en cadena. Con la caída de las satrapías de Túnez y Egipto, el mapa geopolítico de la amplia faja que abarca el norte de África, Cercano y Medio Oriente, se trastoca de manera irreversible. El perdedor neto de cualquier ordenamiento futuro es Estados Unidos. Y también Israel, su enclave regional.
Es para defenderse de esa fuerza arrolladora –y no en un movimiento de ofensiva programada– que Washington mide el terreno y presiona a la Unión Europea para intervenir militarmente en la región, presumiblemente a partir de Libia, donde ha logrado fracturar la cúpula gobernante, tomar el control de puntos claves para dominar la producción petrolífera y desatar una guerra civil.
 
 
La conmoción en curso dirá, en medio de una batalla estratégica de ideas, propuestas y capacidades concretas, si serán o no las grandes mayorías quienes se verán beneficiadas por el saldo de este combate singular.
 
Es la crisis estructural del sistema capitalista, expresada en este caso por el alza descontrolada de los alimentos, factor detonante de una compleja carga explosiva acumulada en aquella región. Por lo mismo, un resultado positivo tiene como condición necesaria la abolición del sistema generador de estos cataclismos. No hay ni puede haber ninguna fase intermedia en el maremoto de fuerzas sociales e internacionales desatadas. La magnitud de esa exigencia primera traza con nitidez la dificultad de la coyuntura.
 
Que el bosque no oculte el árbol: mientras el esquema de poder imperial estalla en aquella región, en las entrañas del monstruo 80 mil trabajadores marcharon en Madison, Wisconsin, a la sede del Congreso y otros 10 mil manifestaron en las calles de Columbus, Ohio, también en el Medio Oeste estadounidense, en defensa de reivindicaciones básicas del movimiento obrero y sus organizaciones sindicales. Salieron a la calle incluso aparatos que durante décadas formaron parte indisoluble y militante del entramado imperial. Son expresiones liliputienses en relación con el cuadro social de Estados Unidos, o comparadas con la rebeldía detonada en el mundo árabe. Pero no hay bosque sin árboles. Y cabe señalarlo: el tronco más grueso en la maraña capitalista ha comenzado a sentir los hachazos de quienes ya no pueden vivir de sus frutos.
 
Imprevisión.
Estados Unidos fue tomado por sorpresa cuando el temblor tunecino derrumbó su pieza mayor en Egipto. No es flaqueza de los estrategas del Departamento de Estado. Es una tara del sistema en su estado actual. Como cuando a fines de los 1980 la cúpula soviética se mostró ciega ante lo que estallaba en su rostro. Hoy, esta minusvalía del imperialismo habla con elocuencia acerca de los cambios cualitativos ocurridos en las relaciones de fuerzas internacionales en las últimas décadas.
Vale una comparación: entre 1986 y 1989 Washington tuvo la lúcida agilidad necesaria para reemplazar, planificadamente y en sordina, las dictaduras en Haití y Filipinas. Desde la Casa Blanca se dieron las órdenes que en pocos movimientos terminaron con la huída de Baby Doc de Puerto Príncipe y Ferdinando Marcos de Manila. Basta ver la evolución política posterior del archipiélago surasiático y la mediaisla caribeña para comprender el significado de una exitosa maniobra preventiva: Estados Unidos mantuvo sin sobresaltos el control de esos países en las décadas posteriores.
 
 
Operaciones estratégicas capaces de dar tales dividendos exigen, naturalmente, contar con la iniciativa y la capacidad ofensiva. Eso es lo que estuvo ausente en la Casa Blanca en relación con Túnez y Egipto. Y seguirá estándolo: el imperialismo ha perdido la iniciativa estratégica y sólo puede dar golpes –eventualmente letales– en los límites de una coyuntura.
 
 
Zine el Abidine Ben Alí y Hosni Mubarak eran aliados firmes y probados, a los cuales, después de interminables días de vacilación, la Casa Blanca libró a su suerte mientras la prensa, en asombroso ejercicio de autofagia, descubría cuán tiránicos eran esos dictadores.
 
El régimen egipcio era la pieza clave en el damero estadounidense de la región, llave estratégica para un inmenso reservorio de petróleo. También -y esto no es secundario- para la proyección del poder imperial hacia Eurasia y Asia. Ésa es la primera comprobación a poco de observar los portentosos acontecimientos en curso en el norte de África: para sobrevivir, el imperio se devora a sí mismo.
 
