Taimaboffil's Blog

A la mujer, jóvenes y niñ@s, con pretendida óptica revolucionaria.

NUESTRA AMERICA: JOSE MARTI

Por su natalicio, HOY,  hemos transcrito este maravilloso texto suyo, como homenaje al Grande Prócer cubano de América.

José Martí

       Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.

No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una, las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.

A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre? ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y va de menos a más; estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de más a menos! ¿Estos delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de hombres! Pues el Washington que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir con los ingleses, a vivir con los ingleses en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos «increíbles» del honor, que lo arrastran por el suelo extranjero, como los increíbles de la Revolución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las erres!

Ni ¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas.

Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña.

 

La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyès no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar

bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas.

 

El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país

La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.

Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto les hicieron traición. Las repúblicas han purgado

en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.

En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos

gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con su mano, allí donde los cultos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se lo sacude y gobierna ella. ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en

que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia

acumulada de los libros, porque no se administra en acuerdos con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento es el único modo de librarlo de tiranías.

La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido; que no hay

patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.

Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, venimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer alzan en México la república, en hombros de los indios. Un canónigo español, a la sombra de su capa, instruye la libertad francesa a unos cuantos

bachilleres magníficos, que ponen de jefe de Centro América contra España al general de España. Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por el Sur. Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas. Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los  poderes arrollados en la arremetida épica zapaban, con la cautela felina de la especie y el peso de lo real, el edificio que habían izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica de las colonias resistía la organización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota y potro, o los redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó con el alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella,entró a padecer América, y padece, de la fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso, y las ideas y formas importadas que han venido retardando, por su falta de realidad local, el gobierno lógico. El continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de unos sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu.

Con los oprimidos había que hacer una causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima. La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros -de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen-, por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina.

 Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.

Pero «estos países se salvarán», como anunció Rivadavia el argentino, el que pecó de finura en tiempos crudos; al machete no le va vaina de seda, ni el país que se ganó con lanzón se puede echar el lanzón atrás, porque se enoja y se pone en la puerta del Congreso de Iturbide «a que le hagan emperador al

rubio». Estos países se salvarán porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.

Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre la olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra

su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga; en desestancar al indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por

ella. Nos quedó el oidor, y el general, y el letrado, y el prebendado. La juventud angélica, como de los brazos de un pulpo, echaba al Cielo, para caer con gloria estéril, la cabeza, coronada de nubes. El pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego de triunfo, los bastones de oro. Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa e inerte, se empieza, como sin saberlo, a probar el amor.

Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. «¿Cómo somos?» se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son. Cuando aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución a Dantzig. Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura del sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república.

El tigre de adentro se echa por al hendija, y el tigre de afuera. El general sujeta en la marcha la caballería al paso de los infantes. O si deja a la zaga a los infantes, le envuelve el enemigo la caballería. Estrategia es política. Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos!

¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Echar, bullendo y rebotando, por las venas, la sangre natural del país! En pie, con los ojos alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la Naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos traen los caracteres nativos a la escena. Las academias discuten temas viables. La poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa, centelleante y cernida, va cargada de idea. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio.

De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a una pompa de jabón; el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran, con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril. Otras crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos viriles; como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encarar y desviarla; como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa o la discordia parricida de nuestra América, el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por el respeto,luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra hbgvºpara quien no les dice a tiempo la verdad.

No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la Naturaleza, donde resalta en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas. Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o de precipitación del carácter acumulado del país,trocarse en amenaza grave para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la  vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras; ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor de la Historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas; ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!

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enero 30, 2010 Posted by | HISTORIA, LITERATURA, LO CULTURAL/IDEOLOGICO, POESÍA, POLÍTICA | , , , | Deja un comentario

CHINO VALERA MORA

 
Víctor Valera Mora (Valera, 1935-Caracas, 1984).Poeta, sociólogo.En su Nueva Antología y Obras Completas se han incluido en su totalidad los textos de los libros Canción del soldado justo (1961) y Con un pie en el estribo (1962), una selección de su libro capital Amanecí de bala (1971), así como de 70 poemas stalinistas (1979), y textos de su libro póstumo Del ridículo arte de componer poesía (1979-1984).
Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor
En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor
Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el
[rostro de ella
De qué color es la piel de una mujer que recién ha hecho
[el amor
De qué modo se sienta una mujer que recién ha hecho
[el amor
Saludará a sus amistades
Pensará que en otros países está nevando
Encenderá y consumirá un cigarrillo
Desnuda en el baño dará vuelta
a la llave del agua fría o del agua caliente
Dará vuelta a las dos a la vez
Cómo se arrodilla una mujer que recién ha hecho el amor
Soñará que la felicidad es un viaje por barco
Regresará a la niñez o más allá de la niñez
Cruzará ríos montañas llanuras noches domésticas

Dormirá con el sol sobre los ojos
Amanecerá triste alegre vertiginosa
Bello cuerpo de mujer
que no fue dócil ni amable ni sabio

enero 13, 2010 Posted by | LITERATURA, POESÍA | , | Deja un comentario

CARMEN CLEMENTE TRAVIESO

 

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Copyright 2003. Colección del CIC -UCAB

Notable periodista e insigne caraqueña, de formación autodidacta, luchó por los derechos sociales, económicos y políticos de la mujer y del pueblo venezolano. Reportera de calle, escritora, investigadora y periodista, esta osada y valerosa mujer dedicó su vida a difundir, por medio de sus escritos y crónicas, la realidad de Venezuela, sus tradiciones e historia, así como las biografías de los personajes que formaron parte importante del pasado del país. Fue una de las primeras mujeres que se atrevió a salir a reportear.

Se distinguió en la lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) y, años más tarde, colaboró con quienes se opusieron al gobierno autoritario de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958). Se destacó por su trabajo en importantes diarios venezolanos como Ahora, Aquí Está, Hoy, El Nacional, El Universal, Últimas Noticias;y en las revistas Élite, Páginas y Estampas.

Su lucha contra la opresión femenina quedó principalmente plasmada en el diario Ahora, donde durante 10 años dirigió la página Cultura de la Mujer de la Agrupación Cultural Femenina (ACF), de la cual fue fundadora y miembro activo. También se desempeñó como una excelente escritora de ensayos, cuentos y biografías, algunos de los cuales fueron premiados.

Su preocupación por enaltecer a la mujer y por conservar el patrimonio histórico venezolano, la llevó a publicar libros como Mujeres venezolanas y otros reportajes (1951), Teresa Carreño (1953), Las Esquinas de Caracas (1956), Mujeres de la Independencia (1965), Anécdotas y leyendas de la Vieja Caracas (1971), y La Mujer en el Pasado y en el Presente (1976). Carmen Clemente Travieso murió en Caracas el 24 de enero de 1983.

Fuente: Ojeda, M., y Viaña, M. (1994).Vida y Obra de una Pionera del Periodismo. Carmen Clemente Travieso: Pasión, Acción y Compromiso. Trabajo de grado. Universidad Católica Andrés Bello, Caracas.

 

 

enero 12, 2010 Posted by | BIOGRAFÍA, HISTORIA, LITERATURA, PERIODISMO, POLÍTICA | | Deja un comentario

Sor Juana Inés de la Cruz: Feminismo Barroco

Luciana Mc Namara / ENcontrARTE

 

Según sus biógrafos, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (de Asuaje, para algunos), conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, con tres años de diferencia nació dos veces. La primera bajo la constelación de Escorpio en el año de 1648 y la segunda con la de sagitario en 1651, ambas, eso sí es seguro, en la hacienda San Miguel de Nepantla, en un pueblito del valle de México cercano a Amecameca que pertenecía para ese entonces a su abuelo materno don Pedro Ramírez.

Juana Inés fue la hija de una criolla adinerada, Isabel Ramírez de Santillana y de un español escurridizo, vizcaíno Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca, militar español oriundo de Vergara, en la provincia vasca de Guipúzcoa cuya conducta, dejó a Juana bajo la sombra de hija ilegítima, cosa grave en aquellos días de la Nueva España mexicana. No obstante la pequeña demostró muy rápido sus habilidades. Aprendió a leer con su hermana mayor a los tres años a escondidas de doña Isabel, su madre. “Me encendí yo de manera en el deseo de saber leer, que engañando, a mi parecer, a la maestra, le dije que mi madre ordenaba me diese lección.” Entre lecciones clandestinas y juegos de niños, Juana descubrió el náhuatl, el castellano y luego un poco más tarde el latín de manera autodidacta que aprendió en veinte lecciones. Su facilidad con los idiomas le permitió comunicarse con sus amigos indígenas, criollos y además con media Europa, como dice Octavio Paz en el libro: Las Trampas de la fe.

Durante su infancia Juana no sólo oyó las historias de su tierra, entre chilaquiles y nopales en la cocina de humo, sino que descubrió la biblioteca del abuelo, que para ser biblioteca de hacienda en aquellas remotas épocas estaba muy bien surtida. Poco a poco se hizo aficionada a los libros, sobre todo a los de teología y los textos griegos y romanos clásicos. Sin perturbar a nadie, a los 8 años ya había leído a Virgilio, Ovidio, Séneca, Lucrecio y su De Rerum Natura bajo la tutela de su abuelo quien solía acompañarla durante sus largas horas de lectura. A esa misma edad escribió una loa eucarística para la fiesta de Corpus que dejó boquiabiertos a muchos personajes importantes del momento y deseaba con fervor ir a la universidad, la institución educativa escolástica de mayor importancia para la época, dirigida, por supuesto, por estrictas doctrinas religiosas.

A la muerte de su abuelo, en 1656, su madre la envió a la capital a vivir a la casa de su hermana, María Ramírez, esposa del acaudalado Juan de Mata. Según ella misma cuenta, estudiaba constantemente de manera apasionada y era tal su obsesión que llegó a recurrir a métodos auto-coercitivos como cortarse el cabello poniendo como plazo el tiempo que llevara volver a crecerle para aprender algo que deseaba intensamente. En Ciudad de México aprende latín en veinte lecciones con el bachiller Martín de Olivas, bastándole solamente esas pocas para dominar la lengua, permitiéndole continuar explorando lecturas de contenido filosófico y teológico pasando a ser considerada como una niña prodigio a los que todos deseaban conocer. Es así que comienza a frecuentar a la alta sociedad la cual se interesa no sólo en su impresionante inteligencia sino también en su sonada belleza.

Cuando cumple los dieciséis, en 1664, sus tíos la introducen en la corte virreinal novo hispana. Hay muy pocos datos biográficos de este tiempo mas, se conoce que se ganó rápidamente el cariño de la virreina Leonor María Carreto, marquesa de Mancera y que fue admitida como parte de la corte al servicio de esta. Allí permanece hasta los veinte años desarrollando un increíble y multifacético talento tanto para las matemáticas, como para la filosofía, la música, la observación y experimentación científica, las letras y la teología. Aunque incursionar en estos temas era sólo terreno de hombres, a Juana se le otorgó cierta concesión por su especial virtud. Los virreyes protegieron a Juana Inés de manera decidida en todos sus caprichos. Sobre todo la marquesa de Mancera quien había desarrollado un amor especial por la joven. Se cuenta que el virrey Antonio Sebastián de Toledo, asombrado por la sapiencia demostrada por Juana, convocó a cuarenta letrados de varias facultades para que fuera sometida a una prueba extraordinaria de conocimiento y ésta, dejando sin argumentos a los académicos, respondió cada una de las preguntas, razonamientos y réplicas superando el examen en condiciones de excelencia.


