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A la mujer, jóvenes y niñ@s, con pretendida óptica revolucionaria.

Carta del Libertador a su prima Fanny Du Villars. Un recuerdo de amor en estado agónico

Carta del Libertador a su prima Fanny Du Villars

Un recuerdo de amor en estado agónico

José M. Ameliach N.

fuente: Aporrea/Encontrarte

 Si, así es, y éste acontece el lunes 6 de diciembre de 1830, faltaban 11 días para el infausto viernes 17. Es nuestro gran guerrero, estadista, estratega, visionario y soñador Simón Bolívar, el hombre más extraordinario que ha tenido este Continente Americano. Tómese unos minutos y póngase a pensar si no es algo extraordinario que nuestro Libertador siendo un joven adinerado, ameno, talentoso, enamoradizo y bien correspondido, sacrificara todos los placeres que puede obtener con cierta facilidad para dedicar su tiempo, mente y alma en beneficio de la libertad de su patria; y así lo hace. Es tal el ímpetu que pone en esta empresa, que desde que hace este juramento hasta su muerte, se entrega, en cuerpo y alma, a cumplir su proyecto emancipador hasta conseguirlo y después de ello decida salir de la patria para libertar otras naciones. Pero Bolívar además de los atributos señalados anteriormente tiene en alta estima el valor de los sentimientos, aquellos que hace aflorar su alma de poeta al redactar algunos escritos. Este original y no cultivado poeta en uno de estos escritos, cuando el estado de su salud es grave, hace volar su mente y espíritu 25 años atrás y le dedica este poema en prosa al amor profesado a una mujer: Fanny Du Villars

Querida prima

¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro? Ha llegado la última hora; tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805.

Por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz. Y tú estás conmigo, porque todos me abandonan; tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia. ¡Adiós Fanny! Esta carta, llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó las tuyas en las horas del amor, de la esperanza, de la fe. Esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y Carabobo; esta es la letra escrita del decreto de Trujillo y del mensaje del Congreso de Angostura.

¿No la reconoces, verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado la realidad de este supremo instante. Si yo hubiera muerto en un campo de batalla frente al enemigo, te dejaría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado en los campos de un sol de primavera. Muero miserable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores, víctima de un inmenso dolor; presa de infinitas amarguras. Te dejo el recuerdo de mis tristezas y lágrimas que no llegarán a verter mis ojos.

¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda? Estuviste en mi alma en el peligro, conmigo presidiste los consejos del gobierno, tuyos son mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyos son también mi último pensamiento y mi pena final. En las noches galantes del Magdalena vi desfilar mil veces la góndola de Byron por las calles de Venecia, en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú; porque tú flotabas en mi alma mostrada por las níveas castidades.

A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las últimas congojas apareces ante mis ojos de moribundo con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas y en tu voz escucho las dianas de Junín.

 Adiós, Fanny, todo ha terminado. Juventud, ilusiones, risas y alegrías se hunden en la nada, sólo quedas tú como ilusión serafina señoreando el infinito, dominando la eternidad.

Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderse en el vacío.


