Taimaboffil's Blog

A la mujer, jóvenes y niñ@s, con pretendida óptica revolucionaria.

Toma del Castillo de Puerto Cabello, 1823.

 

 El 8 de noviembre de 1823, se produce la Toma del Castillo de Puerto Cabello.

Último reducto de una facción realista, liderada por el General Español Sebastián de la Calzada, que no aceptaba las condiciones de la capitulación firmada por los españoles después de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, finalmente fueron sometidos por 500 hombres al mando del General José Antonio Páez, quien los guió en medio de la noche, abriéndose paso por los manglares que los españoles mantenían sin defensas por creer que era imposible ser atacados allí.

Fueron capturados 248 hombres de distintos rangos y funciones, y causaron 59 heridos y 156 bajas a los realistas, además de obtener el arsenal de cañones, fusiles y quintales de pólvora.

vía ENcontrARTE – Efemérides – 08 de noviembre : Venezuela: Toma del Castillo de Puerto Cabello.

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noviembre 8, 2010 Posted by | HISTORIA | , , , , | Deja un comentario

Sor Juana Inés de la Cruz: Feminismo Barroco

Luciana Mc Namara / ENcontrARTE

 

Según sus biógrafos, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (de Asuaje, para algunos), conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, con tres años de diferencia nació dos veces. La primera bajo la constelación de Escorpio en el año de 1648 y la segunda con la de sagitario en 1651, ambas, eso sí es seguro, en la hacienda San Miguel de Nepantla, en un pueblito del valle de México cercano a Amecameca que pertenecía para ese entonces a su abuelo materno don Pedro Ramírez.

Juana Inés fue la hija de una criolla adinerada, Isabel Ramírez de Santillana y de un español escurridizo, vizcaíno Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca, militar español oriundo de Vergara, en la provincia vasca de Guipúzcoa cuya conducta, dejó a Juana bajo la sombra de hija ilegítima, cosa grave en aquellos días de la Nueva España mexicana. No obstante la pequeña demostró muy rápido sus habilidades. Aprendió a leer con su hermana mayor a los tres años a escondidas de doña Isabel, su madre. “Me encendí yo de manera en el deseo de saber leer, que engañando, a mi parecer, a la maestra, le dije que mi madre ordenaba me diese lección.” Entre lecciones clandestinas y juegos de niños, Juana descubrió el náhuatl, el castellano y luego un poco más tarde el latín de manera autodidacta que aprendió en veinte lecciones. Su facilidad con los idiomas le permitió comunicarse con sus amigos indígenas, criollos y además con media Europa, como dice Octavio Paz en el libro: Las Trampas de la fe.

Durante su infancia Juana no sólo oyó las historias de su tierra, entre chilaquiles y nopales en la cocina de humo, sino que descubrió la biblioteca del abuelo, que para ser biblioteca de hacienda en aquellas remotas épocas estaba muy bien surtida. Poco a poco se hizo aficionada a los libros, sobre todo a los de teología y los textos griegos y romanos clásicos. Sin perturbar a nadie, a los 8 años ya había leído a Virgilio, Ovidio, Séneca, Lucrecio y su De Rerum Natura bajo la tutela de su abuelo quien solía acompañarla durante sus largas horas de lectura. A esa misma edad escribió una loa eucarística para la fiesta de Corpus que dejó boquiabiertos a muchos personajes importantes del momento y deseaba con fervor ir a la universidad, la institución educativa escolástica de mayor importancia para la época, dirigida, por supuesto, por estrictas doctrinas religiosas.

A la muerte de su abuelo, en 1656, su madre la envió a la capital a vivir a la casa de su hermana, María Ramírez, esposa del acaudalado Juan de Mata. Según ella misma cuenta, estudiaba constantemente de manera apasionada y era tal su obsesión que llegó a recurrir a métodos auto-coercitivos como cortarse el cabello poniendo como plazo el tiempo que llevara volver a crecerle para aprender algo que deseaba intensamente. En Ciudad de México aprende latín en veinte lecciones con el bachiller Martín de Olivas, bastándole solamente esas pocas para dominar la lengua, permitiéndole continuar explorando lecturas de contenido filosófico y teológico pasando a ser considerada como una niña prodigio a los que todos deseaban conocer. Es así que comienza a frecuentar a la alta sociedad la cual se interesa no sólo en su impresionante inteligencia sino también en su sonada belleza.

Cuando cumple los dieciséis, en 1664, sus tíos la introducen en la corte virreinal novo hispana. Hay muy pocos datos biográficos de este tiempo mas, se conoce que se ganó rápidamente el cariño de la virreina Leonor María Carreto, marquesa de Mancera y que fue admitida como parte de la corte al servicio de esta. Allí permanece hasta los veinte años desarrollando un increíble y multifacético talento tanto para las matemáticas, como para la filosofía, la música, la observación y experimentación científica, las letras y la teología. Aunque incursionar en estos temas era sólo terreno de hombres, a Juana se le otorgó cierta concesión por su especial virtud. Los virreyes protegieron a Juana Inés de manera decidida en todos sus caprichos. Sobre todo la marquesa de Mancera quien había desarrollado un amor especial por la joven. Se cuenta que el virrey Antonio Sebastián de Toledo, asombrado por la sapiencia demostrada por Juana, convocó a cuarenta letrados de varias facultades para que fuera sometida a una prueba extraordinaria de conocimiento y ésta, dejando sin argumentos a los académicos, respondió cada una de las preguntas, razonamientos y réplicas superando el examen en condiciones de excelencia.