Durante el siglo XVII a la mujer no se le estaba permitido adentrarse en el conocimiento, sólo debía cumplir con el rol de esposa y madre, creyente y sumisa. Juana, alcanzó un nivel que a muchos molestaba, sumado el rechazo que tenía a la idea de matrimonio que dentro de la vida cortesana jugueteaba con ella sin descanso. Llegaba a hora de la decisión. Su edad y los compromisos de la época la presionaban. Harta de la vida cortesana y sin muchas opciones por delante, decide entrar a un convento porque, “para la total negación que tengo al matrimonio es lo más decente que puedo elegir en materia de la seguridad de mi salvación”. Juana Inés el convento al matrimonio para seguir gozando de sus aficiones intelectuales: «Vivir sola… no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros», escribió.

Fue el padre Núñez de Miranda, confesor de los virreyes y de la propia Juana, quien, al parecer, al saber que la jovencita no deseaba casarse le propuso escoger el camino de la fe. De esta manera, a los diecinueve años, entró primero al convento de San José de las Carmelitas Descalzas el 14 de agosto de 1667 saliendo de ahí a los tres meses por la severidad de la regla y el rigor de la orden que, de hecho, la llevan a enfermarse. Luego permanece un año y medio en palacio, del que se cuenta que durante ese tiempo conoció el amor y la decepción, ya que su condición de hija natural no le permitía ostentar un linaje sin mancha. para después ingresar a la mucho más flexible orden de clausura de las Jerónimas en el convento de Santa Paula donde, por fin profesó el 24 de febrero de 1669 convirtiéndose en Sor Juana Inés de la Cruz. Allí Sor Juana escribió la mayor parte de su obra y alcanzó la madurez literaria, pues pudo compartir sus labores de contadora y archivista del convento con una profunda dedicación a sus estudios. Aunque le fue ofrecido el lugar de Abadesa del convento, Sor Juana lo rechazó en dos oportunidades.

En Santa Paula, Sor Juana estaba instalada en una celda -individual y espaciosa- de dos pisos en los cuales acumulaba todo tipo de artefactos para sus estudios y valiosos libros que las hermanas a su servicio limpiaban del polvo constantemente. Allí realizó experimentos científicos y astronómicos; y llegó a poseer una biblioteca personal de aproximadamente 4.000 volúmenes, (considerada la biblioteca más rica de su tiempo) además de sus instrumentos musicales, medición, experimentación y mapas de toda índole. Pasó la vida escribiendo versos sacros y profanos, villancicos para festividades religiosas (San Pedro, Santa Catarina, Navidad…) autos sacramentales y dos comedias. Llegó a tener conocimientos profundos en astronomía, matemáticas, lengua, filosofía, mitología, historia, teología, música y pintura, por citar solamente algunas de sus disciplinas favoritas. Y tal era su distinguida popularidad que, su celda, habíase transformado en punto de reunión de académicos, jueces, poetas e intelectuales como Carlos de Sigüenza y Góngora, pariente y admirador del poeta cordobés, cuya obra introdujo en el virreinato.

Famosa aún dentro del claustro, constantemente era llamada para escribir obras por encargo -décimas, sonetos, liras, rondillas, obras de teatro, etc.-, que iban desde profundos temas religiosos hasta los más profanos. Su exquisitez de palabra escrita en verso por la tendencia de la época, “cuajaba en composiciones que constituían verdaderos logogríficos del intelecto, en donde se vestía a la idea con un ropaje enfarragoso, para luego gozar en desnudarla. Al respecto ha dicho un autor que “en tal época hablar claro era un pecado”. La producción de Sor Juana en su gran mayoría poética, con todo y ser presa de la misma afectación, por su sinceridad y fuerza alcanza tonos desconocidos de sus contemporáneos, en grado tal que, hay quienes piensan que ella y Juan Ruiz de Alarcón, integran “la mayor gloria de México virreinal”; más aún: que únicamente por Sor Juana se salva la literatura del siglo XVII, que era cultivada por “poetas sin condiciones de cultura ni talento”.Cuando el nuevo virrey Tomás Antonio de la Cerda, marqués de la Laguna, junto a su esposa, Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, arriban a México en 1680 a Sor Juana le fue encargada de crear el Arco Triunfal en honor de los virreyes de la Laguna. Así llega a la concepción del formidable y alabado Neptuno Alegórico, cuya barroca y magnífica “fabrica” le abrió las puertas de palacio y la convirtió en favorita de los virreyes, sus mecenas. Sor Juana y la Condesa de Paredes entablaron una estrecha amistad al punto de que la sacerdotisa escribe cientos de poemas dedicados a Lisi o Lísida, como llamó a la marquesa y que, según opiniones de muchos analistas y ávidos lectores, su contenido es tan apasionado y encendido que le atribuyen rasgos de homosexualidad.

Mientras tanto su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, le reprochaba constantemente que se ocupara de temas mundanos y no religiosos. El frecuente contacto con las más altas personalidades de la época y su gran fama intelectual, desencadenó la ira del padre, principalmente después de que Sor Juana fuese elegida para realizar el “Arco Triunfal”. Pero Juana continuó con su trabajo por encargo apoyada por los virreyes. De 1680 a 1688, es una época de gran producción literaria en la que abundan admirables sonetos, silvas, endechas, glosas, liras, quintillas, décimas, redondillas, ovillejos amorosos, religiosos, filosóficos y satíricos, numerosos romances, composiciones en las que destaca su gran variedad de metros y estrofas. Esta cualidad la coloca entre los más altos poetas de su período, apenas igualada por ninguno anterior. En los villancicos, quizá uno de los aspectos menos estudiados de su obra, despliega la mayor riqueza.

Obras de todo género y tipo, cortesanas y religiosas, se van acumulando en su producción: comedias de enredo, Los empeños de una casa, La segunda Celestina, tal vez escrita con Agustín Salazar y Torres; la comedia mitológica Amor es más laberinto, escrita con Juan de Guevara; autos sacramentales: El Divino Narciso, El cetro de José, San Hermenegildo, en los que utilizando la poética de Calderón de la Barca nunca desmerece de su modelo; en las loas que preceden a los dos primeros autos mencionados se reitera la relación de los sacrificios humanos aztecas con la Eucaristía, concediéndole derecho de existencia a la religión azteca.

Sin embargo la perversidad humana continuaba acechándola de cerca. No faltaron los obstáculos y obcecaciones de las mentes conservadoras que lucharon hasta extinguir esa llama de sabiduría femenina, prohibida por leyes retrogradas que obedecían a intereses muy personales. Juana creyó intuir y disolver el problema deshaciéndose de su confesor Antonio Núñez de Miranda bajo la protección de la entonces virreina, marquesa de la Laguna (según se deduce de la recientemente descubierta Carta al Padre Núñez, escrita en 1682, que muestra una faceta polémica y argumentativa de la poetisa). Pero no fue así, y pronto el mundo se le vendría abajo. La pareja de virreyes permaneció en México hasta el año de 1688. Y a partir de entonces Sor Juana queda desolada y comienza a ser el blanco de críticas, frustraciones ajenas y el centro de terribles ataques misóginos.

 

Mientras la condesa ayudaba a publicar en Madrid la primera edición del libro Inundación Castálida, -que reúne buena parte de la obra poética de Sor Juana Inés de la Cruz- alrededor de 1689; en México (o Nueva España) era publicado sin su permiso, una carta en la que ella hacía una contundente crítica al famoso sermón del Jesuita portugués Antonio de Vieyra, muy afamado teólogo de la época con el extenso título de Carta atenagórica de la madre Juana Inés de la Cruz, religiosa profesa de velo y coro en el muy religioso convento de San Jerónimo que imprime y dedica a la misma Sor Filotea de la Cruz, su estudiosa aficionada en el convento de la Santísima Trinidad de Puebla de los Ángeles. El curioso seudónimo femenino de Sor Filotea de la Cruz fue adoptado por nada menos que su supuesto amigo, el Obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, quien acompaña el texto escribiendo una carta amonestándola por su preocupación en temas mundanos y por su ignorancia en los asuntos bíblicos, tanto en su poesía como en su estudio. Aun reconociendo el talento de la autora, el Obispo le recomendaba que se dedicara a la vida monástica, más acorde con su condición de monja y mujer que a la reflexión teológica, ejercicio reservado sólo para hombres.

Sor Juana escribió una energica réplica, la famosa Respuesta a Sor Filotea, la cual fue considerada como el primer manifiesto feminista de todos los tiempos. La máxima jerarquía eclesiástica, particularmente el arzobispo Aguiar y Sejías, comenzó un ataque cada vez más abierto, exigiendo que Sor Juana renuncie a sus libros y a todos sus estudios mundanos. Sin embargo ella desafió la autoridad y continuó escribiendo. Esta vez, un grupo de villancicos sobre la vida de Santa Catharina de Alejandría en los cuales se perciben un desafiante tono feminista.

Aunque en 1692 a Sor Juana se le otorgaron dos reconocimientos principales en el concurso universitario “Triunfo Parténico”, ya la sociedad del momento la había vetado. Poco después fue obligada a deshacerse de toda su biblioteca y aparatos acumulados en su recinto y obligada a dedicarse exclusivamente a los asuntos conventuales. Así que, así murió, entregada a la vida religiosa, mientras ayudaba a sus compañeras enfermas durante la epidemia de cólera que asoló México en el año 1695.

 

 

diciembre 4, 2009 Posted by | BIOGRAFÍA, HISTORIA, LITERATURA, POESÍA, Religión | , , , , , | 1 comentario

Pocas palabras para la muerte y la poesía.

5135dc25b58c0b74030bbb089984e096Mora TorresPublicado el 11 de Noviembre de 2009 por Mora Torres

