Taimaboffil's Blog

A la mujer, jóvenes y niñ@s, con pretendida óptica revolucionaria.

15 de enero de 1919:Asesinados Rosa Luxemburgo y Kart Liebknecht

El 15 de enero de 1919 fueron asesinados los revolucionarios alemanes Rosa Luxemburgo y Kart Liebknecht por bandas armadas cuando eran conducidos a prisión.

Karl Liebknecht

Contrarios a la guerra imperialista, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht se excluyeron del Partido Socialdemócrata Alemán al votar los diputados de este partido los créditos a favor de la guerra, en 1914, y fundaron la Liga Espartaquista, en honor a Espartaco, el esclavo que condujo una importante rebelión contra el Imperio romano.

El 1 de enero de 1918, los espartaquistas decidieron disolverse y fundar el Partido Comunista de Alemania. Ese año comenzó en Alemania la llamada “revolución soviética”. En las principales ciudades industriales, los trabajadores y los soldados que regresaban de los frentes de guerra fundaron cientos de soviets #consejos# y proclamaron la República Socialista Obrera Alemana. El 4 de enero de 1919 se constituyó una Junta Revolucionaria para dirigir la insurrección obrera. Kart Liebknecht fue nombrado presidente junto con su compañero George Ledebour. En su primer manifiesto a los obreros y campesinos decían: “Aquí se juega el todo por el todo. El futuro de la clase obrera, el de la revolución social. Demostrad a los canallas vuestro poder. ¡Armaos! ¡Usad vuestras armas contra vuestros enemigos!”. A los pocos días, Kart y Rosa Luxemburgo fueron detenidos y cuando eran conducidos a prisión sus captores los asesinaron brutalmente.

Nota: Ver Biografías individuales de ambos en este mismo Blog.

vía Diariovea – Tal día como hoy.

enero 15, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

15 de enero 1919: Asesinada Rosa Luxemburgo. Alemania

Para una lectura y profundización en los conceptos/textos escritos por Rosa Luxemburgo, invitamos a investigar en la siguiente fuente.
Fuente: www.marxists.org/espanol/luxem/index.htm
               http://www.marxists.org/espanol/luxem/index.htm