Durante el siglo XVII a la mujer no se le estaba permitido adentrarse en el conocimiento, sólo debía cumplir con el rol de esposa y madre, creyente y sumisa. Juana, alcanzó un nivel que a muchos molestaba, sumado el rechazo que tenía a la idea de matrimonio que dentro de la vida cortesana jugueteaba con ella sin descanso. Llegaba a hora de la decisión. Su edad y los compromisos de la época la presionaban. Harta de la vida cortesana y sin muchas opciones por delante, decide entrar a un convento porque, “para la total negación que tengo al matrimonio es lo más decente que puedo elegir en materia de la seguridad de mi salvación”. Juana Inés el convento al matrimonio para seguir gozando de sus aficiones intelectuales: «Vivir sola… no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros», escribió.

Fue el padre Núñez de Miranda, confesor de los virreyes y de la propia Juana, quien, al parecer, al saber que la jovencita no deseaba casarse le propuso escoger el camino de la fe. De esta manera, a los diecinueve años, entró primero al convento de San José de las Carmelitas Descalzas el 14 de agosto de 1667 saliendo de ahí a los tres meses por la severidad de la regla y el rigor de la orden que, de hecho, la llevan a enfermarse. Luego permanece un año y medio en palacio, del que se cuenta que durante ese tiempo conoció el amor y la decepción, ya que su condición de hija natural no le permitía ostentar un linaje sin mancha. para después ingresar a la mucho más flexible orden de clausura de las Jerónimas en el convento de Santa Paula donde, por fin profesó el 24 de febrero de 1669 convirtiéndose en Sor Juana Inés de la Cruz. Allí Sor Juana escribió la mayor parte de su obra y alcanzó la madurez literaria, pues pudo compartir sus labores de contadora y archivista del convento con una profunda dedicación a sus estudios. Aunque le fue ofrecido el lugar de Abadesa del convento, Sor Juana lo rechazó en dos oportunidades.

En Santa Paula, Sor Juana estaba instalada en una celda -individual y espaciosa- de dos pisos en los cuales acumulaba todo tipo de artefactos para sus estudios y valiosos libros que las hermanas a su servicio limpiaban del polvo constantemente. Allí realizó experimentos científicos y astronómicos; y llegó a poseer una biblioteca personal de aproximadamente 4.000 volúmenes, (considerada la biblioteca más rica de su tiempo) además de sus instrumentos musicales, medición, experimentación y mapas de toda índole. Pasó la vida escribiendo versos sacros y profanos, villancicos para festividades religiosas (San Pedro, Santa Catarina, Navidad…) autos sacramentales y dos comedias. Llegó a tener conocimientos profundos en astronomía, matemáticas, lengua, filosofía, mitología, historia, teología, música y pintura, por citar solamente algunas de sus disciplinas favoritas. Y tal era su distinguida popularidad que, su celda, habíase transformado en punto de reunión de académicos, jueces, poetas e intelectuales como Carlos de Sigüenza y Góngora, pariente y admirador del poeta cordobés, cuya obra introdujo en el virreinato.

Famosa aún dentro del claustro, constantemente era llamada para escribir obras por encargo -décimas, sonetos, liras, rondillas, obras de teatro, etc.-, que iban desde profundos temas religiosos hasta los más profanos. Su exquisitez de palabra escrita en verso por la tendencia de la época, “cuajaba en composiciones que constituían verdaderos logogríficos del intelecto, en donde se vestía a la idea con un ropaje enfarragoso, para luego gozar en desnudarla. Al respecto ha dicho un autor que “en tal época hablar claro era un pecado”. La producción de Sor Juana en su gran mayoría poética, con todo y ser presa de la misma afectación, por su sinceridad y fuerza alcanza tonos desconocidos de sus contemporáneos, en grado tal que, hay quienes piensan que ella y Juan Ruiz de Alarcón, integran “la mayor gloria de México virreinal”; más aún: que únicamente por Sor Juana se salva la literatura del siglo XVII, que era cultivada por “poetas sin condiciones de cultura ni talento”.Cuando el nuevo virrey Tomás Antonio de la Cerda, marqués de la Laguna, junto a su esposa, Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, arriban a México en 1680 a Sor Juana le fue encargada de crear el Arco Triunfal en honor de los virreyes de la Laguna. Así llega a la concepción del formidable y alabado Neptuno Alegórico, cuya barroca y magnífica “fabrica” le abrió las puertas de palacio y la convirtió en favorita de los virreyes, sus mecenas. Sor Juana y la Condesa de Paredes entablaron una estrecha amistad al punto de que la sacerdotisa escribe cientos de poemas dedicados a Lisi o Lísida, como llamó a la marquesa y que, según opiniones de muchos analistas y ávidos lectores, su contenido es tan apasionado y encendido que le atribuyen rasgos de homosexualidad.