La santidad del poeta, que existe en realidad, le viene por estar distraído del mundo (El lugar de las devociones). Uno cuando come no es poeta, uno cuando fuma no es poeta, y no porque esas tareas sean convencionalmente “prosaicas”. El poeta hace viajes fuera del mundo y percibe (Los Mecanismos Físicos y Metafísicos de la Existencia Relativa); el poeta es ocasional, viajeramente poeta. Cuanto más permanece en su condición, más adquiere esa pureza, esa incontaminación, que hace al santo. No es difícil verlo. Pero más allá, estoy empezando a Ver (Hacia la Construcción de una Logoterapia Organizacional) VEO: me pregunté esta tarde por el deseo de lo Más y lo Mejor. Ser el más inteligente, bueno, y bello. Ser el Mejor poeta. El trabajo es silencio, es Menos (Significado y motivación del trabajo). El trabajo del poeta es silencio (Hacia una pedagogía del silencio). Volver milagro las palabras (Vírgenes negras), hacerlas sonar, se hace en pleno silencio. Por eso escribí un verso que cuenta telarañas. Que ninguna vibración invada el trabajo del poeta para que no se rompan esas telas que se rompen con suspiros apenas; telas de telaraña que son los signos que el poeta descifra y traduce. Quiero: trabajar en silencio, en modestia, casi en misticismo, digamos en ascesis, la poesía de mi alma que es como la poesía de todas las almas (Carta a los adolescentes infames). Lo que me diferencia es, en los que no son poetas -o no trabajan la poesía- que ellos no lo saben o, acaso, no lo desean. Pero el que Ve del todo lo desea. Quiero quedarme quieta, silenciosa, sin guerras interiores; dar mi poema. “He tenido mi visión”, dice la pintora de Al faro, de Virginia Woolf (Literaturas) Cada poeta que se sabe así, debe dar un fragmento, buscarlo hasta tallarlo, conseguirlo, revolver cielo y tierra hasta eso, su fragmento. No abatirse por lo innumerable, por lo genial, que ya está dado. Ninguna biblioteca está completa hasta que no contenga ese fragmento (El sentido de Babel). Trabajo velado, silencioso, de mendigo, sin fastos, sin fiesta, sin dinero (El Dinero). El más lujoso del hombre, sin embargo (Las siete maravillas del mundo). ¿Y por qué el Más? ¿Por qué el Mejor? ¿Por qué el Más? ¿No era que debían eliminarse el Más, el Mejor? Sí lujoso, no el Más. Quise contrastar, perdón. Sin más, en vías del menos en realidad. Existe lo menor. Lo que no existe es lo mayor. Es precioso. No es lo más precioso. No es lo menos precioso. Conseguir un poema, una vida, un soplo. Un instante de paz. Un poco de belleza, éxtasis, perfumes. Transmutar lo horrible en palabras que no sean horribles y formando lo hermoso digan lo horrible, tarea de poetas. Pero no la única tarea del hombre. Tarea mía y de otros, no de todos. Hay otras. Ninguna Más ni Menos importante. Hay otras caras que han sido bellas. Unas fueron particular, individual o deformadamente bellas. Otras tuvieron la belleza que todos ven. Ninguna fue la más bella. Y la inteligencia… Oh, Dios, dame inteligencia para pensar sobre la inteligencia. Creo con sinceridad y quizá con locura que el hombre está equivocado. Belleza, bondad, inteligencia, talento: mundo suave. La santidad y la poesía se hacen con materia distinta: Atravesar el papel hasta lo desconocido, con música de solas palabras, poner los dedos en la luna con la mirada, irse hacia dentro del espejo más. Atravesar el papel y por ese agujero llegar al conocimiento íntimo de lo extraño, esto quiero fijar en un poema que tenga lo menos posible de palabras, incendiar las páginas como hojas resecas que se queman para ordenar el paisaje, incendiar y agujerear el papel hasta lo inconcebible que será concebido en ese lugar de llegar en el preciso momento de llegar cuando caigan los velos. Perdón, voy a hablar de la muerte Debo escribir lo que es la muerte para mí, pero con sinceridad, sin subterfugios: un horror sagrado del mármol y el olor descompuesto de las flores y de la ceremonia y el cajón. En el fondo, y no quisiera hacer una acotación excesivamente cruel o cínica, para curarme del espanto de la muerte bastaría con que los muertos desaparecieran, fueran ocultados al morir. Uno se entera de que alguien murió y puede llorar sin pompa su ausencia; nada ve de la carne de los muertos. ¿Por qué ocuparse los vivos de la carne muerta? ¿Qué ansiamos proteger, qué guardar? La muerte debería ser una desintegración en humo, y aun este humo, invisible. ¿Y si los científicos encontraran el modo? Dirían: qué infame el progreso, cómo deshumaniza a la muerte. Pero la muerte es inhumana, y en realidad nada mejor que su deshumanización. ¿Qué son los muertos ahora? O sólo polvo o algo más que humanos. Y como nunca sabremos desde acá…

noviembre 12, 2009 Posted by | LITERATURA, NARRATIVA, POESÍA, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Las palabras obscenas entre las azucenas

Editorial Monografias.com 

Publicado el 4 de Noviembre de 2009 por Mora Torres5135dc25b58c0b74030bbb089984e096Mora Torres

Me digo -con humor (Sentido de humor y perfeccionismo)- que últimamente estoy tocando temas algo desenfrenados, y siempre referidos a lo sexual (Crítica a la moral sexual autoritaria).

Yo, tan seriecita desde joven (Identidad juvenil), ¿seré confundida con una pornógrafa?

Mis entradas, ¿serán buscadas con frenesí en Internet, como se buscan las “malolientes” páginas de pornografía? (Consideraciones de carácter ético y moral en el desarrollo de Internet)

Bueno, no me contesten, ya sé que no. Era sólo una broma (Más allá y más acá del Feminismo) para celebrar la erotización de mis últimos escritos (La transmutación de la escritura).

¿Y por qué no agasajar a Eros, a Eros que está vivo todavía, y no al doliente Tánatos? (La muerte en la historia)

El cuento (El cuento y sus características) que transcribo para ustedes es inédito pero fue escrito ya hace unos años. Pretende ser el extracto del diario de una mujercita muy libre y singular, castigada por estas dos hermosas virtudes al punto de ser internada en un colegio de monjas.

En mis tiempos -y en la Argentina- se llamaban “pupilas” las niñas que vivían en colegios privados lejos de su familia, y hasta a veces muy lejos, en otros países.

Niñas ricas de tintes melancólicos, blancos en Suiza, por ejemplo (Suiza).

Gracias a Dios, fui de escasas posesiones durante toda mi vida.

Las palabras obscenas entre las azucenas

(del diario de una adolescente de hace 40 años)

1970

Sé que soy un prodigio. Yo pronuncio terribles blasfemias o las peores malas palabras y tienen un valor. Yo digo la palabra azucena y tiene otro. Si mezclo las palabras tienen otro valor, ninguna es despreciable.

Yo puedo ir más allá. Sé que soy un prodigio, dije, y no dije de qué: de obscenidad. Nadie sabe que en su oscuro cuartito se ocultan los tesoros, las joyas, los rubíes, las perlas.

Un rubí era cuando yo me tocaba, sola en mi cuarto. Si no estaba sola era mucho mejor, era un diamante. Un muchacho me hundía, me atravesaba con su miembro. Y digo miembro pero conozco todas las palabras obscenas en todos los idiomas obscenos, y es por eso, ¿por eso?, que yo estoy encerrada.

Estoy pupila, pero más que pupila. Estricta vigilancia.

Una monja pasa y me mira mientras voy escribiendo.

Me vigila.

Sabe a qué puedo llegar -yo no lo sé muy bien.

La monja tiene miedo de que yo sea demasiado inteligente, me mira como si fuera una estrella negra, en realidad me admira. No me puede dejar de mirar.

Esto va más allá de “estricta vigilancia”.

Siente curiosidad, quiere mirarme el alma, y mi alma es preciosa.

Es redonda y preciosa, perfecta como un círculo, aunque junte tinieblas, como el ombligo junta mugre. “Juntatinieblas”, ese nombre le puse.

¿De un ramo de flores blancas no caen abismos?, abismos que me gustan, siempre que leo un libro y dice abismos yo dejo el libro y me pongo a pensar en los abismos. Busqué en el diccionario -ya sabía el significado, pero quería la definición exacta- y decía profundidad muy grande, infierno, cosa inmensa, incomprensible.

Esas profundidas, esas cosas inmensas, lo incomprensible, esos infiernos, tienen otros vocablos en los lenguajes obscenos, pero abismo en sí podría ser obsceno, una palabra obscena.

Yo podría ir reemplazando mis palabras por palabras así, para escribir en clave, digamos: un nardo o un clavel en el abismo, y ya sabría de qué se trata. O utilizando la palabra hiena, que también tiene fuerza destructiva, lujuria. Porque este cuaderno corre un peligro extremo.

Recién la monja se paró atrás de mí. ¿Está leyendo lo que escribo?

Me miró con una sonrisa tan dulce que parecía la sonrisa de una mujer hermosa:

-No pienses que estoy leyendo lo que escribes, es tuyo. No lo puedo leer sin tu permiso -dijo.

Yo no le pregunté por qué se había parado detrás de mí entonces, porque me había gustado su sonrisa y lo que dijo: “Es tuyo, no lo puedo leer”; pero sé que algo debe haber leído.

Tuve de pronto el impulso de entregarle el cuaderno y decirle que le daba permiso, que leyera, pero me contuve. Y en realidad no fue por mí, fue por ella que me contuve.

Escribí antes que este cuaderno corre extremo peligro, pero lo escribí por ampulosidad -yo quiero dominar además el idioma corriente, y ampulosidad es un hermoso sustantivo-, ya que… ¿qué peligro podríamos correr este cuaderno y yo si más allá de este colegio de monjas en donde estoy pupila no hay nada, no hay otro lugar? -otro lugar que tenga algún sentido.

Aquí me pasaría el resto de la vida escribiendo encerrada en la sala de estudio, adonde las otras chicas no vienen casi nunca, estamos eternamente solas la hermana Inés y yo.

Haría un análisis de mis palabras y de las palabras de los otros y fundaría la obscenidad, quizá en otro cuartito.

Acá no hay chicos varones, es lo malo.

Y las chicas parece que me escapan.

Ellas se pintan, pasan horas probándose ropas y maquillaje que les mandan los padres. Se miran en el espejo, no se gustan y borran, hacen otra pintura. O se gustan y se miran doblemente en el espejo, una hora seguida, haciendo muecas, tirándose besitos, guiñándose un ojo o pestañeando con las pestañas erizadas, con pedacitos de algo negro flotando entre los ojos. Pero yo no me maquillo, ni me pruebo la ropa que me mandan.

Quisiera estar desnuda, desnuda de cosméticos y ropa y hasta pelada, para sentir, para pensar, para aprender todos los idiomas, obscenos o no, y poder decirlo todo de una vez por todas, y siento que lo que más tengo es sentir.

Sentir en la piel y adentro y más adentro -ya dije de mi alma que es como que la toco- y poder a ese sentir decirlo con palabras, cualquier palabra vale: caca, o lila, o celeste, o acabar. Sí, acabar, que es tener un orgasmo, pero más suave.

Escribo todo seguido, pero hay un ayer y hasta hay un hoy y un mañana y un pasado mañana, y meses y años, y seguiré escribiendo cada día.

Porque no hay tiempo, no existe para mí.

Lo que existe acá que hace de tiempo es como un largo corredor, no es para mí.

Anoche salté en la cama. Me quería probar. Mi sentir. Mi piel, mis pelitos nacientes, como pelusitas, recién lo descubrí. Me acaricié Allí, y percibí que mientras lo hacía mi Allí, la sublime palabra más obscena que no debe nombrarse a partir de ahora, se ponía duro y yo me iba en el aire, por los aires y por los polvos de los polvos.

El polvo y los gusanos. Tan cerca de la muerte estoy al acabar que siento que caminan gusanos por allí, esos suaves gusanos del final, y es terrible, la suavidad y lo terrible juntos me dan miedo. Y me da tanto miedo después que no sé, me tapo la cara con las manos y me pregunto si es esto, justamente esto -el encuentro de la suavidad y lo terrible- lo que llaman pecado, o lo que verdaderamente así se llama. Pero cuando me tapo la cara con las manos siento el olor, siento en los dedos el olor -muerte o sexo- y me quedo dormida tan tranquila porque es como una cuna el olor. Y estar toda mojada pero tibia.

Volvió a pasar la monja y volvió a pararse atrás de mí.

Yo di vuelta la hoja y ella no dijo nada, pero me pareció que había leído las últimas palabras porque sus fosas nasales se abrían y cerraban. Me estaba oliendo, la hermana Inés me estaba oliendo, y yo intenté explicarle de repente que había leído en un libro que el olor del pescado recién pescado era muy fuerte, muy sensual, aunque estuviera muerto o se estuviera muriendo. Que era un olor magnífico que hablaba de la vida y el sexo, de mi sexo, y el sexo es importante pero de él no se puede hablar, es lo más importante y por eso de él no se puede hablar.

-¿Por qué? -me preguntó ella -y yo creía que ella tampoco podría hablar jamás.