Rosa Luxemburg nació en la pequeña población polaca de Zamosc, el 5 de marzo de 1871. Desde muy joven fue activista del movimiento socialista. Se unió a un partido revolucionario llamado Proletariat, fundado en 1882, alrededor de 21 años antes de que se fundara el Partido Social Demócrata Ruso (bolcheviques y mencheviques).
En el Proletariat estuvo desde sus comienzos, tanto en principios como en programa, señaladamente adelantado con respecto al movimiento revolucionario en Rusia. Mientras el movimiento revolucionario ruso estaba todavía restringido a actos de terrorismo individual llevados a cabo por una heroica minoría de intelectuales, Proletariat organizaba y dirigía a miles de trabajadores en huelga. No obstante, en 1886, Proletariat fue prácticamente decapitado por la ejecución de cuatro de sus líderes, el encarcelamiento de otros veintitrés bajo largas condenas a trabajos forzados y el destierro de otros doscientos. Sólo se salvaron del naufragio pequeños círculos, y a uno de ellos se unió Rosa Luxemburg a los 16 años. Alrededor de 1889, su actuación llegó a oídos de la policía y tuvo que abandonar Polonia, ya que sus camaradas pensaron que podría realizar tareas más útiles en el exterior que en prisión. Fue a Zurich, en Suiza, que era el centro más importante de emigración polaca y rusa. Ingresó en la universidad, donde estudió ciencias naturales, matemáticas y economía. Tomó parte activa en el movimiento obrero local y en la intensa vida intelectual de los revolucionarios emigrados.
Apenas dos años más tarde, Rosa ya era reconocida como líder teórico del partido socialista revolucionario de Polonia. Llegó a ser colaboradora principal del diario del partido, Sprawa Rabotnicza, publicado en París. En 1894, el nombre del partido, Proletariat, cambió por el de Partido Social Demócrata del Reino de Polonia; muy poco después, Lituania se añadió al título. Rosa siguió siendo líder teórico del partido -el SDKPL- hasta el fin de su vida.
En agosto de 1893, representó al partido en el Congreso de la Internacional Socialista. Allí, siendo una joven de 22 años, tuvo que lidiar con veteranos muy conocidos de otro partido polaco, el Partido Socialista Polaco (PPS), cuyo principio más importante era la independencia de Polonia, y que demandaba el reconocimiento de todos los miembros de mayor experiencia del socialismo internacional.
La ayuda para el movimiento nacional en Polonia tenía tras de sí el peso de una larga tradición: también Marx y Engels habían hecho de esto un principio importante en su política. Impertérrita ante todo esto, Rosa cuestionó al PSS, acusándolo de tendencias claramente nacionalistas y de propensión a desviar a los trabajadores de la senda de la lucha de clases; se atrevió a tomar una posición diferente a la de los viejos maestros y se opuso al slogan de “independencia para Polonia” (Para una elaboración de la posición de Rosa Luxemburg sobre la cuestión nacional, véase el Capítulo 6.) Sus adversarios acumularon injurias sobre ella: algunos, como el veterano discípulo y amigo de Marx y Engels, Wilhelm Liebknecht, llegó a acusarla de ser agente de la policía secreta zarista. No obstante, ella se mantuvo en sus trece.
Intelectualmente crecía a pasos agigantados. En 1898, se dirigió al centro del movimiento obrero internacional en Alemania, que la atrajo irresistiblemente.
Comenzó a escribir asiduamente, y después de un tiempo llegó a ser uno de los principales colaboradores del periódico teórico marxista más importante de la época, Die Neue Zeit. Invariablemente independiente en el juicio y en la crítica, ni siquiera el tremendo prestigio de Karl Kautsky, su director -“Papa del marxismo”, como se le llamaba-, lograba apartarla de sus opiniones elaboradas, una vez que estaba convencida de ellas.
Rosa entregó cuerpo y alma al movimiento obrero en Alemania. Era colaboradora regular de numerosos diarios socialistas -y en algunos casos directora-, dirigió muchos mítines populares y tomó parte enérgicamente en todas las tareas que el movimiento le requería. Desde el principio hasta el fin, sus disertaciones y artículos eran trabajos creativos originales, en los que apelaba a la razón más que a la emoción, y en los que siempre abría a sus oyentes y lectores un horizonte más amplio.
En este momento, el movimiento de Alemania se dividió en dos tendencias principales, una reformista -con fuerza creciente- y la otra revolucionaria. Alemania había gozado de creciente prosperidad desde la crisis de 1873. El nivel de vida de los trabajadores había ido mejorando ininterrumpidamente, aunque en forma lenta: los sindicatos y cooperativas se habían vuelto más fuertes. En estas circunstancias, la burocracia de estos movimientos, junto con la creciente representación parlamentaria del Partido Social Demócrata, se alejaba de la revolución y se inclinaba con gran ímpetu hacia los que ya proclamaban el cambio gradual o el reformismo como meta. El principal vocero de esta tendencia era Eduard Bernstein, un discípulo de Engels. Entre 1896 y 1898, escribió una serie de artículos en Die Neue Zeit sobre “Problemas del Socialismo“, atacando cada vez más abiertamente los principios del marxismo. Estalló una larga y amarga discusión. Rosa Luxemburg, que acababa de ingresar en el movimiento obrero alemán, inmediatamente salió en defensa del marxismo. De forma brillante y con magnífico ardor atacó el propagado cáncer del reformismo en su folleto ¿Reformismo o revolución?. (Para una elaboración de su crítica del reformismo, véase el Capítulo 2).
Poco después, en 1899, el “socialista” francés Millerand participó de un gobierno de coalición con un partido capitalista. Rosa siguió atentamente este experimento y lo analizó en una serie de brillantes artículos referentes a la situación del movimiento francés en general, y a la cuestión de los gobiernos de coalición en particular (véase el Capítulo 2). Después del fiasco de Macdonald en Gran Bretaña, el de la República de Weimar en Alemania, el del Frente Popular en Francia en la década de los 30 y los gobiernos de coalición posteriores a la Segunda Guerra Mundial en el mismo país, queda claro que las enseñanzas impartidas por Rosa no son únicamente de interés histórico.