Mientras tanto su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, le reprochaba constantemente que se ocupara de temas mundanos y no religiosos. El frecuente contacto con las más altas personalidades de la época y su gran fama intelectual, desencadenó la ira del padre, principalmente después de que Sor Juana fuese elegida para realizar el “Arco Triunfal”. Pero Juana continuó con su trabajo por encargo apoyada por los virreyes. De 1680 a 1688, es una época de gran producción literaria en la que abundan admirables sonetos, silvas, endechas, glosas, liras, quintillas, décimas, redondillas, ovillejos amorosos, religiosos, filosóficos y satíricos, numerosos romances, composiciones en las que destaca su gran variedad de metros y estrofas. Esta cualidad la coloca entre los más altos poetas de su período, apenas igualada por ninguno anterior. En los villancicos, quizá uno de los aspectos menos estudiados de su obra, despliega la mayor riqueza.

Obras de todo género y tipo, cortesanas y religiosas, se van acumulando en su producción: comedias de enredo, Los empeños de una casa, La segunda Celestina, tal vez escrita con Agustín Salazar y Torres; la comedia mitológica Amor es más laberinto, escrita con Juan de Guevara; autos sacramentales: El Divino Narciso, El cetro de José, San Hermenegildo, en los que utilizando la poética de Calderón de la Barca nunca desmerece de su modelo; en las loas que preceden a los dos primeros autos mencionados se reitera la relación de los sacrificios humanos aztecas con la Eucaristía, concediéndole derecho de existencia a la religión azteca.

Sin embargo la perversidad humana continuaba acechándola de cerca. No faltaron los obstáculos y obcecaciones de las mentes conservadoras que lucharon hasta extinguir esa llama de sabiduría femenina, prohibida por leyes retrogradas que obedecían a intereses muy personales. Juana creyó intuir y disolver el problema deshaciéndose de su confesor Antonio Núñez de Miranda bajo la protección de la entonces virreina, marquesa de la Laguna (según se deduce de la recientemente descubierta Carta al Padre Núñez, escrita en 1682, que muestra una faceta polémica y argumentativa de la poetisa). Pero no fue así, y pronto el mundo se le vendría abajo. La pareja de virreyes permaneció en México hasta el año de 1688. Y a partir de entonces Sor Juana queda desolada y comienza a ser el blanco de críticas, frustraciones ajenas y el centro de terribles ataques misóginos.

 

Mientras la condesa ayudaba a publicar en Madrid la primera edición del libro Inundación Castálida, -que reúne buena parte de la obra poética de Sor Juana Inés de la Cruz- alrededor de 1689; en México (o Nueva España) era publicado sin su permiso, una carta en la que ella hacía una contundente crítica al famoso sermón del Jesuita portugués Antonio de Vieyra, muy afamado teólogo de la época con el extenso título de Carta atenagórica de la madre Juana Inés de la Cruz, religiosa profesa de velo y coro en el muy religioso convento de San Jerónimo que imprime y dedica a la misma Sor Filotea de la Cruz, su estudiosa aficionada en el convento de la Santísima Trinidad de Puebla de los Ángeles. El curioso seudónimo femenino de Sor Filotea de la Cruz fue adoptado por nada menos que su supuesto amigo, el Obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, quien acompaña el texto escribiendo una carta amonestándola por su preocupación en temas mundanos y por su ignorancia en los asuntos bíblicos, tanto en su poesía como en su estudio. Aun reconociendo el talento de la autora, el Obispo le recomendaba que se dedicara a la vida monástica, más acorde con su condición de monja y mujer que a la reflexión teológica, ejercicio reservado sólo para hombres.

Sor Juana escribió una energica réplica, la famosa Respuesta a Sor Filotea, la cual fue considerada como el primer manifiesto feminista de todos los tiempos. La máxima jerarquía eclesiástica, particularmente el arzobispo Aguiar y Sejías, comenzó un ataque cada vez más abierto, exigiendo que Sor Juana renuncie a sus libros y a todos sus estudios mundanos. Sin embargo ella desafió la autoridad y continuó escribiendo. Esta vez, un grupo de villancicos sobre la vida de Santa Catharina de Alejandría en los cuales se perciben un desafiante tono feminista.

Aunque en 1692 a Sor Juana se le otorgaron dos reconocimientos principales en el concurso universitario “Triunfo Parténico”, ya la sociedad del momento la había vetado. Poco después fue obligada a deshacerse de toda su biblioteca y aparatos acumulados en su recinto y obligada a dedicarse exclusivamente a los asuntos conventuales. Así que, así murió, entregada a la vida religiosa, mientras ayudaba a sus compañeras enfermas durante la epidemia de cólera que asoló México en el año 1695.

 

 

diciembre 4, 2009 Posted by | BIOGRAFÍA, HISTORIA, LITERATURA, POESÍA, Religión | , , , , , | 1 comentario

Juana Sujo: Una creación teatral

Autora: juana sujoLuciana McNamara/ ENcontrARTE

Escuchar el nombre de Juana Sujo nos traslada inmediatamente al teatro venezolano contemporáneo que empezaba a reaccionar con los novedosos y diferentes estilos artísticos que marcaban la nueva época del mundo, tratándolos de adaptar a los sugerentes climas tropicales. Hace ya 48 años que falleció esta actriz y activista teatral euro-americana, de espíritu nómada heredado de la guerra y de los éxodos del viejo mundo, que luego de una larga y sensible travesía llega a la República de Venezuela donde por fin echaría sus raíces para dejar transformado su arraigo en contundentes aportes a las artes escénicas del país.