 
La segunda es menos transparente. Atrapado en una situación de obligado repliegue, Washington apela a una improvisada operación ofensiva.
 
 
En los papeles de guerra, ha ensayado hasta el hartazgo esos movimientos. Y ha sumado piezas en función de ese plan durante mucho tiempo. Aún así, el estallido tomó a Washington por sorpresa y, si de un lado lo conminó a desprenderse de aliados estratégicos, por otro puso como única opción lanzar un contraataque allí donde tenía espacio para hacerlo. A la defensiva, el Departamento de Estado lanzó un zarpazo de proyecciones hoy imprevisibles.
Petróleo y guerra

Argelia y, sobre todo, Libia, son los blancos del intento de contraataque estadounidense, bajo una forzada apariencia de continuidad e identidad con las insurrecciones en el resto del área.
 
 
No es que en ambos países falten razones para rebeliones juveniles y populares. De hecho estos regímenes, fundados en durísimas luchas antimperialistas exitosas, gradualmente fueron integrándose a la lógica mundial del capital. Son revoluciones truncas. Por lo mismo, marcadas por un sistemático alejamiento entre autoridades y masas. El callejón sin salida de una revolución interrumpida da lugar a la gestación de fuerzas políticas disímiles, mediante las cuales se canalizan las necesidades insatisfechas de las mayorías. Buena parte de éstas provienen de capas medias beneficiadas por la deriva procapitalista de estos regímenes, que sin embargo no pueden alcanzar todo lo que reclaman -en materia de consumo, de organización de la sociedad civil y de ideología alineada con el Occidente altamente desarrollado- y son caldo de cultivo para operaciones de infiltración, fragmentación y eventualmente invasión. Y están desde luego las masas trabajadoras y oprimidas, frustradas en sus esperanzas y, a menudo, manipuladas.
 
 
Es significativo el caso del general Abdel Fattah Younes al Abidi, uno de los coroneles sublevados junto a Muammar Gaddafi en 1969, hombre de confianza para operaciones internacionales del gobierno y ministro del Interior libio hasta el 24 de febrero. Horas después de su defección, le pidió a Gaddafi que renuncie “ya que está colapsando y durará sólo unos días más”. En declaraciones a la BBC dijo: “Mi querido hermano, cuando Benghazi cayó has debido darte cuenta de que el fin había llegado. Espero que te vayas a Venezuela u otro lugar”.
 
 
Cualquiera haya sido su pasado, es evidente que Al Abidi no sólo desiste de continuar junto a su jefe, sino que se alinea descaradamente con la propaganda imperialista, con el gobierno de Estados Unidos.
 
 
Mientras tanto, el Departamento de Estado apronta una operación militar sobre Libia. Hay reticencia de la Unión Europea para dar ese paso y dudas sobre el carácter del involucramiento en la propia Casa Blanca. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en todo caso, se muestra dócil a la escalada de Washington.

Al mediodía del domingo 27 de febrero, cuando se redactan estas líneas según informaciones no comprobables, se ha conformado una junta provisional de gobierno en el arco que va de Ajdabiya hasta Tobruk, pasando por Benghazi y Shahaat, al este de la capital y sobre la frontera con Egipto.
 
 
La labor de contrainformación, presente en cualquier guerra, está superando todos los antecedentes, con la colaboración automática de los grandes medios gráficos y electrónicos. Al Jazeera, la cadena árabe, asumió una violenta oposición a Gaddafi. Un corresponsal de Telesur y su camarógrafo mostraron ayer sábado 26 que Trípoli estaba en calma. La valiente labor de estos enviados contrarrestó la operación de los grandes medios, según los cuales se combatía desde los dos días previos en las calles de la capital. Ahora, esos mismos medios machacan la noticia de que las fuerzas opositoras están cerrando el cerco en torno a Trípoli. Numerosos embajadores libios en diferentes países desconocen la autoridad del gobierno central y se pronuncian a favor de la caída del régimen.
 