Entre 1903-1904, Rosa se entregó a una polémica con Lenin, con quien disentía en la cuestión nacional (véase el Capítulo 6), y en la concepción de la estructura del partido y la relación entre el partido y la actividad de las masas (véase el Capítulo 5).
En 1904, después de “insultar al Káiser”, fue sentenciada a nueve meses de prisión, de los cuales cumplió solo uno.
En 1905, con el estallido de la primera revolución rusa, escribió una serie de artículos y panfletos para el partido polaco, en los que exponía la idea de “la revolución permanente“, que había sido desarrollada independientemente por Trotsky y Parvus, pero sostenida por pocos marxistas de la época. Mientras que tanto los bolcheviques como los mencheviques, a pesar de sus profundas divergencias, creían que la revolución rusa había de ser democrático-burguesa, Rosa argüía que se desarrollaría más allá del estadio de burguesía democrática y que podría terminar en el poder de los trabajadores o en una derrota total. Su slogan era “dictadura revolucionaria del proletariado basada en el campesinado“.1
Sin embargo, pensar, escribir y hablar sobre la revolución no era suficiente para Rosa Luxemburg. El “motto” de su vida fue: “En el principio fue el acto“. Y aunque no gozaba de buena salud en ese momento, entró de contrabando en la Polonia rusa tan pronto como pudo (en diciembre de 1905). En ese momento el punto culminante de la revolución había sido superado. Las masas todavía estaban activas, pero ahora vacilantes, mientras la reacción alzaba su cabeza. Se prohibieron todos los mítines, pero los obreros todavía los celebraban en sus fortalezas: las fábricas. Todos los periódicos de los trabajadores fueron suprimidos, pero el del partido de Rosa seguía apareciendo todos los días, impreso clandestinamente. El 4 de marzo de 1906 fue arrestada y detenida durante cuatro meses, primero en la prisión y posteriormente en un fuerte. A causa de su mala salud y de su nacionalidad alemana, fue liberada y expulsada del país.2 La revolución rusa dio vigor a una idea que Rosa había concebido años atrás: que las huelgas de masas -tanto políticas como económicas- constituían un elemento cardinal en la lucha revolucionaria de los trabajadores por el poder, singularizando a la revolución socialista de todas las anteriores. A partir de allí elaboró aquella idea en base a una nueva experiencia histórica. (Véase el Capítulo 3)
Al hablar en tal sentido en un mitin público fue acusada de “incitar a la violencia”, y pasó otros dos meses en prisión, esta vez en Alemania.
En 1907, participó en el Congreso de la Internacional Socialista celebrado en Stuttgart. Habló en nombre de los partidos ruso y polaco, desarrollando una posición revolucionaria coherente frente a la guerra imperialista y al militarismo. (Véase el Capítulo 4)
Entre 1905 y 1910, la escisión entre Rosa Luxemburg y la dirección centrista3 del SPD -del que Kautsky era el portavoz teórico- se hizo más profunda. Ya en 1907, Rosa había expresado su temor de que los líderes del partido, al margen de su profesión de marxismo, vacilarían frente a una situación que requiriera acción. El punto culminante llegó en 1910, cuando se produjo una ruptura total entre Rosa y Karl Kautsky por la cuestión de la vía de los trabajadores hacia el poder. Desde ese momento, el SPD se dividió en tres tendencias diferenciadas: los reformistas, que progresivamente fueron adoptando una política imperialista; los así llamados marxistas de centro3, conducidos por Kautsky (ahora apodado por Rosa Luxemburg “líder del pantano”), quien conservaba su radicalismo verbal pero se limitaba cada vez más a los métodos parlamentarios de lucha; y el ala revolucionaria, de la que Rosa Luxemburg era la principal inspiradora.
En 1913, publicó su obra más importante: “La acumulación de capital.” (Una contribución a la explicación económica del imperialismo). Ésta es sin duda, desde El Capital una de las contribuciones más originales a la doctrina económica marxista. Este libro -como lo señalara Mehring, el biógrafo de Marx- con su caudal de erudición, brillantez de estilo, vigoroso análisis e independencia intelectual, es de todas las obras marxistas, la más cercana a El Capital. El problema central que estudia es de enorme importancia teórica y política: los efectos que la expansión del capitalismo en territorios nuevos y atrasados, tiene sobre sus propias contradicciones internas y sobre la estabilidad del sistema. (Para un análisis de esta obra véase el Capítulo 8.)
El 20 de febrero de 1914, Rosa Luxemburg fue arrestada por incitar a los soldados a la rebelión. La base de esta acusación fue una arenga en la que declaró: “Si ellos esperan que asesinemos a los franceses o a cualquier otro hermano extranjero, digámosles: ‘No, bajo ninguna circunstancia”´. En el Tribunal se transformó de acusada en acusadora, y su disertación -publicada posteriormente bajo el título “Militarismo, guerra y clase obrera”– es una de las más inspiradas condenas del imperialismo por parte del socialismo revolucionario. Se la sentenció a un año de prisión, pero no fue detenida ahí mismo. Al salir de la sala del tribunal fue de inmediato a un mitin popular, en el que repitió su revolucionaria propaganda antibélica.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, prácticamente todos los líderes socialistas fueron devorados por la marea patriótica. El 3 de agosto de 1914, el grupo parlamentario de la socialdemocracia alemana decidió votar a favor de créditos para el gobierno del Káiser. Sólo quince de los ciento once diputados mostraron algún deseo de votar en contra. No obstante, después de serles rechazada su solicitud de permiso, se sometieron a la disciplina del partido, y el 4 de agosto, todo el grupo socialdemócrata votó por unanimidad en favor de los créditos. Pocos meses después, el 3 de diciembre, Karl Liebknecht (ver esbozo biográfico en este blog) ignoró la disciplina del partido para votar de acuerdo con su conciencia. Fue el único voto en contra de los créditos para la guerra.