Juana Sujo intervino en casi todas las áreas del trabajo teatral, siendo especialmente buena en el área de formación de actores de teatro. Modeló estilos de puesta en escena más complejos desde el punto de vista estético y mejor acabados, e incentivó a través del ejemplo de un constante trabajo profesional, una nueva ola de dramaturgos, actores y actrices nacionales que continuaron laborando por el desarrollo teatral a todo lo largo de la segunda mitad del siglo XX hasta lo que llevamos recorrido de este siglo XXI. Es que Juana se había formado con respetados maestros alemanes adquiriendo esa típica disciplina pedagógica que arrastraba sobre su espalda la moribunda Europa decimonónica.

La historia de los desplazamientos comienza mucho antes de que Juana naciera. Sus padres Adolfo Sujovolsky y Sara Berkonsky eran oriundos de la península de Crimea en el sur de Ucrania, que después de la Primera Guerra Mundial y el colapso de los antiguos imperios de Rusia y Austria, cae en una profunda crisis que obliga a los Sujovolsky, de ascendencia judía y convicción socialista, a huir lejos de la hambruna y la violencia llegando primero a Londres para después radicarse, como muchos europeos lo hicieron, en el lugar más “recóndito” del mapa, en este caso, Argentina.mapa_crimea tierra de sujo juana                             

Allí nace la primera camada Sujovolsky, Berta y Anita, las hermanas mayores que posteriormente se dedicarían a la música; y luego en 1918 llega Juanita, a la que todos conocerían después como Juana Sujo. Transcurren estables los primeros años de su vida y luego se trasladan a Brasil buscando materia prima para el oficio del padre, el de fabricante de papel. Allí terminan de disfrutar su infancia y llega a la familia el último de la prole, un varón llamado Abi. Al transcurrir el tiempo, sus padres preocupados porque los niños recibieran una educación humanista, los envían a Berlín, Alemania en 1923. Allí Juana y sus hermanas estudian música y teatro, pero ella se proyecta rápidamente como una figura histriónica de dotes poco comunes.

En la capital germana Juana cursaría sus primeros estudios como actriz con el eminente director austriaco y captador de talentos Max Reinhardt, para después seguir en la Academia de Teatro de la maestra austrohúngara Ilka Grüning, educándose profundamente en el arte de la interpretación. En esta época entabla amistad con la conocida actriz de teatro y cine Lilly Palmer, quien para entonces también era alumna de la Academia de Teatro de Grüning. De allí pasa a trabajar en varias compañías teatrales del momento, destacándose entre ellas la “Kamerspiele”, en Munich, bajo la dirección de Kalkenberg y el contrato que había logrado con la compañía de Otto Falckenberg, dedicada al montaje de obras clásicas, en especial las de William Shakespeare. Juana Sujo estaba amasado ya buena fama cuando la situación política de Alemania comienza a cambiar.

Con el ascenso al poder del ideólogo y fundador del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores Adolfo Hitler a principios de 1933, las estructuras de ese país comienzan a transformarse radicalmente. Aunque durante el período de la Alemania Nazi Hitler revertió en corto tiempo la crisis económica, social y política dejada por los destrozos de la Primera Guerra Mundial de 1918, sus métodos de combate eran particularmente macabros. Rápidamente se inició el proceso de eliminación de diversos grupos raciales, políticos, sociales y religiosos que él consideraba “enemigos de Alemania” o “razas impuras”. Una intensa persecución comienza. Comunistas, homosexuales, negros y especialmente judíos son exterminados masivamente.

Las chicas Sujovolsky eran judías y la situación se tornaba cada día más peligrosa y desesperante. A los actores, particularmente, se les obligaba actuar en obras segregacionistas. El arte se había transformado en instrumento de guerra y ya no valían las propuestas rusas o francesas. Por otro lado todos los autores, directores y actores de origen judío habían emigrado y a los teatros que dejaban de cumplir con sus obligaciones políticas eran cerrados sin contemplación.

Juana y sus hermanas se vieron obligadas a huir a Inglaterra y después retornar a Buenos Aires a finales de 1933. La chica contaba con 19 años cuando debuta con la compañía teatral Susini y forma parte del elenco de la artista española Lola Membrives. Pero a Juana le toca trabajar duro para ganarse un lugar en el mundo artístico argentino. Cuando llegó era poco conocida, pero su claridad y talento no tardaron mucho en llevarla de la mano hacia la popularidad. “No tengo prisa ­-le expresó a un periodista por aquella época-­, encaro el teatro como he visto hacerlo a excelentes comediantes europeos, sin apuro y con un deseo de saber, con un afán de perfeccionamiento ajeno al halago del éxito inmediato…”. En 1938 participa por primera vez en una película de bajo presupuesto, Callejón sin Salida. Después vuelve a participar en la película de Alberto de Zavalía, La vida de Carlos Gardel (1939) junto a Hugo del Carril. Y dos años más tarde, ya insertada en el mundo cinematográfico, en otra de Zavalía, Dama de compañía. Su voz, su gestualidad y movimientos cautivaban a la audiencia y a los directores. Continuó su carrera como actriz de cine y de teatro durante 9 años consecutivos mientras intermitentemente se establecía por temporadas en Ecuador, Chile y Perú, donde encabezó el elenco del Teatro Nacional de Comedia. En esos años obtuvo papeles en las películas Flecha de oro (1940); Último refugio (1941); La hora de las sorpresas (1941); Eclipse de sol (1942); Cuando florezca el naranjo (1943); Nuestra Natacha (1944); Besos perdidos (1945); y Como tú lo soñaste (1947).