 
Esas fuentes de información aluden a acciones de represión masiva por parte de Gaddafi. En ausencia de fuentes propias y confiables, sólo cabe una afirmación de principios: una revolución en marcha tiene el derecho y la obligación de armar al pueblo contra la reacción. Un proceso estancado y en retrogradación, no. Sólo una hipotética recomposición tras una estrategia socialista y drásticos cambios políticos podría plantarse contra la reacción interna y el bloque imperialista que aprieta el nudo sobre ese país, tan caro a América Latina en el último medio siglo. “Revolución socialista o caricatura de revolución”, sostenía el Che.

En cualquier caso, Washington está allí con el propósito de recuperar terreno firme bajo sus pies en la región, garantizar que la producción de petróleo (Libia es el tercer abastecedor de Europa y uno de los grandes productores mundiales de crudo de máxima calidad) no se interrumpa y proyectar desde allí su contraofensiva sobre un área en la cual la efervescencia, lejos de concluir, aumenta a estas horas.
Lección estratégica: “Roma no paga a traidores”

 
En este primen las filas de pueblos y naciones en busca de redención.er tramo del siglo XXI Mubarak será el símbolo del destino de individuos –o regímenes– que creen garantizar su futuro alineándose con los poderosos, después de haber formado
La sublevación del Norte de África y el Cercano Oriente continuará extendiéndose y profundizándose. No hay chance de que Estados Unidos pueda establecer en Libia un gobierno estable a su favor. Hasta el momento no se percibe en ningún caso una fuerza de carácter revolucionario explícitamente anticapitalista que dé orientación y organización a las masas levantadas contra sus gobernantes. No se trata de desconocer la tradición de lucha y los innumerables ejemplos de organizaciones y cuadros que, desde diferentes experiencias y definiciones ideológicas, convergen en un momento excepcional. Se trata de subrayar que esa rebeldía de millones paga tributo también al momento histórico, de incipiente recomposición, de las fuerzas antisistema a escala mundial. Esperar que, sin tal condición, esta explosión espontánea llegue a la instauración de gobiernos de transición al socialismo, es tan erróneo como desdeñar el fenómeno o reducir su trascendencia negándole carácter revolucionario.
 
 
Calibrar adecuadamente ese proceso es tanto más importante cuando la eclosión inesperada reconfirma que en aquella región, y más allá, pero también y acaso sobre todo en América Latina, buscar un nicho seguro en el edificio tambaleante del capitalismo mundial es, más que un error, un suicidio.
 
 
Se verá en la próxima reunión del G-20 hasta qué punto Estados Unidos y Europa ajustarán el mecanismo al punto de obligar a los países subordinados, a los cuales se convocó para conjurar el colapso económico según las pautas imperiales, a asumir decisiones políticas que, muy probablemente, ocurran en el marco de una nueva intervención militar estadounidense, ahora desde el continente africano. Sea cual sea el curso inmediato de la rebelión general y la eventual guerra civil en Libia, esto acentuará la crisis económica en los centros imperiales.
 
 
Un punto de convergencia internacional

Vale repetirlo: Estados Unidos lanza un zarpazo ofensivo desde una situación histórica de repliegue estratégico, mientras su economía se deteriora día a día y comienzan a brotar semillas de rebeldía en su propio territorio.
 
 
Egipto es también en ese sentido un símbolo: Washington pasa de tener allí un bastión estratégico inconmovible, a un gobierno provisional armado a los manotazos y jaqueado por la hasta ahora ininterrumpida movilización de masas.
 
 
Imposible prever el desarrollo inmediato en cada uno de esta suma creciente de países arrastrados por el torbellino revolucionario. En cambio, no hay necesidad de oráculos para tener la certeza de la necesidad de contribuir a la unión de ese conjunto rebelde, y no sólo en aquella región.
  
Una y otra vez se ha insistido desde estas páginas en el papel que América Latina juega en el mapa político mundial en turbulenta recomposición. Aquí, donde el Alba corporiza a gran escala la necesidad de unión de países enfilados contra el imperialismo y el capitalismo, es posible, necesario, inaplazable, dar el demorado paso hacia el encuentro de partidos, organizaciones y representaciones sociales genuinas en una nueva instancia internacional, a la cual contribuirán ahora con renovado vigor los revolucionarios árabes. Después de todo, el viejo Hegel tenía razón: el árbol no debe ocultar el bosque.
Portada Revista América XXI
El autor es director de la revista América XXI http://www.americaxxi.com.ve/
 
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marzo 8, 2011 Posted by | POLÍTICA | , , , , , , , , , , , | 2 comentarios