-Porque no hay un lenguaje -le expliqué-, y le dije:

-Si yo apenas puedo entender algunas cosas cuando reúno palabras de todos los lenguajes.

-¿De cuáles? -me preguntó la hermana Inés, y era tan dulce como si con una caricia me hiciera cosquillas cerca del ombligo.

-De todos, de los comunes, de los obscenos, de los otros -pero yo sentía que no podía soportar más la cosquilla, la risa. Era nacer y desmayarse, porque ella me escuchaba, me quería.

Anoche, cuando estaba en la cama, a punto de llegar a los gusanos, oí que alguien me llamaba: era la hermana Inés.

Pero no me llamaba, era como un soñar, y acabé despacito, creyendo que su hábito me perfumaba, me envolvía. Me protegía del pecado.

Hoy recordé el pecado mucho tiempo, me había olvidado el terror que tenía cuando era chica, cuando hacía maldades. Pero fue el terror el que me entregó -quiero decir que me entregó a la maldad- para olvidarme del pecado. Seguí haciendo maldades cada vez más, y recordando la maldad, y olvidando el pecado.

Pero ayer lo escribí, lo recordé.

¿Me habrá traído la hermana Inés una nostalgia?

Me gustan las historias de mujeres perversas.

Leí una de una mujer y de una hiena que se hacían amigas en un zoológico de Francia. La mujer le enseñaba francés, y la hiena le enseñaba su idioma.

Pero la madre de la jovencita -porque esta mujer era como yo, muy joven- iba a dar una fiesta en su honor, y ella no quería ir. Le propuso a la hiena que fuera en su lugar.

La hiena se preparó desde temprano. Fue a la casa de la joven perversa y se comió a la criada, con cuidado de comer bordeándole la cara, para que le quedara la máscara de ella. Cuando la hiena estuvo enteramente vestida con los vestidos de Leonora, bajó a la fiesta pensando en que tendría mucho éxito y que nadie la iba a desconocer en la penumbra.

Leonora le había dicho a la hiena: “Recuerde que no debe ponerse junto a mi madre: seguro que ella sabría que no soy yo. Y buena suerte”.

Leonora se encerró en su cuarto y se puso a leer Gulliver. Una hora después entró su madre “pálida de rabia”:

“Terminábamos de sentarnos a la mesa -dijo- cuando la cosa que estaba en tu lugar se levanta y grita: ‘Huelo un poco mal, ¿no?, bueno, yo no como precisamente pasteles’. Y a continuación se arrancó la cara y se la comió”.

-Es de Leonora Carrington -dijo detrás de mí la hermana Inés-. ¿Vas a ser escritora?

-¿Cómo -le pregunté-, está leyendo mi cuaderno?

La hermana Inés se puso colorada.

-Sólo quería conocerte -dijo con su sonrisa de mujer.

Yo me sentí muy fuerte, muy feliz. Había tocado fondo, estaba ya en el preciado fondo, y no tenía miedo. Me envanecí:

-¿Y leyó todas las palabras?

-Leí todo el cuaderno, sí, poquito a poco. Dios sabe que mi peor defecto es la curiosidad, y como veía que escribías tanto, y que eras tan seria, tan distinta…

-¿Y qué le pareció? -le pregunté ejercitando mi vanidad de presidiaria-. Las palabras malditas, digo, ¿qué le parecieron?

-Me pareces encantadoramente ingenua -dijo-. Y mucho más ingenua que cualquiera, que las chicas, que las monjas, que yo. Es verdad que tu alma es muy hermosa -suspiró.

Yo entonces recordé el acto irremediable que quería cometer desde hacía tiempo: me paré y la besé en la boca.

Ella dijo:

-Qué linda, pero qué linda eres, Lila -sin ninguna palabra, con los ojos.

Envío: A cambio de completar la novela que les anticipé, y con el agradecimiento por haberme estimulado tanto, les mando este “pecaminoso” cuento adolescente. Tengan piedad de él; la protagonista es verdaderamente inocente de haberlo escrito…

noviembre 5, 2009 Posted by | LITERATURA, NARRATIVA | , , , , , , | Deja un comentario

Maldición de Malinche

defaultMalinche.Amparo Ocho y Gabino P.

LA MALINCHE

Autor: (Canción) Gabino Palomares.

 

Del mar los vieron llegar,

mis hermanos emplumados

eran los hombres barbados

de la profecía esperada,

se oyó la voz del monarca

de que el Dios había llegado

y le abrimos la puerta

por temor a lo ignorado.

Iban montados en bestias

como demonios del mal

iban con fuego en las manos

y cubiertos de metal

sólo el valor de unos cuantos

les opuso resistencia

y al mirar correr la sangre

se llenaron de vergüenza

porque los dioses no comen,

ni gozan con lo robado

y cuando nos dimos cuenta

ya todo estaba acabado.

En ese error entregamos,

la grandeza del pasado

y en ese error nos quedamos

 quinientos años de esclavos.

Se nos quedó el maleficio

de brindar al extranjero

nuestra fe, nuestra cultura,

nuestro pan,nuestro dinero.

Hoy les seguimos cambiando

oro por cuentas de vidrio ,

y damos nuestra riqueza

por sus espejos con brillo.

 

Hoy en pleno siglo XX,

nos siguen llegando rubios

y les abrimos la casa

y los llamamos amigos,

pero si llega cansado un indio

de andar la Sierra

lo humillamos lo vemos

como extraño por su tierra.

Tú, hipócrita, que te muestras
humilde ante el extranjero
pero te vuelves soberbio
con tus hermanos del pueblo.

¡Oh! maldición de Malinche,
enfermedad del presente,
¿ Cuando dejarás mi tierra,
cuando harás libre a mi gente…?

noviembre 3, 2009 Posted by | HISTORIA, LITERATURA, LO CULTURAL/IDEOLOGICO | , , , , | Deja un comentario

La Malinche y la esposa de Hernán Cortés.

LOCUTOR: NUNCA SE SABRÁ LO QUE EN VERDAD PASÓ EN COYOACÁN AQUELLA NOCHE DE 1522, NOCHE  EN QUE MURIÓ   CATALINA XUÁREZ, ESPOSA DEL NEFASTO HERNÁN CORTÉS, INVASOR Y DESTRUCTOR DEL IMPERIO AZTECA.

Narrador:que tenía infinitas mujeres, dentro de su casa, de la tierra, e otras de Castilla, e según era pública voz e fama entre sus criados e servidores, se decía, con cuántas en su casa había tenía acceso; aunque fueran parientas unas de otras; e que con otras mujeres casadas es notorio que a tenido muchos accesos, e que enviaba los maridos fuera de esta ciudad, por quedar con ellas, los nombres aquí no se ponen, sacáronse en un papel aparte, que algunas dellas parieron del dicho don Fernando“.

Después de consumada la conquista de Cuba en 1511, Cortés se establece en Manicarao, donde obtiene un repartimiento de indios junto con Juan Xuárez y gana una posición como vecino acomodado de la isla, por lo que parece olvidar los sueños de grandeza con los que se embarcó al Nuevo Mundo.

Juan Xuárez, una vez que obtuvo el repartimiento mando traer a su madre María Marcayda, a sus hermanas y hasta una abuela de Santo Domingo a donde habían ido esperando casarse con hombres ricos, pues los Xuárez eran “…gente pobre y de escasa valía” (Fernández del Castillo). Y ya que doña Catalina Xuárez, una de las hermanas, era de buen parecer y las mujeres españolas eran raras en la isla, pronto se entendieron don Hernando y doña Catalina.

Es así como Hernán Cortés abandona la isla junto con su armada, sin gran sentimiento por la separación de su mujer y una vez llegando a las costas mexicanas, absorto en su empresa y en amoríos con doña Marina y otras indias, parece olvidar por completo a su esposa en Cuba. Desde que salió de la isla (18 de febrero de 1519) a la toma de la ciudad de México (13 de agosto de 1521) solamente una vez se escribió con doña Catalina, después de la noche triste en que escribiría a su mujer para pedirle perdón por el olvido que hasta entonces le ha tenido.   

Las noticias de las heroicas hazañas de su esposo despertaron en doña Catalina el deseo de participar de su fortuna y embarcarse a la Nueva España sin avisar a Cortés de sus planes (agosto de 1522). Así, estando Gonzalo de Sandoval en Coatzacoalcos, le llegaron cartas acerca de un barco que entraba en el río de Ayahualulco en que venía de Cuba la señora doña Catalina Xuárez de Marcayda, con su hermano Juan y otra hermana; por lo que Sandoval salió a recibir a los viajeros acompañado de la mayor parte de los capitanes y soldados, entre ellos Bernal Díaz. Sandoval mandó avisar a Cortés de inmediato y éste mandó recibir a su esposa y cuñados con grandes honras y fiestas y los mandó traer a México con gran algarabía durante todo el camino.

Seguramente a Cortés le disgustaba la presencia de doña Catalina aunque no dio muestras de ello (ya que había favorecido a aquellos quienes traían mujeres e hijas españolas para incrementar la población en aquellas tierras y no podía mostrarse contrario a sus propias leyes). Además entonces estaba en amoríos con Marina, indispensable para la conquista de México e inseparable compañera de Cortés y con la que además tenía ya un hijo. Este era don Martín Cortés (que tendría cerca de un año a la llegada de doña Catalina a México), uno de los hijos predilectos del conquistador y que posteriormente fuera reconocido como legítimo por el papa Clemente VII en 1529.

LOCUTOR: NUNCA SE SABRÁ LO QUE EN VERDAD PASÓ EN COYOACÁN AQUELLA NOCHE DE 1522.

noviembre 2, 2009 Posted by | AUDIO, HISTORIA, LITERATURA, NARRATIVA, POLÍTICA | , , , , , , , , , | Deja un comentario

GRACIAS A TI: MATEA…MUJER.NEGRA:

360936367_999e4df429Negra MateaAutor: Manuel Boffil Bello.

 

 

 

 

 

 

 

 

SIMÓN JOSÉ ANTONIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD VIVE ETERNAMENTE, GRACIAS A TI: MATEA…MUJER. NEGRA: POZO DE LECHE, LAGRIMAS  Y ROSAS.

AUDIO: TAMBORES YORUBA HACEN “FADE IN”.

QUIEN IBA A PENSAR, MATEA, NEGRITA LINDA, QUE, CUANDO CRECIERAS A TAMAÑO DE MAMÁ, IBAS TÚ A AMAMANTAR LA LIBERTAD.

JUGANDO:

ENTRE TAMBORES DE YORUBAS Y DULCES CAÑAVERALES DE NIÑITA,

ENTRE TRAPOS Y MUÑECAS DE IMAGINACIÓN, TAN PEQUEÑITA….

ENTRE NOCTURNAS AGUAS DE LLUVIA AMENAZANTE,

ENTRE QUEBRADAS Y GOLPES DEL NO SON.

ENTRE CERRO, RANCHO Y SOLEDAD.

QUIEN IBA A PENSAR, MATEA, QUE TU LECHE IBA SER MANÁ DE LIBERTAD.

Y SE RIE UNO DE CONTENTO, ¿SABES? DE BIEN CONTENTO,

DE SOLO IMAGINARTE, PERSIGUIÉNDOLO A ÉL, PARA,

YA MUJER, REGAÑONA, REGAÑAR A NUESTRO, A TU SIMÓN.