Estando Juana en Argentina recibe una oferta de trabajo desde Venezuela. La empresa productora Bolívar Films le pide trabajar en dos largometrajes a ser dirigidos por otro argentino radicado en Venezuela, Carlos Hugo Christensen: El Demonio es un Ángel y La Balandra Isabel llegó esta tarde. Juana acepta la propuesta y el 28 de abril de 1949 estaba pisando Caracas quizá sin imaginarse el destino que le aguardaba. A los pocos meses los directivos de la productora cinematográfica le proponen dirigir una pequeña escuela de teatro para la futura formación actoral que se llamó “Estudio Dramático”. Ella sintió en Venezuela un terreno “virgen” para el desarrollo de las artes escénicas. De hecho, era muy cierto que las secuelas de la dictadura de Gómez y ahora la de Pérez Jiménez, habían retrasado la entrada al país de las novedades de un siglo tan vertiginoso como lo fue el XX, sobre todo en lo que se refiere al arte.

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El teatro no había avanzado mucho ni en métodos ni en estructura. Juana debía revisarlo, actualizarlo e inyectarle otras técnicas modernas de la escena mundial. Y así fue. Durante los 12 años que Sujo vivió en Venezuela se dedicó de lleno al desarrollo de las artes escénicas; fundó el primer teatro estable en el país y la primera compañía. El “Estudio Dramático” de Juana Sujo, ubicado dentro de Bolívar Films, comienza tímidamente sus andanzas hasta que la maestra y sus alumnos se mudan al Museo de Bellas Artes. Allí montan varias piezas teatrales pero fue Las Coéforas de Esquilo que obtuvo tal rotunda aceptación del público y tan buena crítica, que Juana decide iniciar el más importante viaje de su vida profesional: La formación de recursos humanos para el teatro. En 1952, el estudio se convierte en la “Escuela Nacional de Arte Escénico” con el apoyo del Ministerio de Educación y otros entes del Estado. De esta manera la Sujo inicia su década de oro formando en el recinto teatral a importantes generaciones de alumnos como lo fueron Manola García Maldonado, Guillermo Carrera, Maritza Caballero, Esteban Herrera, Orángel Delfín y América Alonso. Después llevó su Escuela a la avenida Los Jabillos de Sabana Grande, muy cerca de su vivienda, y más tarde se instalaría en los altos del Teatro Nacional, en la esquina de Cipreses, para seguir desarrollando su trabajo como maestra. Durante su permanencia en Caracas Juana Sujo cultivó muchas amistades pero, principalmente del sector artístico y cultural. Entre sus compañeros de tertulia no faltaban Arturo Uslar Pietri, Ida Gramko, Elizabeth Schón, Isaac Chocrón, Román Chalbaud y Rafael Pineda; pero también, y especialmente, estaban los que como ella venían del exilio a trabajar por el arte en Venezuela, sus colaboradores y camaradas Alberto de Paz y Mateos, Lily Álvarez Sierra, Jesús Gómez Obregón, Horacio Peterson y Romeo Costea.

En 1954 crea la “Sociedad Venezolana de Teatro” junto a su esposo el actor Carlos Márquez, y en el 59 el “Teatro Los Caobos”, despertando el interés del público por obras de autores clásicos de la historia de la literatura mundial como Esquilo, García Lorca, Chéjov y Lope de Vega, al igual que por las de los venezolanos: Román Chalbaud, Isaac Chocrón y Arturo Uslar Pietri. Así continuó ampliando su repertorio en colaboración casi siempre con Horacio Peterson y Alberto de Paz y Mateo, y participa en la obra Requiem para un Eclipse de Román Chalbaud en 1957, en Chúo Gil y lasTejedoras de Arturo Uslar Pietri, en 1960 y El Quinto Infierno de Isaac Chocrón en 1961.

Ese mismo año muere prematuramente Juana Sujo, al parecer de un terrible cáncer, disolviéndose por falta de empuje algunas de sus creaciones. La Escuela Nacional de Arte Escénico fue la que se mantuvo en el tiempo, a pesar de que fue desalojada de su sede el mismo año de su muerte. Su alumno y pupilo Porfirio Rodríguez continuó con la labor de Juana hasta que lo suplanta Andrés Martínez quien ha sido su director desde el año 1969, batallando contra los obstáculos de su largo peregrinar. Aún siguen abiertas las puertas de la Escuela Nacional de Arte Escénico “Juana Sujo”, de la que a esta altura han emergido gran parte del talento teatral venezolano manteniendo viva la memoria artística del país.