                                                         Karl Liebknicht

La decisión de la dirección del partido fue un rudo golpe para Rosa Luxemburg. Sin embargo, no se permitió la desesperación. El mismo día que los diputados de la socialdemocracia se unieron a las banderas del Káiser, un pequeño grupo de socialistas se reunió en su departamento y decidió emprender la lucha contra la guerra. Este grupo, dirigido por Rosa, Karl Liebknecht, Franz Mehring y Clara Zetkin, finalmente se transformó en la Liga Espartaco. Durante cuatro años, principalmente desde la prisión, Rosa continuó dirigiendo, inspirando y organizando a los revolucionarios, levantando las banderas del socialismo internacional. (Para más detalles de su política antibélica, véase el Capítulo 4.)
     Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo

El estallido de la guerra, separó a Rosa del movimiento obrero polaco, pero debe de haber obtenido profunda satisfacción, porque su propio partido en Polonia permaneciera en todo sentido leal a las ideas del socialismo internacional.

La revolución rusa de febrero de 1917 concretó las ideas políticas de Rosa: oposición revolucionaria a la guerra y lucha para el derrocamiento de los gobiernos imperialistas. Desde la prisión, seguía febrilmente los acontecimientos, estudiándolos a fondo con el objeto de recoger enseñanzas para el futuro. Señaló sin vacilaciones que la victoria de febrero no significaba el final de la lucha, sino solo su comienzo; que únicamente el poder en manos de la clase trabajadora podía asegurar la paz. Emitió constantes llamamientos a los trabajadores y soldados alemanes para que emularan a sus hermanos rusos, derrocaran a los junkers y al capitalismo. Así, al mismo tiempo que se solidarizarían con la revolución rusa, evitarían morir desangrados bajo las ruinas de la barbarie capitalista.
Cuando estalló la Revolución de Octubre, Rosa la recibió con entusiasmo, ensalzándola con los términos más elevados. Al mismo tiempo, no sustentaba la creencia de que la aceptación acrítica de todo lo que los bolcheviques hicieran fuera útil al movimiento obrero. Previó claramente que si la Revolución Rusa permanecía en el aislamiento, un elevado número de distorsiones mutilarían su desarrollo; bien pronto señaló tales distorsiones en el proceso de desarrollo de la Rusia soviética, particularmente sobre la cuestión de la democracia. (Véase el Capítulo 7.)
 