DEBIÓ SER MUY GRANDE TU CARIÑO, PARA HACER DEL NIÑO UN HOMBRE QUE RECORDARA SIEMPRE…

ETERNAMENTE, TU PALABRA, LA PALABRA LIBERTAD.

UN BESO PARA TI: MATEA DEL CORAZÓN.

DEL CORAZÓN NEGRO DE ESTE BLANCO

QUE TE RUEGA ETERNO SUEÑO E ILUMINACIÓN.

UN BESO PARA TÍ, Y OJALA  Y MAÑANA, CUANDO MUERA, YO TE VEA EN UN ABRAZO, GORDA LINDA, MI REVOLUCIÓN.

TU  MÁS FERVIENTE QUEREDOR,

DESPUÉS DE ÉL, EL LIBERTADOR.

AUDIO: TAMBORES YORUBA SUBEN….QUEDAN COMO FONDO.

GRACIAS MATEA POR HABERLO AMAMANTADO, CUIDADO Y VIGILADO.

ESE MUCHACHO ERA TERRIBLE, INCONTENIBLE E INCORREGIBLE.

MENOS MAL QUE ESTABAS TÚ, PÁ DEJARLO SER TERRIBLE, INCONTENIBLE E INCORREGIBLE, GRACIAS A TU AMAMANTADA, TU CUIDADA Y VIGILADA FUERZA DEL AMOR. MADRE NO SOLO ES LA QUE PARE…LUGAR COMÚN, PERO ¡CÓMO PARE, CUANDO PARE LIBERTAD!    

GRACIAS MATEA, POR TU SUPERVISIÓN.

ENTONCES, POR ESO FUÉ QUE CARACAS –COMO TÚ-  NOS DIOUN LIBERTADOR DE LIBERTAD, UN NIÑO QUE LLAMÓ SIMÓN,Y  POR ALLÁ, EN GUERE, COMO QUE ALGUIEN SE SEMBRÓ,UN SAMÁN QUE OTRO ALGUIEN LLAMÓ SAMÁN, EL SAMÁN DE EL LIBERTADOR.

AUDIO:  ROMPER…OJO…”POPULE MEUS” SUBE VOLUMEN, BAJA Y CORTA, BAJA  Y CORTA. MEZCLADO EN “INTERCUTS” DE INTERFERENCIA DE ESTÁTICA. (BUSCA INTERPRETAR LOCURA)

 

CASI QUE INTENTO,  ATREVERME A PRETENDER IMAGINAR EL DOLOR SUYO Y SU LOCURA: SIMÓN, SIMÓN, SIMÓN.

ELLA, IDA, TAN SIN VIDA, TAN PUESTA, TAN PERDIDA,

SU MARÍA TERESA.

Y USTED, MI GENERAL,  SIMÓN, JOVEN, LOCO Y SIN VIDA, DE TANTA AUSENCIA…LLOVIZNADA Y LLOVIDA.

AUDIO: “LES PRINTEMPS”. TERESA CARREÑO. “FADE IN” MUY SUAVE, DESDE “AUSENCIA”…

MENOS MAL, EXISTIERON, SU MANUELA, SANTA Y LIBERTARIA, SU MATEA, POZO DE LECHE, LÁGRIMAS Y ROSAS, LA PEPITA DE BARCO ROMPEMARES, Y SU RAMO DE FLOR DE NOVIO.

TODO ESTO, MI GENERAL, HA SIDO UNA EXCUSA, PARA PRESENTARLE NUESTRO SALUDO,

GENERAL  EN  JEFE DE LA PATRIA ¡CARAJO! LIBERTADOR DE LA CORDURA.

COMPATRIOTA LIBERTADOR, DOQUIERA ESTÉ EN CADA ALMA NUESTRA,

QUE SOLA SE CONVIERTE EN UNA.

SEPA QUE USTED, MI GENERAL, USTED NO ARÓ EN EL MAR,

USTED  ARÓ EN EL  CIELO DE LOS CIELOS,

EN EL TIEMPO DE LOS TIEMPOS,

Y HOY,

A PLENA LLUVIA, 

Y TEMPESTADES,

EN NUESTRA AMÉRICA TODA,

COSECHAMOS, COSECHAREMOS  Y SEGUIREMOS COSECHANDO LA SOÑADA LIBERTAD.

AUDIO: TAMBORES DE SAN MILLÁN.

noviembre 2, 2009 Posted by | AUDIO, EDUCACIÓN, EDUCACIÓN PREESCOLAR, LITERATURA, NARRATIVA | , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Sobre la Educación.

Autor: Simón Bolívar.

Método que se debe seguir en la educación de mi sobrino Fernando Bolívar.

                                                             Simón Bolívar.

La educación de los niños debe  ser siempre adecuada a su edad, inclinaciones, genio y temperamento.

Teniendo mi sobrino más de doce años, deberá aplicársele a aprender idiomas modernos, sin descuidar el suyo. Los idiomas muertos deben estudiarse después de poseer los vivos.

La geografía y cosmografía deben ser de los primeros conocimientos que haya de adquirir un jóven.

La historia, a semejanza de los idiomas, debe principiarse a aprender por la contemporánea, para ir remontando por grados hasta los tiempos oscuros de la fábula.

Jamás es demasiado temprano para el conocimiento de las ciencias exactas, porque ellas nos enseñan el análisis de todo, pasando de lo conocido a lo desconocido, y por ese medio aprendemos a pensar y a racionar con lógica.

Mas debe tenerse presente la capacidad del alumno para el cálculo, pues no todos son igualmente aptos para las matemáticas

Generalmente todos pueden aprender la geometría y comprenderla; pero no sucede lo mismo con el álgebra y el cálculo integral y diferencial.

La memoria demasiado pronta, siempre es una facultad brillante, pero redunda en detrimento de la comprensión; así es que el niño que demuestra demasiada facilidad para reconocer sus lecciones de memoria, deberá enseñársele aquellas cosas que lo obliguen a meditar, como resolver problemas y poner ecuaciones; viceversa a los lentos de retentiva, deberá enseñárseles a aprender de memoria y a recitar las composiciones escogidas de los grandes poetas; tanto la memoria como el cálculo, estan sujetos a fortalecerse por el ejercicio.

La estadística es un estudio necesario en los tiempos que atravesamos y deseo que lo aprenda mi sobrino.

Con preferencia se le instruirá en la mecánica y ciencia del ingeniero civil, pero no contra su voluntad, si no tiene inclinacion a esos estudios.

La música no es preciso que la aprenda, sino en el caso de que tenga pasión por ese arte; pero sí debe poseer aunque sea rudimentos del dibujo lineal, de la astronomía, química y botánica, profundizando más o menos en esas ciencias según su inclinación o gusto por alguna de ellas.

La enseñanza de las buenas costumbres o hábitos sociales es tan esencial como la instrucción; por eso debe tenerse especial cuidado en que aprenda en las cartas de Lord Chesterfiel a su hijo, los principios y modales de un caballero.

La moral en las máximas religiosas y en la práctica conservadora de la salud y de la vida, es una enseñanaza que ningún maestro debe descuidar.

El derecho romano, como base de la legislación universal, debe estudiarlo.

Siendo muy difícil apreciar donde termina el arte y principia la ciencia, si su inclinación lo decide a aprender algún arte u oficio yo lo celebraría, pues abundan entre nosotros médicos y abogados, pero nos faltan buenos mecánicos y agricultores que son los que el país necesita para adelantar en prosperidad y bienestar.

El baile, que es la poesía del movimiento y que da la gracia y la soltura a la persona, a la vez que es un ejercicio higiénico en climas templados, deberá practicarlo si es de su gusto.

Sobre todo recomiendo a usted inspirarle el gusto por la sociedad culta donde el bello sexo ejerce su benéfico influjo; y ese respeto a los hombres de edad, saber y posición social que hace a la juventud encantadora, asociándola a las esperanzas del porvenir.

Memorial dirigido al Director de un Colegio en Norteamérica donde estudiaba su sobrino. Publicado en La Opinión Nacional del 24 de julio de 1883.

octubre 31, 2009 Posted by | EDUCACIÓN, HISTORIA, LITERATURA, LO CULTURAL/IDEOLOGICO, POLÍTICA | , , , , , , | Deja un comentario

Carta a su Maestro Don Simón Rodríguez…

Pativilca, 19 de enero de 1824.

Al señor don Simón Rodríguez.
MIRADA ENTRE BOSQUES

¡Oh mi Maestro!

Oh mi amigo!

Oh mi Robinson! Vd. en Colombia!Vd. en Bogotá, y nada me ha dicho, nada me ha escrito. Sin duda es Vd. el hombre más extraordinario del mundo; podría Vd. merecer otros epítetos pero no quiero darlos por no ser descortés al saludar un huésped que viene del Viejo Mundo a visitar el Nuevo; sí, a visitar su patria que ya no conoce, que tenía olvidada, no en su corazón sino en su memoria. Nadie más que yo sabe lo que Vd. quiere a nuestra adorada Colombia. ¿Se acuerda Vd. cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la patria? Ciertamente no habrá Vd. olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros; día que anticipó, por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que no debíamos tener. 

Vd., Maestro mío, cuánto debe haberme contemplado de cerca aunque colocado a tan remota distancia. Con qué avidez habrá seguido Vd. mis pasos; estos pasos dirigidos muy anticipadamente por Vd. mismo. Vd. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Vd. me señaló. Vd. fue mi piloto aunque sentado sobre una de las playas de Europa. No puede Vd. figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que Vd. me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que Vd. me ha regalado. Siempre presentes a mis ojos intelectuales las he seguido como guías infalibles. En fin, Vd. ha visto mi conducta; Vd. ha visto mis pensamientos escritos, mi alma pintada en el papel, y Vd. no habrá dejado de decirse: todo esto es mío, yo sembré esta planta, yo la regué, yo la enderecé tierna, ahora robusta, fuerte y fructífera, he aquí sus frutos; ellos son míos, yo voy a saborearlos en el jardín que planté; voy a gozar de la sombra de sus brazos amigos, porque mi derecho es imprescriptible, privativo a todo. 

Sí, mi amigo querido, Vd. está con nosotros; mil veces dichoso el día en que Vd. pisó las playas de Colombia. Un sabio, un justo más, corona la frente de la erguida cabeza de Colombia. Yo desespero por saber qué designios, qué destino tiene Vd.; sobre todo mi impaciencia es mortal, no pudiendo estrecharle en mis brazos: ya que no puedo yo volar hacia Vd. hágalo Vd. hacia mí; no perderá Vd. nada; contemplará Vd. con encanto la inmensa patria que tiene, labrada en la roca del despotismo por el buril victorioso de los libertadores, de los hermanos de Vd. No, no se saciará la vista de Vd. delante de los cuadros, de los colosos, de los tesoros, de los secretos, de los prodigios que encierra y abarca esta soberbia Colombia. Venga Vd. al Chimborazo; profane Vd. con su planta atrevida la escala de los titanes, la corona de la tierra, la almena inexpugnable del Universo nuevo. Desde tan alto tenderá Vd. la vista; y al observar el cielo y la tierra, admirando el pasmo de la creación terrena, podrá decir: dos eternidades me contemplan: la pasada y la que viene; y este trono de la naturaleza, idéntico a su autor, será tan duradero, indestructible y eterno como el Padre del Universo. 