Fuentes:

Monasterios Rubén. 1975. Un enfoque crítico del teatro venezolano. Editorial Ávila. Caracas.
http://www.salta21.com/spip.php?article1694
http://www.diariolaregion.net/
http://www.diariolavoz.net/seccion.asp?pid=18&sid=1755¬id=277326&fecha=11/08/2008
http://elespectadorvenezolano.blogspot.com/

noviembre 7, 2009 Posted by | BIOGRAFÍA, CINE, EDUCACIÓN, LO CULTURAL/IDEOLOGICO | , , , , , , | Deja un comentario

JUANA RAMÍREZ “LA AVANZADORA”.

juana-avanzadoraAUTORA: Luciana Mc Namara/Encontrarte (extraido de: Aporrea.org)

Desde principios del siglo XVI ya se veían en las rutas del Atlántico unos enormes buques dedicados expresamente a transportar humanos (mayormente de raza negra), sometidos y convertidos en esclavos. Los países europeos que participaron en el decadente y lucrativo tráfico negrero, como España, Portugal, Inglaterra, Francia y Holanda, poseían grandes compañías de navegación especializadas en dicho transporte

 BARCO "NEGRERO"

BARCO “NEGRERO” DE TRAFICANTES DE SERES HUMANOS.

La trata de negros comenzó a ser manejada por la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales en 1621. Cuarenta años después, en 1672, la encargada de este “negocio” humano fue la English Royal Áfrican Company para luego en la primera década del siglo XVIII pasar a manos de la Compañía Real de la Guinea (francesa). Ya en 1764, la Real Compañía Guipuzcoana inicia relaciones comerciales de embarques negreros con la firma británica de Wenland Brothers, quien importaba Negros mandingas, zapes, congos, loangos y de otros gentilicios, atados con cadenas por el cuello y transportados en las bodegas de los barcos en vergonzosas condiciones. Indudablemente uno de los países que más aprovechó esta comercialización fue Inglaterra: llegó a extraer de África hasta 80.000 negros al año. Sin embargo, España mantuvo una actividad permanente y crucial en este negocio a nivel iberoamericano, y no sólo eran los peninsulares quienes traían esclavos a las tierras venezolanas sino que también los nativos (los criollos) comerciaban con ellos. Durante mucho tiempo se utilizó el trueque en el comercio intercolonial y era frecuente observar que se cambiaban mulas criollas por esclavos negros. Los criollos controlaban gran parte del comercio de negros con los españoles y las Antillas dentro del país, convirtiéndose en piezas claves en el tráfico intercolonial.La llegada de los negros a los puertos venezolanos era un colorido acontecimiento. Se formaba una especie de feria en la que montaban toda una parafernalia para proceder a la exhibición de las “piezas” como se les llamaba a los desembarcados. Comenzaba entonces el movimiento de compra-venta. Los traficantes repartían aceite de coco para que los esclavos se lustraran la piel y mejorar así su aspecto ante los posibles ojos compradores. Éstos revisaban cuidadosamente la mercancía: su dentadura, estatura, porte, etc. “En cada puerto de llegada había funcionarios denominados ‘factores’, los cuales cumplían con la tarea de efectuar el palmeo y revisar la carimba (…) Los negros de menos de siete cuartas de altura no eran considerados como una pieza, como tampoco aquéllos que, aún teniendo la altura requerida, tuviesen algún defecto físico notorio. Una madre con un niño de pecho pasaban como una sola pieza. Esta forma de medir los esclavos se denominaba «palmeo» y la marca que se les hacía con un hierro candente en alguna parte del cuerpo, generalmente en un brazo, se conocía con el nombre de «carimba», práctica ésta que fue suprimida por real cédula de 4 de noviembre de 1784”.

 

 BODEGA: “ALOJAMIENTO” DE SERES HUMANOS , TRAFICO DE FUTUROS ESCLAVOS.
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Los esclavos eran comprados por familias y personas de dinero. Era una muy buena inversión, un negocio reproductivo, ya que se adquiría al mismo tiempo la posibilidad de una prole. Fue probablemente por esos años que una poderosa familia, dueña de grandes extensiones de tierra en la región de Chaguaramal cerca de Maturín, asistió a una feria comercial para comprar un lote de esclavos recién llegados del África. La familia Rojas Ramírez, los apoderados, llevaba sin saberlo entre su compra la mujer que daría a Luz a una hacedora de historia venezolana, a una africana que bautizaron como Guadalupe Ramírez.

Como era usual en esos tiempos, la negra Guadalupe se vio en la obligación de concederle favores sexuales a los patrones. De este modo sale embaraza sin conocer con exactitud al verdadero progenitor, el cual pudo haber sido el General Andrés o José Francisco Rojas. Lo cierto es que en 1790 nace en la Hacienda cacaotera de los Ramírez Rojas en Chaguaramal, en Municipio Piar, la mulata Juana Ramírez. Nace en el límite de cambios paradigmáticos de la sociedad mundial, como la conmocionada Revolución Francesa o la declaración de libertad en el comercio de esclavos autorizada por la Corona española en 1789. Ya para finales del siglo XVIII los vientos de cambio se sentían por doquier, no sólo se habían incrementado los alzamientos de esclavos en todo el territorio nacional, sino que también se gestaba un proceso independentista que venía tomando forma ya desde hacía un tiempo.

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 NEGRA “ESCLAVA”.