El 8 de noviembre de 1918, la revolución alemana liberó a Rosa de la prisión. Con todo su energía y entusiasmo se sumergió en la lucha revolucionaria. Lamentablemente las fuerzas reaccionarias eran poderosas. Líderes del ala derecha de la socialdemocracia y generales del viejo ejército del Káiser unieron sus fuerzas para suprimir al proletariado revolucionario. Miles de trabajadores fueron asesinados; el 15 de enero de 1919 mataron a Karl Liebknecht; el mismo día, el culatazo de rifle de un soldado destrozó el cráneo de Rosa Luxemburg.
El movimiento internacional de los trabajadores perdió, con su muerte, uno de sus más nobles espíritus. “El más admirable cerebro entre los sucesores científicos de Marx y Engels”, como dijo Mehring, había dejado de existir. En su vida, como en su muerte, dio todo por la liberación de la humanidad.
Notas
*    Los capítulos corresponden a textos ubicados en la fuente citada: www.marxists.org/espanol/luxem/index.htm
               http://www.marxists.org/espanol/luxem/index.htm
1. No por nada Stalin denuncia a Rosa póstumamente en 1931 como trotskista (véase J.V.Stalin, Works Tomo XII, pp86-104).
2. Había adquirido la nacionalidad alemana mediante un matrimonio simulado con Gustav Lübeck. (N. de la T.)
3. Centrista fue un término que se aplicaba a aquellos que mantenían una posición intermedia, vacilante, entre los revolucionarios consistentes y los reformistas declarados. (N. del T.)

enero 15, 2011 Posted by | BIOGRAFÍA, HISTORIA, POLÍTICA | , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

15 de enero 1919:Muere asesinado Karl Liebknecht

Karl Liebknecht: cofundador del Partido Comunista Alemán (Leipzig, 1871 – Berlín, 1919). Era hijo de Wilhelm Liebknecht (1826-1900), revolucionario socialista amigo de Marx, que había implantado en Alemania la primera Internacional y había fundado con Bebel el Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania, que en 1875 se unificó con el grupo de Lasalle para crear el moderno Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Karl militó en el ala izquierda del SPD y, desde 1912, fue diputado en el Reichstag.

Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo

Al estallar la Primera Guerra Mundial (1914-18) adoptó una postura pacifista, coherente con los ideales internacionalistas que el socialismo había venido sosteniendo. Fue detenido en 1916 durante una manifestación contra la guerra en Berlín; y permaneció en la cárcel hasta que le liberó la revolución de 1918 que derrocó al emperador Guillermo II.

Karl Liebknecht se negó a entrar en el gobierno que formó la mayoría socialdemócrata bajo la presidencia de Ebert y, junto con Rosa Luxemburgo, se escindió formando la Liga de los Espartaquistas (desde 1919 transformada en Partido Comunista Alemán o KPD). Dicho grupo, inspirado por el modelo revolucionario desarrollado por Lenin en Rusia, lanzó su propia revolución en 1919 contra el gobierno republicano de Ebert; la represión del movimiento corrió a cargo del ejército alemán, reforzado con voluntarios monárquicos, y en ella murió asesinado Liebknecht.

Tumba de Karl Liebknecht

enero 14, 2011 Posted by | BIOGRAFÍA, POLÍTICA, Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

28 de noviembre: nace Friedrich Engels (texto: FEDERICO ENGELS por V.I Lenin)

Friedrich Engels

via: guacamayaroja.org.ve/

Engels nació en 1820, en la ciudad de Barmen, provincia renana del reino de Prusia. El 5 de agosto del nuevo calendario (24 de julio) de 1895 falleció en Londres Federico Engels. Después de su amigo Carlos Marx (fallecido en 1883), Engels fue el más notable científico y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado.