¿Desde dónde, pues, podrá decir Vd. otro tanto tan erguidamente? Amigo de la naturaleza, venga Vd. a preguntarle su edad, su vida y su esencia primitivas; Vd. no ha visto en ese mundo caduco más que las reliquias y los desechos de la próvida Madre: allá está encorvada con el peso de los años, de las enfermedades y del hálito pestífero de los hombres; aquí está doncella, inmaculada, hermosa, adornada por la mano misma del Creador. No, el tacto profano del hombre todavía no ha marchitado sus divinos atractivos, sus gracias maravillosas, sus virtudes intactas. 

Amigo, si tan irresistibles atractivos no impulsan a Vd. a un vuelo rápido hacia mí, ocurriré a un apetito (*) más fuerte: la amistad invoco. 

Presente Vd. esta carta al Vicepresidente, pídale Vd. dinero de mi parte, y venga Vd. a encontrarme. 

BOLIVAR.

(*) Así está en la copia original de letra de Diego Ibarra, quien sirvió de amanuense en la secretaría.  Palabra empleada en la acepción de deseo vehemente del ánimo. En las versiones publicadas dice “epíteto”, lo que no viene al caso.

octubre 29, 2009 Posted by | EDUCACIÓN, HISTORIA, LITERATURA, LO CULTURAL/IDEOLOGICO, POESÍA, POLÍTICA | , , , , | Deja un comentario

Kelly Pacheco rompe el celofán

 

 

 
 

 Kelly Pacheco rompe el celofán

En el cuarto piso, apartamento 11, primer poemario de esta autora barquisimetana, cuyas imágenes y atrevimiento lo sitúa en un espacio diferencial dentro de la nueva literatura venezolana:

“Pero la idea, de que al abrir la segunda gaveta, voraces vaginas
saldrán de entre tus secretas cosas a morder mi mano, no acaba de convencerme”.

Kelly Pacheco nos honra con esta publicación que incrementa el reservorio poético del Estado Lara y el país, dando muestra de su fertilidad y sobretodo, de ese punto de ebullición que hoy día vivimos al calor de una revolución cultural que incentiva el pensamiento crítico y creativo.

Ediciones Yo invita a disfrutar de esta obra publicada por la Red nacional de Imprentas, Capítulo Lara.

octubre 29, 2009 Posted by | LITERATURA, POESÍA | , , , , | Deja un comentario

Mujeres condenadas

“Mujeres condenadas”.Autora: Mora Torres Publicado:Octubre 28 ,2009. Extraido de: Monografías.com