Con apenas un año de edad, Juana percibe el aroma de la libertad al estallar la insurrección de los esclavos de Haití. Luego vino el levantamiento José Leonardo Chirino y otras pequeñas sublevaciones que la niña observaba desde su lugar. Detrás del fregadero, Juana escuchaba las noticias que alimentaban su espíritu libertario. La oligarquía mantuana, ya asustada por las constantes rebeliones y las nuevas leyes ibéricas que peligraban su condición, incrementa la represión a niveles escandalosos, por lo que Guadalupe y su hija permanecen sin sobresaltos atadas a la esclavitud. Así crece la pequeña Juana, entre la cocina y la barraca: planchando, cocinando, lavando y sirviendo. Sin embargo, fue criada bajo la tutela de Doña Teresa Ramírez de Balderrama quien la protegió y brindó una educación basada en ideales patriotas, siempre fiel a sus amos y alejada de todo contacto con negros peligrosos de la zona. Cuando llega a la adolescencia, comienza a acompañar a Don Andrés Rojas a realizar labores en la hacienda. La muchacha reflejaba un ímpetu tal que llama poderosamente la atención del General, probablemente su verdadero padre, y éste decide llevarse a la joven a viajes extramuros. Al principio fueron cortos, pero para comienzos del ochocientos la chica acompañaba a su patrón a múltiples actividades relacionadas con la gesta independentista aprendiendo todo lo que estaba a su alcance. A los 15 años ya era mano derecha del General y estaba lista para enfrentar las faenas de la guerra. Mientras tanto, ocurría la revuelta de 1810, la Primera República se alzaba; y aunque la clase marginada, prácticamente en su totalidad (negros, pardos e indios), se inclinaron hacia el lado realista, Juana permaneció junto a los patriotas, fiel a sus convicciones y valores aprendidos.

La noticia de los sucesos de 1810 habían llegado a través de un rico ganadero maturines que se hallaba en Trinidad e inmediatamente ganaron adeptos. Familias de la zona como los Monagas y los Rojas, se unieron inmediatamente a la lucha y formaron sus propios ejércitos con los esclavos de sus haciendas. Aunque para ese momento Maturín era una aldea de casas con paredes de bahareque y techos de paja, un pueblito muy pequeño que pertenecía a la provincia de Barcelona, no dejaba de ser punto estratégico tanto para realistas como para patriotas. Con sus habitantes organizados el pueblo ya tenía constituida su defensa. Juana contaba con veinte años. Se había convertido en una hermosa mujer muy alta e impactante que con solo dar la orden los demás obedecían sin resistencia e infundía sobre los esclavos la pasión por la lucha independentista. Es así que entre 1813 y 1814 Juana participa en las cinco batallas que se realizan en las cercanías de Maturín contra Antonio Zuazola, de La Hoz, Monteverde y Morales: la que más destaca es la de Alto de los Godos, una batalla que, por la intrépida avanzada de Juana fue victoria segura para los patriotas. De allí es que a la heroína venezolana se le conoce como Juana “La Avanzadora”.

 

Entre esos años Andrés Rojas acompañado siempre de Juana estaba siempre en Maturín. La inminencia de la Guerra era latente, todos lo sabían, y Juana se apresura a fundar un batallón que llamaron “Batería de las Mujeres”, formado por todas las mujeres del pueblo, entre las que estaban Graciosa Barroso de Sifontes, María Antonia (la abuela de Eloy Palacios) y Juanita Ramírez, Dolores Betancourt Mota, Marta Cumbale, Valentina Mina, Vicencia y Rosa Gómez, Carmen Lanza, Luisa Gutiérrez, Isidora Argote, Eusebia Ramírez, Guadalupe Ramírez, Rosalía Uva, María Romero de López, Josefa Barrosos, Juana Carpio y Lorenza Rondón, prestas a ayudar ante cualquier emergencia. Y así lo hicieron. Fue un 25 de mayo de 1813 cuando Juana se da su cita con la historia de la independencia. Es en ese año que ataca Domingo Monteverde en nombre del Rey de España al pueblo oriental, y la defensa republicana fue liderada por José Francisco Bermúdez, José Francisco Azcúe, Manuel Piar y José Tadeo Monagas, también estaban el general Rojas y Remigio Fuenmayor. Piar organiza el mencionado batallón de mujeres y lo coloca bajo el mando del Comandante Felipe Carrasquel, disponiendo entre sus actividades la de apertrechar los cañones, atender los heridos, suplir de provisiones a las tropas, y enfrentarse al enemigo de ser necesario.

La batalla se libró en la sabana del Alto de los Godos, al oeste de Maturín. Allí se fueron reuniendo los patriotas, venían de distintos sitios, como desde La Cruz, San Simón o Las Cocuizas. El número de hombres llegaba a los dos mil, dispuestos a enfrentarse al ejercito de Domingo Monteverde que los doblaba en hombres y artillería. La batalla comenzó cerca de las 11 de la mañana y finalizó al oscurecer el día. Fue una ardua lucha en la que Juana y su batería de mujeres se habían acomodado cerca de lo que hoy es la Plaza Piar de Maturín. Allí entre sus labores, Juana se destaca en su desempeño y es admirada por el Comandante Carrasquel. Su valor no tenía parangón y mantuvo a raya al ejercito de Monteverde, impidiéndole el paso a la población donde sólo estaban escondidos los niños y los ancianos.