Desde que el destino relacionó a Carlos Marx con Federico Engels, la obra a la que ambos amigos consagraron su vida se convirtió en común. Por eso, para comprender lo que Engels ha hecho por el proletariado es necesario entender claramente la importancia de la doctrina y actividad de Marx para el desarrollo del movimiento obrero contemporáneo. Marx y Engels fueron los primeros en demostrar que la clase obrera, con sus reivindicaciones, es el resultado necesario del sistema económico actual que, con la burguesía, crea y organiza inevitablemente al proletariado.

Demostraron que la humanidad se verá liberada de las calamidades que la azotan actualmente, no por los esfuerzos bienintencionados de algunas nobles personalidades, sino por la lucha de clase del proletariado organizado. Marx y Engels fueron los primeros en esclarecer en sus obras científicas que el socialismo no es una invención de soñadores, sino la meta final y el resultado inevitable del desarrollo de las fuerias productivas dentro de la sociedad contemporánea. Toda la historia escrita hasta ahora es la historia de la lucha de clases, del cambio sucesivo en el dominio y en la victoria de una clase social sobre otra. Y esto continuará hasta que desaparezcan las bases de la lucha de clases y del dominio de clase: la propiedad privada y la producción social caótica. Los intereses del proletariado exigen que dichas bascs sean destruidas, por lo que la lucha de clases consciente de los obreros organizados debe ser dirigida contra ellas. Y toda lucha de clases es una lucha política.

En nuestros días todo el proletariado en lucha por su emancipación ha hecho suyos estos conceptos de Marx y de Engels. Pero cuando los dos amigos colaboraban en la década del 40, en las publicaciones socialistas, y participaban en los movimientos sociales de su tiempo, estos puntos de vista eran completamente nuevos. A la sazón había muchos hombres con talento y otros sin él, muchos honestos y otros deshonestos, que en el ardor de la lucha por la libertad política, en la lucha contra la autocracia de los zares, de la policía y del clero, no percibían el antagonismo existente entre los intereses de la burguesía y los del proletariado.

Esos hombres no admitían siquiera la idea de que los obreros actuasen como una fuerza social independiente. Por otra parte, hubo muchos soñadores, algunas veces geniales, que creían que bastaba convencer a los gobernantes y a las clases dominantes de la injusticia del régimen social existente para que resultara fácil implantar en el mundo la paz y el bienestar general. Soñaban con un socialismo sin lucha. Finalmente, casi todos los socialistas de aquella época, y en general los amigos de la clase obrera, sólo veían en el proletariado una lacra y contemplaban con horror cómo, a la par que crecía la indus tria, crecía también esa lacra. Por eso todos ellos pensaban cómo detener el desarrollo de la industria y del proletariado, detener “la rueda de la historia”. Contrariamente al miedo general ante el desarrollo del proletariado, Marx y Engels cifraban todas sus esperanzas en su continuo crecimiento. Cuantos más proletarios haya, tanto mayor será su fuerza como clase revolucionaria, y tanto más próximo y posible ser á el socialismo. Podrían expresarse en pocas palabras los servicios prestados por Marx y Engels a la clase obrera diciendo que le enseñaron a conocerse y a tomar conciencia de sí misma, y sustituyeron las quimeras por la ciencia.

He ahí por qué el nombre y la vida de Engels deben ser conocidos por todo obrero; tal es el motivo de que incluyamos en nuestra recopilación — que como todo lo que editamos tiene por objeto despertar la conciencia de clase de los obreros rusos — un esbozo sobre la vida y la actividad de Federico Engels, uno de los dos grandes maestros del proletariado contemporáneo.