Santa Marta, 6 de diciembre de 1830
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Carta del Libertador a su prima Fanny Du Villars Un recuerdo de amor en estado agónico José M. Ameliach N. Versión en PDF Si, así es, y éste acontece el lunes 6 de diciembre de 1830, faltaban 11 días para el infausto viernes 17. Es nuestro gran guerrero, estadista, estratega, visionario y soñador Simón Bolívar, el hombre más extraordinario que ha tenido este Continente Americano. Tómese unos minutos y póngase a pensar si no es algo extraordinario que nuestro Libertador siendo un joven adinerado, ameno, talentoso, enamoradizo y bien correspondido, sacrificara todos los placeres que puede obtener con cierta facilidad para dedicar su tiempo, mente y alma en beneficio de la libertad de su patria; y así lo hace. Es tal el ímpetu que pone en esta empresa, que desde que hace este juramento hasta su muerte, se entrega, en cuerpo y alma, a cumplir su proyecto emancipador hasta conseguirlo y después de ello decida salir de la patria para libertar otras naciones. Pero Bolívar además de los atributos señalados anteriormente tiene en alta estima el valor de los sentimientos, aquellos que hace aflorar su alma de poeta al redactar algunos escritos. Este original y no cultivado poeta en uno de estos escritos, cuando el estado de su salud es grave, hace volar su mente y espíritu 25 años atrás y le dedica este poema en prosa al amor profesado a una mujer: Fanny Du Villars Querida prima ¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro? Ha llegado la última hora; tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805. Por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz. Y tú estás conmigo, porque todos me abandonan; tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia. ¡Adiós Fanny! Esta carta, llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó las tuyas en las horas del amor, de la esperanza, de la fe. Esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y Carabobo; esta es la letra escrita del decreto de Trujillo y del mensaje del Congreso de Angostura. ¿No la reconoces, verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado la realidad de este supremo instante. Si yo hubiera muerto en un campo de batalla frente al enemigo, te dejaría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado en los campos de un sol de primavera. Muero miserable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores, víctima de un inmenso dolor; presa de infinitas amarguras. Te dejo el recuerdo de mis tristezas y lágrimas que no llegarán a verter mis ojos. ¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda? Estuviste en mi alma en el peligro, conmigo presidiste los consejos del gobierno, tuyos son mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyos son también mi último pensamiento y mi pena final. En las noches galantes del Magdalena vi desfilar mil veces la góndola de Byron por las calles de Venecia, en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú; porque tú flotabas en mi alma mostrada por las níveas castidades. A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las últimas congojas apareces ante mis ojos de moribundo con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas y en tu voz escucho las dianas de Junín. Adiós, Fanny, todo ha terminado. Juventud, ilusiones, risas y alegrías se hunden en la nada, sólo quedas tú como ilusión serafina señoreando el infinito, dominando la eternidad. Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderse en el vacío. Santa Marta, 6 de diciembre de 1830.

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julio 1, 2011 Posted by | HISTORIA, LITERATURA, POESÍA | , , , | Deja un comentario

22 de enero de 1803: Muere María Teresa Josefa Antonia Joaquina Rodriguez del Toro y Alayza, la joven esposa de Simón Bolívar, víctima de la fiebre amarilla. Venezuela

Muerte de María Teresa
Oleo:Tito Salas, 1929
(Casa Natal de El Libertador)

via: Diario VEA

El 22 de enero de 1803 muere en Caracas, víctima de la fiebre amarilla, María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, joven esposa de Bolívar. (Nacimiento 15 de octubre de 1781, Madrid, España.
Fallecimiento 22 de enero de 1803, 21 años. Caracas, Venezuela.
Hija de aristócratas españoles.
Padres: Benita de Alayza y Medrano/Bernardo Rodríguez del Toro y Ascanio        http://www.sologenealogia.com/).

Matrimonio de Simón y María Teresa
Autor: Tito Salas, 1921
(Casa Natal de El Libertador)

El matrimonio se había efectuado el 26 de mayo de 1802 en Madrid (España) y los esposos viajaron a Venezuela donde, a los pocos meses, la fiebre amarilla causó la muerte de María.

En agosto de 1800 María Teresa había aceptado el noviazgo de Simón Bolívar. Su padre, al enterarse, les propone que esperen un tiempo hasta que él cumpliese su mayoría de edad. Por motivo de que la herencia de Bolívar dependía de que éste tuviese un matrimonio bien asentado, Bolívar hablaba y reportaba con grandes impresiones sobre su nueva novia, describiéndola como «una joya sin defectos, valiosa sin cálculo».Don Bernardo, el viudo padre de María Teresa, llevó a su hija a Bilboa y al poco tiempo, en marzo de 1801, decepcionado de Madrid, su prometido se mudó a esa ciudad.
De regreso a España, el 5 abril de 1802, Bolívar le propone formalmente matrimonio a María Teresa. El padre de María Teresa, aplacado por el compromiso formal y, probablemente también por razón de los bienes del novio valorados en unos 200.000 duros, dió su permiso y bendición a la pareja. Simón le propone a María Teresa que se casen ese mismo año en el Puerto de La Coruña. En Santander, España, el 30 de marzo de 1802, Bolívar otorga poder a Pedro Rodríguez del Toro para suscribir en su nombre las capitulaciones matrimoniales.