 

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Como a las 4 de la tarde desde Altos de los Godos, llega a Maturín la noticia de que a los patriotas se les estaban acabando las municiones. El Comandante Carrasquel, jugándose la última carta, le ordena a Juana avanzar hasta Los Godos, y ésta, con apenas 23 años de edad, salió desde una fosa situada en las inmediaciones de la actual plaza Piar de Maturín y comenzó a avanzar homéricamente en medio de una lluvia de balas y cañones hasta lograr atravesar todo el campo. Allí toma la espada de un general muerto y alza el arma como símbolo de lucha y libertad. Toda la tropa queda absorta. José Francisco Azcue, el general Rojas, José Tadeo Monagas y Manuel Piar al ver a la negra Juana luchando apasionada, se contagian del ánimo y arremeten con furia contra el ejercito realista.

Monteverde se vio repentinamente acorralado y logra escapar hacia el pueblo de Areo, rumbo a Barcelona, dejando en el campo de batalla al Comandante Antonio Bosch y al Capitán Pedro Cabrera. Bosch y Cabrera murieron al rato bajo las lanzas patriotas, pero también muere allí el Cacique Comandante José Miguel Guanaguanay, último cacique de Los Chaimas quien fallece en el campo junto a toda su tribu. No obstante ganaron la batalla y fue Juana el verdadero espíritu de la victoria ese día, el día en que se salvó Maturín. Como premio del triunfo, los patriotas ganaron armas y municiones, 6.000 pesos de plata, 3 cañones, y los cofres de Monteverde. Las bajas alcanzaron los 479 efectivos entre los que se contaron 27 oficiales realistas y 452 soldados muertos. Juana, al terminar la batalla, se encargó personalmente de dar sepultura a los caídos. Estos fueron enterrados en un sitio llamado la Mata de la Muerte, al pie de un árbol ubicado frente a la Iglesia San Ignacio. Por eso en aquel entonces la capital monaguense fue bautizada por el Libertador Simón Bolívar como La Tumba de los Tiranos.Pero al año siguiente, el 11 de diciembre de 1814, después de la batalla de Urica, en la que fallece José Tomás Bóves Maturín es atacada nuevamente y cae bajo el poder del español Tomás Morales, quien arrasa la aldea en su totalidad. Quemó todas las casas y asesinó a todos los ancianos, niños y mujeres que pudo. La mayoría de las personas que allí se encontraban eran caraqueñas y del centro del país, producto del éxodo ocasionado por la entrada de Bóves a Caracas. Con esta victoria realista se termina de perder la Segunda República.

 MONUMENTO EN MATURIN, EDO. MONAGAS. REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA.

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Los pocos que se salvaron, entre ellos Juana, lograron escapar hacia las montañas y desde allí combatieron como guerrilleros durante mucho tiempo internados en las sierras de El Tigre. Se alimentaban de ganado perdido por el monte, plantas u otros animales salvajes. Dos años después fundaron algunos poblados cerca de las ruinas del gran incendio perpetrado por Morales en cuya reconstrucción participó el general Andrés Rojas.

Cuando Venezuela logra su independencia, Juana se queda a vivir en Guacharacas, muy cerca de Maturín, en una próspera localidad que más tarde desaparece para luego varios habitantes emigrar hacia la parte alta del terreno construyendo las primeras casas de lo que llamaron San Vicente en el año 1924. Allí, como esclava liberada -liberación que obtuvo por los servicios prestados a la familia patriota a la cual servía- Juana forma una familia con sus cinco hijas: Clara, Juana, Juana, Josefa y Victoria, junto al hombre del cual se enamoró, un patriota. Ahí vivió sus últimos años cultivando la tierra y disfrutando de su libertad y la de la propia Venezuela. Muere en 1856 a la edad de 66 años, siendo enterrada en el cementerio antiguo de Guacharacas en El Bajo, el mismo que en la actualidad es utilizado por las comunidades de San Vicente y Pueblo Libre.Unos cardones, que primero los guacharaqueros y después los sanvicenteños sembraban periódicamente, recordaban el sitio exacto donde está enterrada “La Avanzadora”. Durante más de un siglo esos cardones marcaron la ubicación exacta de la tumba. Una y otra vez, la devoción popular los replantó hasta que el 24 de junio de 1975, el Comité de Damas de la 58° División de Infantería levantó un monumento sobre esa lápida en el cementerio viejo de Guacharacas (hoy San Vicente) cuya placa reza así: “Aquí yacen los restos mortales de la heroína Juana Ramírez “La Avanzadora”, máxima exponente de la mujer monaguense, 1790-1856.” Más tarde, en 1952, casi al final de Av. Bolívar de Maturín, sobre una gran redoma, el Ejecutivo Regional alzó un monumento en su memoria, construido y declarado primero Santuario Patriótico Distrital y luego, en 1994, Santuario Patriótico Regional. De esta manera se recuerda a Juana Ramírez que, intacta en su estatua de bronce y alzando el machete, continúa animando en la lucha por la libertad.

Juana Ramírez La Avanzadora

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Crédito: Randy Sierra

 

octubre 17, 2009 Posted by | HISTORIA, POLÍTICA | , , , , , , , , , , , | 4 comentarios