Engels nació en 1820, en la ciudad de Barmen, provincia renana del reino de Prusia. Su padre era fabricante. En 1838, se vio obligado por motivos farniliares, antes de terminar los estudios secundarios, a emplearse como dependiente en una casa de comercio de Bremen. Este trabajo no le impidió ocuparse de su capacitación científica y política. Cuando era todavía estudiante secundario, llegó a odiar la autocracia y la arbitrariedad de los funcionarios. El estudio de la filosofía lo llevó aún más lejos. En aquella época predominaba en la filosofía alemana la doctrina de Hegel, de la que Engels se hizo partidario. A pesar de que el propio Hegel era admirador del Estado absolutista prusiano, a cuyo servicio se hallaba como profesor de la Universidad de Berlín, su doctrina era revolucionaria. La fe de Hegel en la razón humana y en los derechos de ésta, y la tesis fundamental de la filosofía hegeliana, según la cual existe en el mundo un constante proceso de cambio y desarrollo, condujeron a los discípulos del filósofo berlinés que no querían aceptar la realidad, a la idea de que la lucha contra esa realidad, la lucha contra la injusticia existente y el mal reinante procede también de la ley universal del desarrollo perpetuo.

Si todo se desarrolla, si ciertas instituciones son remplazadas por otras, ¿por qué, entonces, deben perdurar eternamente el absolutismo del rey prusiano o del zar ruso, el enriquecimiento de una ínfima minoría a expensas de la inmensa mayoría, el dominio de la burguesía sobre el pueblo? La filosofía de Hegel hablaba del desarrollo del espíritu y de las ideas: era idealista. Del desarrollo del espíritu deducía el de la naturaleza, el del hombre y el de las relaciones entre los hombres en la sociedad. Marx y Engels conservaron la idea de Hegel sobre el perpetuo proceso de desarrollo *, y rechazaron su preconcebida concepción idealista; el estudio de la vida real les mostró que el desarrollo del espíritu no explica el de la naturaleza, sino que por el contrario conviene explicar el espíritu a partir de la naturaleza, de la materia. . . Contrariamente a Hegel y otros hegelianos, Marx y Engels eran materialistas. Enfocaron el mundo y la humanidad desde el punto de vista materialista, y comprobaron que, así como todos los fenómenos de la naturaleza tienen causas materiales, así también el desarrollo de la sociedad humana está condicionado por el de fuerzas materiales, las fuerzas productivas. Del desarrollo de estas últimas dependen las relaciones que se establecen entre los hombres en el proceso de producción de los objetos necesarios para satisfacer sus necesidades. Y son dichas relaciones las que explican todos los fenómenos de la vida social, las aspiraciones del hombre, sus ideas y sus leyes.

El desarrollo de las fuerzas productivas crea las relaciones sociales, que se basan en la propiedad privada; pero hoy vemos también cómo ese mismo desarrollo de las fuerzas productivas priva a la mayoría de toda propiedad para concentrarla en manos de una ínfima minoría. Destruye la propiedad, base del régimen social contemporáneo, y tiende por sí mismo al mismo fin que se han planteado los socialistas. Estos sólo deben comprender cuál es la fuerza social que por su situación en la sociedad contemporánea está interesada en la realización del socialismo, e inculcar a esa fuerza la conciencia de sus intereses y de su misión histórica. Esta fuerza es el proletariado. Engels lo conoció en Inglaterra, en Manchester, centro de la industria inglesa, adonde se trasladó en 1842 para trabajar en una firma comercial de la que su padre era accionista. Engels no se limitó a permanecer en la oficina de la fábrica, sino que recorrió los sórdidos barrios en los que se albergaban los obreros y vio con sus propios ojos su miseria y sufrimientos. No se limitó a observar personalmente; leyó todo lo que se había escrito hasta entonces sobre la situación de la clase obrera inglesa y estudió minuciosamente todos los documentos oficiales que estaban a su alcance. Como fruto de sus observaciones y estudios apareció en 1845 su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra. Ya hemos señalado más arriba cuál fue el mérito principal de Engels como autor de dicho libro. Es cierto que antes que él muchos otros describieron los padecimientos del proletariado y señalaron la necesidad de ayudarlo. Pero Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no es sólo una clase que sufre, sino que la vergonzosa situación económica en que se encuentra lo impulsa inconteniblemente hacia adelante y lo obliga a luchar por su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a sí mismo.