Entre mis viejos escritos (Fighting for the Freedom) encontré una novela que no recordaba mucho (La novela). Se llama “Mujeres condenadas” (Mujeres asesinas: ¿criminales o heroínas?), título que cambiaría por otro menos monumental, pero respecto a éste hay varias observaciones dentro del manuscrito: “Citar a Baudelaire”, por ejemplo (Bien vale un verso). Otra reflexión que encuentro: “Es probable que el libro se llame Mujeres condenadas ¡en latín!. En cálculos, se supone que mi abuela nació en 1890 (Fotografía post mortem en el Perú siglo XIX); que la parió a mi madre en 1930 (Totalitarismo 1930 y totalitarismo siglo XXI), y que yo vine al mundo en 1970. Ahora tendría 25 años y estaría en la cárcel desde hace cinco por un crimen que cometí a los 20 (La asesina ilustrada; el libro de la muerte). Aunque todo esto es, quizá, demasiado redondo”. Transcribiré algunos capítulos salteados y reducidos, porque me parece que a mis amigos y colaboradores puede llegar a interesarles (Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad). Capítulo I Si maldita, que me maldigan las cosas más sólidas. Que me maldigan no los pequeños momentos en que al mirar la estrella (que yo llamo Clara) apresé el inmóvil perfil de la belleza muerta, sino las muchas horas en que se desprende de mí una esencia mortal. Que mis ojos sean capaces de cubrir la reliquia de un hombre que se pudre y de observar la fosa abierta de su corazón, y la aberración de ser todos los hombres sea yo misma, llamándome Hitler y Teresa y Calígula y Agustín y Francisco, y ésos que no fueron ni esto ni lo otro, apenas los peluqueros, los diáconos y los sirvientes de ellos; apenas los que viven a ciegas porque nacidos como ciertos roedores en un lugar estrecho y oscuro, no necesitan de la vista para encontrar alimentos y perdurar su tiempo de sepulcros. Estoy presa, y me parece que he nombrado mi vida al hablar de esos ciertos roedores. La condena que me impusieron es semejante, mirada panoránicamente, a mis días anteriores a ella. Si no recuerdo mi nacimiento, sí en cambio mi infancia fue como ese tubo negro que se sospecha que observamos al nacer; el patio gris y las paredes leprosas que me albergaron eran el envejecido útero de mi madre; también el de mi abuela, que parió a mi madre a los cuarenta años inaugurando una tradición de progenitoras añosas en la familia, cuando a su vez sus antepasados ya habían legado a la ciudad varias generaciones de bellas prostitutas. La más bella de todas fue mi abuela, Corina, y por eso fue menos prostituta que dama de compañía de varones de altísimo rango, que hembra amancebada de un político de renombre, que enjoyada muñeca de palcos de ópera alquilados. El dinero que su hermosura consiguió se lo comieron estos vicios inocentes que le dejaron los mismos que la sacaron del horror. Vestidos caros y perfumes, carruajes ricos, espectáculos y viajes por el mundo -después, cuando yo era adolescente y ella una anciana legendaria, como en un golpe de dados, el dinero volvió. (…) Puedo decir que mi abuela me dio también un sentido de la vida; un modo sutil de mirarla como a un reloj de arena cuya arena se acaba en poco rato, que es delicioso ver caer con blandura, deformando el montón de horas que fueron. Mi madre, Iris, fue entre mi abuela y yo un puente devastado por el que crucé para alcanzar a Corina. La primera vez que descubrí a mi madre ella estaba sentada en un sillón, un poco a oscuras, tejiendo con la luz que entraba escasamente por ser casi de noche. La cara parecía roja, el pelo era gris, las manos, las de una viejecita de cuento; la ropa, igual, como la de una viejecita protagonista de un cuento de pobres; pero estaba calzada con un par de zapatos de salir, y daban una impresión grotesca esos tacos aguja, relustrados, en el conjunto de miseria. Yo sabía sin entender del todo que estas incongruencias correspondían a una eterna contienda con mi abuela, que Iris alternaba su resignado estar con fragmentos de lucha. Le pregunté por los zapatos y ella dejó la masa de tejido rosado y corrió al dormitorio; se encerró a llorar. La curiosidad por esta pequeña historia me persiguió durante largo tiempo. La actitud de mi madre me hizo pensar en algo más que en una simple competencia con Corina, y adjudiqué a ese par de charoles un valor de misterio que tal vez no tenía, pero que curiosamente influyó mucho más tarde en los sucesos que me trajeron hasta aquí. Yo buscaba manchas de sangre en los zapatos; si no, el modo de que me revelara el amante escondido por detrás, o a la persona que refugiáramos en casa, de la que mi madre hubiera tomado el par. Si eran un robo, un asesinato, o memoria de alguien. Salí a jugar al patio. Ya era de noche y yo suponía que una de esas estrellas del cielo me pertenecía; la tenía identificada y la llamaba Clara; Clara tenía una voz dentro de mí. Yo preguntaba y eran otras palabras, no las de una niña, las que respondían en mi interior cuando le preguntaba a Clara; el tono era insidioso, maligno. Me contestaba con ecos de la voz de una antigua amiga de mi abuela que yo no conocí pero cuya historia me contaron. Tan bien descripta por mi abuela Corina, yo identificaba la voz de Anabela, esa amiga suya, sin haberla escuchado jamás, y nacía en mí misma bajo el influjo de mi estrella. Capítulo II Anabela -y esto ocurría en los últimos años del siglo XIX- empezó correteando con Corina por las calles más negras de Buenos Aires. El barrio se llamaba Las Quintas, y había burdeles, claveles en un rectangulito de jardín, patios clandestinos donde comenzaba a insinuarse la locura del tango. La casa donde vivía Anabela era la misma que la de Corina, un prostíbulo en el cual ambas nacieron sencillamente porque tenían un serio destino de nacer, inclusive entre abortos de sietemesinos de las mujeres del lugar y muertes de las mismas provocadas por precariedad y mugre. Aunque Anabela y Corina no se llamaron así desde el principio, ya a los doce años les otorgaron esos nombres los primeros, generalmente decrépitos, amantes. La madre de Anabela murió un día de la segunda infancia de ésta y de mi abuela, y la velaron en la sala de espera del burdel. A Corina le impresionó que, en el ataúd, la muerta pareciera más joven y desamparada que su propia hija; un pajarito congelado, una mujer con destino de pájaro debajo del sombrero de plumas rojas con que habían decidido completar la mortaja, roja también, de su vestido de fiesta. Anabela lloraba desconsoladamente, más que por su madre, por su propia suerte futura. Corina trataba de calmarla con un código de abrazos secretos y de besos que habían inventado las dos, pero sin conseguirlo. Se acercó la Encargada, Madame Beatriz, y acarició el enrulado pelo de Anabela penetrando con las manos en un territorio de sensualidad inexplorada. La revisó de arriba a abajo; pesó sus pechos incipientes, siguió con los dedos la curva del vientre demasiado joven, tanteó los muslos y finalmente dictaminó que podía ocupar el sitio de su madre en la casa; habría comida, alojamiento y algún dinero extra. Anabela no se horrorizó, siguió llorando, aunque decidió al mismo tiempo comenzar su trabajo lo antes posible. A Corina la conmovió la desgracia de su amiga y sintió que no debía dejarla sola; la única solidaridad posible consistía en compartir el oficio. Lo consultó con Madame Beatriz, quien inmediatamente asintió; a ella no necesitaba revisarla, su encanto era visible. Esa misma noche, mientras el velorio seguía entre copitas de licor de naranja y de menta y tazas de café, Anabela y Corina, mi abuela, sufrieron la embestida del primer hombre gordo, viejo y voluptuoso que las tuvo a las dos, una detrás de otra, y las dejó abrazadas entre sí, temblorosas, diciéndose palabras de ternura después de la brutalidad del macho, reconociendo que el amor entre mujeres era tal vez lo único que podía componerles el alma. Aún en sus doce años, la voz de Anabela era grave, madura -como la de Clara, mi estrella de los cielos-, con la suave ronquera de penumbra que las niñas quieren a menudo imitar de algunas mujeres mayores. Esa voz le proponía a Corina, entre las sábanas, delicias que las llevaban lejos de la sala de velatorio improvisada, de la muerte y la vida, de las gotas de sangre que certificaban sus recientes bautismos. Se acariciaron hasta que el dolor por la reciente penetración del viejo cliente dio paso al deseo más inesperado, hasta que finalmente encontraron la forma -la forma eterna- del sexo entre amigas. Corina se asombró de “sentir”, pero Anabela sintió, más que nada, la emoción de tener a una mujer. Ya los papeles habían sido otorgados por el extraño dios a cuyo cargo están las extravagantes ramificaciones del placer. Mi abuela “sentía” todo lo relacionado con éste, en cualquier circunstancia, reservándose sólo una estimación estética del otro o de la otra, que tanto podía consistir en él mismo como en sus modales o en el clima que se creaba entre los dos; prefería, de todos modos, a los hombres, pero jamás le disgustó una bonita muchacha en la cama. Anabela había despertado al amor -a la pasión- en brazos de Corina, y la mujer fue su elección para toda la vida; lo demás sólo fueron cuestiones comerciales. Capítulo III A pesar de su profesión antigua, que le había servido para aprender las artes de la simulación, para encubrir y falsificar situaciones, Corina le dijo siempre la verdad a su nieta, es decir a mí, inclusive desde que yo era muy pequeña. Mi abuela era inteligente y por eso mismo me confería inteligencia, don que sólo pueden otorgar los que lo tienen en grande; los apenas lúcidos califican de estúpida e ignorante a media humanidad, los genios encuentran el reflejo de su propio genio inscripto hasta en su sombra, y son genios todos aquellos que, como mi abuela, han conseguido trascender su propia vida no con la fama o el recuerdo, sino con haber sido únicos en cada instante por delicadeza y originalidad. (…) Capítulo VI El grupo que se reunió en el pobre cementerio, casi un camposanto, era patético pero bizarro, original. Las compañeras de la madre de Anabela habían improvisado un coro de lloronas, pero tomaban cada treinta segundos un recreo que les permitía regocijarse de su propia suerte. La muerte de otro parece dar más chance a los que quedan; las chicas del prostíbulo, secretamente cada una, respiraban la dicha de no haber sido las elegidas para la ocasión, y de un modo oscuro se proponían algún pequeño cambio para mañana. La muerte les recordaba sus pecados, pero ellas tenían todo el futuro para reconstruirse. Los proyectos de Corina y Anabela eran exactamente opuestos; ese día habían entrado en dos planetas asimétricos, pero igualmente peligrosos; y la más eufórica de las dos jóvenes era la que se había quedado huérfana. Anabela gritó junto con las demás cuando echaron la primera palada de tierra sobre el ataúd; Corina no, pero observó con deleite la dramatización de su amiga. En alguna revista de las que navegaban ajadas y sin tapas por la casa había leído que el terciopelo negro no era luto; menos aún, pensó, con lentejuelas cosidas en forma de dragones y serpientes. Pero Anabela estaba espléndida en su papel, y hasta parecía más una viuda muy joven que hubiera asesinado a su marido y actuara de sufriente y desesperada. Pocas veces, pensó Corina, tendría ella la oportunidad de ser tan importante y tan compadecida como Anabela esa mañana. Y desde esa mañana su admiración actuó como el amor, y se propuso enamorarse además, cambiando lo que hubiera que cambiar en Anabela para su propio goce. Parada frente a la fosa abierta, Anabela era alta, magra, un poco impresionante; la cabeza pequeña equilibrada por una enorme masa de cabello enrulado; la cara diminuta, con rastros de vampiro, pero los ojos de seda o raso muy oscuros, grises y negros, extrañísimos. Sus rasgos angulosos no estaban de moda en esa época, aunque podían ser apreciados por alguien como mi abuela, que intuía más allá de patrones pasajeros otra estética de las cosas y de la gente. Si ese delgado cuerpo se encontrara cubierto con telas sencillas pero caras; si esos cabellos fueran domesticados en un peinado alto; si el rostro apenas maquillado; si los gestos estudiados sabiamente, Anabela sería digna de una o muchas pasiones. La de Corina, en primer lugar; la de los hombres también, para mejor florecimiento del negocio que recién, de modo clandestino hasta para la profesión elegida, habían iniciado las dos. (…) Capítulo VII Para el entierro de la madre de Anabela se tomó en préstamo, por orden de la Encargada, Madame Beatriz, casi todo el dinero de la casa; las mujeres fueron poniéndolo en un antiguo sombrero hongo que alguien había olvidado y que a veces servía de complemento de un disfraz. Beatriz era bastante vieja y todo lo elegante que puede ser un mujer en ese entorno y bajo la influencia de los gustos baratos de sus pupilas. Como ella era consciente de este influjo, trataba de ser sobria, y a veces su sobriedad era distinción, y otras falta de afeites y cuidados, al punto de que las empleadas comentaban su rareza atribuyéndole matices lésbicos. Los tenía, pero no estaban en relación con el atuendo. De joven, de alhajada, de preciosa, había elegido la profesión de prostituta porque, como los hombres le producían náuseas, no le comprometían el corazón. Con mentalidad masculina había logrado una pequeña fortuna; las mujeres, para ella, significaban lo que las hembras para el macho: había que sacarles el mejor partido posible, aun cuando esto significara cerrarse a sus amores. La madre de Corina, Bibi -es decir mi bisabuela-, era entre todas las mujeres de la casa su única amiga personal. Le gustaba secretamente, y oficialmente la distinguía porque la consideraba más astuta y más ruin que las demás. La ponía de ejemplo entre las otras chicas; era la requerida por viejos y por jóvenes, trabajaba muy bien, con vocación, ofrecía a precio de oro exquisiteces amatorias que sólo ella había inventado; cuidaba perfectamente su salud, se conservaba juvenil, apenas si después del parto de Corina había ganado dos kilos que le sentaban extraordinariamente. Beatriz le retenía a Bibi un porcentaje menor del que les retenía a las otras; entre las dos habían establecido una especie de sociedad aparte, y eran socias comerciales también en la distribución de morfina en pequeña escala, ya que Bibi era además la preferida de uno de los clientes de la casa, Belisario, un médico nada ortodoxo que en esos tiempos ya curaba con métodos orientales, psicología refinada y morfina todos los malestares de este mundo (…) Capítulo IX La voz de Clara dice que el aire es de presagios después de los entierros, se congela; a cada instante alguien va a decir una cosa y se calla por no decir algo que roce alguna herida; como si el muerto estuviera presente censurando, reclamando su lugar. En general, esto lo siente la gente demasiado sencilla, pero cuando todas llegaron del entierro, en compañía del único hombre que estuvo allí, el doctor Belisario, si bien las chicas participaron del aire congelado, se repartieron en secreto los chismes y las lágrimas; Madame Beatriz y Bibi, mi bisabuela, demostraron su independencia respecto a todo sentimiento y a toda tradición, aun la de la muerte. Se sentaron ante la mesa de la sala recientemente enlutada. Parecía apagarse la decoración fin de siglo con las voces veladas, si bien ya la habían apagado previamente el deterioro de los objetos y la lobreguez del ambiente. Beatriz y el doctor Belisario ocupaban las cabeceras; Bibi estaba sentada al lado de Beatriz; la mano de Corina se enredaba en el pelo de Anabela; comían un banquete fúnebre que estaba delicioso. El doctor Belisario comenzó a decir que dicen que la muerte pero Bibi parecía tener guardado en una caja fuerte un misterio importante y querer descubrirlo en ese momento preciso. Comenzó preguntando por la noche de ayer: “Supe, Beatriz, que les indicaste el camino a Anabela y Corina”, dijo, y siguió: “No por nada las caras de estos angelitos se ven tan marchitas.” Beatriz se acomodó en la silla, mientras ajustaba su chalina y se arreglaba con las manos el rodete buscando las palabras como si éstas estuvieran en algún lugar de su vestido. “Creo que ya están suficientemente buenas y en edad; ya tienen 12 años y aun parecen mayores”, afirmó. Bibi no tomó tiempo para pensar, pero su estrategia fue dirigirse al comensal más prestigioso: “¿Cree, doctor Belisario, que a la edad de las chicas puede abrirse un negocio como éste? ¿No le parece que a Beatriz se le haya ido la mano, o al menos que tenía que consultármelo?” Algunos planes de la novela (apuntes) Escribo desde la cárcel. Cuento lo que ya conté rápidamente: mi madre como puente hacia mi abuela. La vida entera de mi abuela Corina. Detalle: después del entierro de la madre de Anabela, Bibi, madre de Corina, provoca un escándalo en el prostíbulo porque Beatriz, la Encargada, asintió en que Corina se prostituyera la noche del velatorio, junto con Anabela; en realidad es porque ella quiere explotar a Corina sin compartirla. En el escándalo interviene el médico que cura con morfina y técnicas espirituales. La violencia de la pelea entre Beatriz y Bibi termina con ellas dos también en la cama, ya no con la inocencia de Corina y Anabela pero en el mismo sentido, aunque de una manera inmensamente sórdida. En otro momento futuro Corina conoce a alguien muy importante y de ahí en más se lanza al gran y fastuoso mundo. Después de mucho Corina pierde toda la pequeña fortuna que logró, envejece y se deprime por una tiempo, y a los 40 años se encierra a parir a Iris, la madre de la narradora. A Iris hay que elaborarla, pero evidentemente no debe ser tan bonita ni inteligente como su madre; hay que adjudicarle alguna seducción proveniente de sus rasgos tiernos o infantiles, tanto físicos como psicológicos, y menos inteligencia pero sí mayores estudios; ella sí completa el secundario y lee muchísimo, aunque sin ningún sentido crítico. Lega a su hija -digamos a mí, la narradora, la encarcelada- la pasión de la lectura, quien desde la niñez a la juventud primera lee como una rata y escribe, y además es refinada y educada en realidad por su viejísima abuela Corina, a quien ella -yo- termina asesinando por piedad. Como por piedad quiere asesinarla pero es justamente la piedad la que se lo impide, cuando Corina se convierte en un vegetal de unos 100 años la protagonista se da ánimos haciendo una curiosa recapitulación de los motivos que la llevarían a matar a su abuela ya no por piedad sino por odio. Aquí aparece el episodio de los zapatos de Iris y del sufrimiento que supone que Corina causó a Iris. La mata entonces, y una vez en la cárcel observa la vida de roedores de las otras presas y su propia vida anterior de rata. Recuerda el lugar común “rata de biblioteca” y el nacimiento de ratas en un rincón del patio de la infancia, de noche, bajo la estrella Clara; el nacimiento de ratas a las cuales ella, la niña, al principio, identifica con hadas

octubre 29, 2009 Posted by | LITERATURA | , , , | Deja un comentario

“UN FILM, AUTORES: EL PUEBLO, ZAMORA, BRITO, CHALBAUD…LA VILLA DEL CINE”.

PhotographerEn La Villa del Cine, y luego en el Teatro Teresa Carreño, disfrutamos una proyección de la recién nacida realización del Director Román Chalbaud: “ZAMORA”, cuyo autor literario Luis Brito G., también comparte con el General del Pueblo, Ezequiel Zamora, la sangre y el ardor de nuestro protagonista: El Pueblo.

Vimos la película fluir por la fase de La Guerra Federal, a través de nuestra Historia, imborrable en el trayecto de la luz que, más allá de la persistencia retiniana, perenne recorre trayecto al infinito, develando sus inmensas posibilidades didácticas. Ya meditando un muy poco, imaginamos su distribución a comunidades de compatriotas, su discusión y reflexiones, la confluencia del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, el M. del P.P. para la Educación, etc.; cine foros, sistematizados en comunas, centros comunales, núcleos productivos, didácticos, etc., con material impreso, complementario de videos, discos compactos, TV u otros medios, aprovechando experiencias de equipos docentes (“yo si puedo”, p.ej.), y proyecciones de La Villa con las alcaldías de Zamora y Plaza (Guarenas/Guatire, Edo.Miranda).

A veces, uno cree descubrir el hielo, el agua tibia, y hasta cree haber inventado el grito, pero el alborozo ante lo que se piensa nuevo y cercano, por posible, busca rasgar el aislamiento. Estemos realmente en Guatire y Guarenas, más y más tierra adentro, más en el País y aún más allá, con nuestro Satélite Simón Bolívar, comenzando quizás, con alguna prueba piloto de la serie que, para televisión se prepara…con las y los jóvenes estudiantes, vecinos inmediatos de “La Villa” y del futuro…Al fin y al cabo lo que tendríamos que hacer es seguir aprendiendo a arar en la tierra y en el mar, con enorme entusiasmo, propio de todo aquel que se siente y es revolucionario. El Pueblo inquebrantable, debe ser y será, como siempre, autor magnífico de su propia historia.