En consideración de su distinguido nacimiento, su virginidad, sus cualidades personales y su disposición de dejar España para acompañar a Bolívar, los abogados del futuro Libertador le pusieron un valor a su prometida de 100.000 reales, aproximadamente una décima parte de la fortuna de Bolívar.    http://www.esacademic.com/

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Simón, su vida sentimental.
Trabajo de : Sergio D’Ambrosio

Tomado de: http://www.monografias.com/

El sueño comienza a realizarse el 19 de Enero de 1.794, va a cumplir 17 años. La despedida en la Guaira es muy emotiva. Su tío Esteban había sido nombrado algo así como Viceministro de Hacienda de España. También es amigo del Marqués de Ustáriz. La casa del Marqués de Ustáriz es centro de reuniones culturales. Posee una enorme biblioteca que a él entusiasma. Le apasiona leer libros filosóficos. El propio Simón Rodríguez no echaría en falta ninguno de los volúmenes que él admiraba.

En la casa de Ustariz no sólo aprende a pensar y a expresarse con profundidad, también conoce a una noble dama que le roba el corazón, se llamaba María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza. Tiene un enamoramiento tan repentino como ardiente. Simón quería casarse con ella enseguida. El papá de ella se opone por razones de edad ¡los dos son demasiados jóvenes! Tuvo que esperar dos años. Se veían con frecuencia porque Bolívar había encontrado en ella la ternura y el cariño que le faltaron desde la muerte de su Mamá. María Teresa Rodríguez del Toro, además era muy bella, muy dulce y muy sentimental.
 
Por fin la boda se celebra en Madrid el 24 de Mayo de 1.802. Ella tiene 20 años, él tiene 19, los novios  exhibieron como testigo del acto y primer declarante a un empingorotado “Sr. Don Luis Quijada Quiñones y Moreno, Marqués del inicio Conde de Revolledo. Bolívar no tuvo a su lado ningún pariente inmediato, pues de sus dos tios Esteban y Pedro ninguno estuvo presente en su matrimonio. Llenos de amor y ilusiones la juvenil pareja regresa a Caracas. Los parientes les reciben con fiestas. La luminosidad y colorido del trópico deslumbran a María Teresa. Visitan también la hacienda San Mateo. Allí precisamente contrae una enfermedad tropical. El 22 de Enero casi a los ocho meses de casada, muere entre el asombro y consternación de la familia. La prematura viudez fue un suceso decisivo en la vida de Bolívar, el mismo lo comprendió así:

“Miren ustedes lo que son las cosas; si no hubiera enviudado quizá mi vida hubiera sido otra; no sería el General Bolívar, ni el Libertador, aunque convengo en que mi genio no era para ser Alcalde de San Mateo.”

Nuevamente el corazón de Simón Bolívar sufre un golpe de amarga soledad. Más tarde diría a un amigo:

Manuelita Sáenz

“Quise mucho a mí esposa y su muerte me hizo jurar que no volvería a casarme”. Y lo cumplió. La necesidad de olvidar el luto, el abatimiento y la soledad afectiva le impusieron  planificar otro viaje a Europa.

Nunca más buscó otro amor como este, que le exigió constancia y pureza. Bolívar tuvo otras mujeres a las cuales amó de paso, sin concederles  importancia, aún con la fascinadora Manuelita Sáenz, que muerto él debió darle conmovedora prueba de abnegación y amor.  Fue injusto en ese sentido, tuvo con ella la lealtad acaso más egoísta que génerosa, aunque parezca lo contrario de ponerte que se separaran, por que “nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y del honor” y solía llamar la amable loca, aunque ella merecía mucho más. En la vida de Bolívar se conoce otra mujer que la llamaba “Mi gloriosa” cuyo nombre verdadero era Joaquina Garioca y que, firmaba “Gloriosa Simona Joaquina Trinidad y Bolívar”.

Fanny du Villars

En París derrochó como en otras capitales Europeas y también en París creció sin amor por Fanny du Villars, nacida Trioban de Aristigueta, lejana prima suya a quien amo con romántica pasión.

Todo esto nos ha puesto a analizar su vida amorosa posterior, y nos lleva  a admitir que fue siempre el viudo de Teresa, sin saberlo él mismo.

Trabajo de : Sergio D’Ambrosio
Tomado de: http://www.monografias.com/

enero 22, 2011 Posted by | BIOGRAFÍA, HISTORIA | , , , , , , | 2 comentarios