El movimiento político de la clase obrera llevará ineludiblemente a los trabajadores a darse cuenta de que no les queda otra salida que el socialismo. A su vez, éste sólo será una fuerza cuando se convierta en el objetivo de la lucha política de la clase obrera. Estas son las ideas fundamentales del libro de Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra, ideas que todo el proletariado que piensa y lucha ha hecho suyas, pero que entonces eran completamente nuevas. Fueron expuestas en un libro cautivante en el que se describe del modo más fidedigno y patético las penurias que sufría el proletariado inglés. La obra constituía una terrible acusación contra el capitalismo y la burguesía. La impresión que produjo fue muy grande. En todas partes comenzaron a citar la obra como el cuadro que mejor representaba la situación del proletariado contemporáneo. Y en efecto, ni antes de 1845, ni después, ha aparecido una descripción tan brillante y veraz de los padecimientos de la clase obrera.

Por:
V. I. Lenin

Consulte el Artículo Completo
http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1890s/engels

noviembre 27, 2010 Posted by | BIOGRAFÍA, ECONOMÍA, HISTORIA, POLÍTICA, Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

28 de noviembre de 1820: Nace Friedrich Engels,Barmen-Elberfeld (hoy Wuppertal), Renania, Prusia (Alemania).

Nace Friedrich Engels, brillante Ideólogo y fundador, con Karl Marx, de los fundamentos científicos del socialismo.

Friedrich Engels

El 28 de noviembre de 1820, nació en Barmen-Elberfeld (hoy Wuppertal), Renania, Prusia (Alemania), Friedrich Engels, ideólogo y fundador, al lado de Karl Marx, de los fundamentos científicos del socialismo. Su padre era un industrial de sólida fortuna.

Engels estudió en la universidad de Berlín, donde se vinculó a jóvenes hegelianos seguidores de la concepción filosófica del “cambio y desarrollo perpetuo” y comenzó a estudiar a profundidad el sistema capitalista. En 1842 conoció a Karl Marx, con quien inició una amistad y cooperación ideológica que se prolongaría hasta la muerte de Marx. En 1845 estudió La condición de la clase obrera en Inglaterra. En esta obra, Engels no sólo describe la situación de miseria y explotación de los obreros, sino que establece cómo esta situación los impulsará a la lucha política por su emancipación. A partir de entonces se inició una estrecha colaboración entre Engels y Marx. Juntos publicaron La Sagrada Familia, una aguda crítica a las ideas de los hermanos Bruno y Edgar Bauer, donde están contenidas las bases del socialismo revolucionario. En 1848 redactaron la más famosa y más editada de sus obras, El Manifiesto Comunista, del que dice Vladimir I. Ulianov (Lenin): “Este pequeño libro vale por tomos enteros; su espíritu da vida y movimiento, hoy día inspira a todo el proletariado organizado y combatiente del mundo”.

Igual que Marx, Friedrich Engels no fue exclusivamente un teórico sino un participante activo en la organización y luchas de los trabajadores. En 1848, desde la dirección de Liga de los Comunistas y las páginas de la Nueva Gaceta del Rin, prestó solidaridad a las insurgencias revolucionarias de Europa. Engels, después de combatir en las barricadas, se vio obligado a huir a Londres (Reino Unido) a través de Suiza cuando la insurrección fue derrotada. En Inglaterra, Friedrich Engels desarrolló una amplia labor ideológica. El Anti-Duhring, El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, Ludwing Feuerbach, Del socialismo utópico al socialismo científico y numerosos artículos en periódicos y revistas fueron el resultado.

En 1864, Engels y Marx fundaron la Asociación Internacional de los Trabajadores, conocida como la Primera Internacional. Después de muerto Marx, Engels redactó y editó los tomos segundo y tercero de El Capital. Marx y Engels dejaron sentado en sus obras que el socialismo no es un invento de soñadores sino el resultado final e inevitable del desarrollo de la sociedad. Engels murió en Londres el 5 de agosto de 1895.

vía Diariovea – Tal día como hoy.

noviembre 27, 2010 Posted by | BIOGRAFÍA, ECONOMÍA, HISTORIA, POLÍTICA | , , , , , , , , , | Deja un comentario