¡ZAMORA VIVE, LA LUCHA SIGUE!

octubre 28, 2009 Posted by | BIOGRAFÍA, CINE, EDUCACIÓN, HISTORIA, LITERATURA, LO CULTURAL/IDEOLOGICO, POLÍTICA | , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Retrato de Camilo Cienfuegos

Retrato de Camilo Cienfuegos

Nada más que su barba antillana,
nada más que su fusil bolivariano,
nada más que su estatura americana,
para hacer lo que Bolívar quería del cubano.

Nada más que su habano caribeño,
nada más que humo en su rostro espartano,
nada más que su cubano sueño,
para encender el corazón latinoamericano,

Nada más que un niño en su mirada,
nada más que un guajiro con sombrero,
nada más que un pueblo con Fidel a lado
para sembrar el socialismo campesino-obrero

César Cando Mendoza
Quito, tarde en el Panecillo
1997

octubre 28, 2009 Posted by | LITERATURA, LO CULTURAL/IDEOLOGICO, POESÍA, POLÍTICA | , , , , | Deja un comentario

Con la Flor de tu sonrisa.

Con la flor de tu sonrisa…

Octubre 27, 2009 de lapolillacubana

LO COPIÉ DOS VECES CON UN ALGO HÚMEDO EN LOS OJOS Y UNA SONRISA RARA EN LA MIRADA Y EN LA CARA, CREO QUE QUIEN LO LEA NO TENDRÁ QUE DEVOLVERSE A LEERLO DE NUEVO…SOLO SEGUIRÁ ADELANTE! Gracias Camilo, Gracias Alejandro, Polillas cubanas…por cubanas. Manuel Boffil Bello

Hay algo que nunca podrán evitar, por más vigilancia que pongan la CIA y sus factotums en estos anchos caminos de Internet…   

Hace unos días, alguien dejó en uno de mis blogs un mensaje de cariño y solidaridad. Como suelo hacer, le di respuesta lo antes posible, y resultó ser alguien que se describía como una “genuina cubana, médico internacionalista”. Me habló de su pequeño, con el cual se mantenía en contacto y ayudaba en sus estudios, y me regaló un poema que su Alejandro Javier había dedicado a Camilo Cienfuegos.    

Hoy Aracelis García Pérez, esa genuina cubana, que desde Venezuela hace realidad el sueño de Bolívar y Martí, comparte con nosotros su alegría. Sirva entonces como nuestro modesto homenaje al Señor de la Vanguardia, en este aniversario de su desaparición física:  

algemeen-camilo-cienfuegos1.jpg
“Con la flor de tu Sonrisa”
A Camilo

Cuando lo veo tan cerca
Lo imagino todo lluvia
Su brillo es como una estrella
Que le acrecienta las dudas  

Sus ojos seda y concreto
Irrumpen en la bravura
Manantiales de leyendas
En los mares y llanuras  

Con la flor de su sonrisa
Renace en mares lejanos
En un manto hecho de flores
Por los príncipes enanos   

No importa cuanto te has ido
No importa cuan lejos vas
Nunca te sientas perdido
En el viaje hacia la mar  

Eres preciosa historia
Que al firmamento asomada
Conviertes en regocijo
La pureza de tu alma  

Autor: Alejandro Javier Sánchez García
Escuela Rafael Orejón Forment, 9no grado, Guantánamo

Con la flor de tu sonrisa…

Octubre 27, 2009 de lapolillacubana

Hay algo que nunca podrán evitar, por más vigilancia que pongan la CIA y sus factotums en estos anchos caminos de Internet…    Hace unos días, alguien dejó en uno de mis blogs un mensaje de cariño y solidaridad. Como suelo hacer, le di respuesta lo antes posible, y resultó ser alguien que se describía como una “genuina cubana, médico internacionalista”. Me habló de su pequeño, con el cual se mantenía en contacto y ayudaba en sus estudios, y me regaló un poema que su Alejandro Javier había dedicado a Camilo Cienfuegos.     Hoy Aracelis García Pérez, esa genuina cubana, que desde Venezuela hace realidad el sueño de Bolívar y Martí, comparte con nosotros su alegría. Sirva entonces como nuestro modesto homenaje al Señor de la Vanguardia, en este aniversario de su desaparición física:  algemeen-camilo-cienfuegos1.jpg 

“Con la flor de tu Sonrisa”
 A Camilo

Cuando lo veo tan cerca
Lo imagino todo lluvia
Su brillo es como una estrella
Que le acrecienta las dudas  

Sus ojos seda y concreto
Irrumpen en la bravura
Manantiales de leyendas
En los mares y llanuras  

Con la flor de su sonrisa
Renace en mares lejanos
En un manto hecho de flores
Por los príncipes enanos   

No importa cuanto te has ido
No importa cuan lejos vas
Nunca te sientas perdido
En el viaje hacia la mar  

Eres preciosa historia
Que al firmamento asomada
Conviertes en regocijo
La pureza de tu alma  

Autor:

Alejandro Javier SánchezGarcía

Escuela Rafael Orejón Forment,9º grado,

Guantánamo

 

octubre 27, 2009 Posted by | EDUCACIÓN, HISTORIA, LITERATURA, LO CULTURAL/IDEOLOGICO, POESÍA, POLÍTICA | , , , , , , , | Deja un comentario

Hola…hij@.

HOLA…

AQUÍ ESTÁN TUS DOS ALPARGATICAS NUEVAS,

EL ROCINANTE DE MADERA QUE…

AÚN SE BALANCEA.

ESTAMOS: YOYO, TROMPO, ZARANDA, COLUMPIO,

Y TU PAPÁ DE TONTO.

CREYENDO AÚN QUE AQUÍ ESTARÍAS,

ENTRE FILAS DE SOLDADITOS DEL PUEBLO,

EMPUJANDO CON TU VIDA

TODA LA ALEGRÍA.

yo…

Autor: Manuel Boffil Bello.

octubre 23, 2009 Posted by | LITERATURA, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

Nombre: REINA. Situación: Perdida en combate.

ME FUE DADO CONOCERTE.

ME FUE DADO RECORDARTE,

MÁS NO TENERTE.

EGOISMO ETERNO MÍO.

MÁS,  Y NADA TENGO.

 

REINA.

TUS DEDOS EN MI ESPALDA,

TUS UÑAS, SIN BARNIZ.

TU SONRISA ESPERANZA Y CONFIANZA DE  TANTA NIÑA,

LLEVANDO EN CALUROSO DÍA

COCHE DE NIÑO AJENO.

BARNIZ VERTIDO EN MIS CARRUAJES,

ARRANQUE INOCENTE DE TU IRA LINDA.

 

REINA.

MADRE CONOCIDA E IGNORADA,

FÉRTIL TIERRA DE CUMBRE ANDINA.

NOCHE DE SOBRESALTOS Y BESOS Y ABRAZOS.

OFERTAS DE ANSIA INCOMPRENDIDA.

ME ARRECHO HOY POR TANTO NIÑA Y NIÑO.

 

REINA.

LA LUZ DE LA NEVERA ABRIENDO,

LA PUERTA ABIERTA OFRECIENDO

Y TU DESCALZA,

 Y TÚ,

 SÁBANAS DE TERNURA

INCOMPRENDIDA.

CON TÚ

MANOS ABIERTAS

 Y

LA BLANCURA DE TUS VECES.

 

REINA.

¿COMO IBA A IMAGINARTE MADRE?

SI NO CAPAZ DE VERME PADRE.

POEMA DE AMOR IDO.

A MI YA NO VENDRÁS.

LOS CAMINOS SON.

YA NO HAY VUELTA ADELANTE.

SOLO RECUERDOS Y LASTIMERA SÚPLICA

POR RECUERDO DULCE DE LECHOZA,

DE ARROZ CON LECHE Y TU NOMBRE:

REINA.

 

REINA, MADRE.

ETERNA.

GRITO.

LLANTO.

ABRAZO.

ETERNO ADIOS.

 

Y YO,

DE NUEVO,

SIN SABERTE.

Autor: Manuel Boffil Bello.

octubre 23, 2009 Posted by | LITERATURA, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Ojos verdes…piel canela.

COFRE DE LUCES Y COLORES,

MUEVO LAS MANOS

Y MAGIA NO FUNCIONA.

MÚSICA NO SUENA.

TANTA SOLEDAD SABE DE UNA SOLA,

PERO MENOS DOLOROSA.

DEME USTED UN ALIENTO, UN INSTANTE Y

BORRARÉ EL LAMENTO DE LOS DOS. 

MIS CABALLITOS DE MADERA CORRERÁN A SU REGAZO,

LAS EFÍMERAS PLANEARAN A RAS DE MAR Y OLAS,

A QUEMARSE EN NUESTROS SOLES,

Y BROTARÁN BRISAS DE COLORES,

Y SERÁ USTED MI VIENTO,

Y YO SUS PAPAGAYOS Y VELEROS A LA MAR.

 

BAJO SU PIEL DE CANELA Y MIEL DIVINAS,

UN MOMENTO QUISE  SER,

TAN SOLO SER.

Autor: Manuel Boffil Bello.

octubre 23, 2009 Posted by | LITERATURA | , , | Deja un comentario

Olvido y tiempo.

MIS TELÉFONOS NO RESPONDEN NI REPICAN,

EL VENTILADOR SOPLA Y SOPLA.

NO HAY BRISA.

LA LLOVIZNA YA NO BAÑA MIS VENTANAS

NI LA NIEBLA DISIPA.

 

TUS VESTIDOS, AÚN EN EL VIEJO ESCAPARATE,

ME SUSURRAN, CON CHIRRIDOS DE SUS PUERTAS, QUE AÚN ESTÁS,

PERO TU PARAGUAS, QUE SE FUÉ BUSCANDO LLUVIAS

POR EL ESPEJO YA MANCHADO TRAS DE SÍ,

Y LA JAULITA SIN ALPISTE, AGUA, PAPEL, NI CANTO,

INCÓLUMES, CALLAN CUALQUIER MIO TIC TAC.

 

TE PARECES TANTO AL PUEBLO QUE ERES TÚ…

Y YO, QUE AHORA VIVO EN ESTA PENSIÓN DE SUEÑOS TAN LEJANOS,

QUE DETENGO LOS RELOJES

EVITANDO  OLVIDO Y TIEMPO,

SIGO ESCRIBIENDO CARTAS SIN DESTINO.

APENAS RECUERDO TU NOMBRE

TANTAS VECES REPETIDO EN TUS OÍDOS

PEQUEÑOS, SIN ZARCILLOS,

ADORNANDO TUS MEJILLAS,

POR DONDE TANTAS LAGRIMITAS CORRIERON DESDE NIÑA.

 

REGADERA Y JABÓN, LA VENTANITA CON SU APENAS LUZ

Y UN PAÑO ME SECAN LA SONRISA CUANDO INTENTO VERTE AQUÍ,

REFLEJÁNDONOS EN LOS VIDRIOS

DE CRISTAL TALLADO POR TUS MANOS JUGUETONAS,

LIMPIADORAS DEL HÚMEDO VAPOR.

CIERRO LA PUERTA

Y ME LARGO ANTE TANTA TÚ EN MIS MEMORIAS.

Autor: Manuel Boffil Bello.

octubre 23, 2009 Posted by | LITERATURA | , , | Deja un comentario