Taimaboffil's Blog

A la mujer, jóvenes y niñ@s, con pretendida óptica revolucionaria.

29 de noviembre de 1861: José Gil Fortoul nació en Barquisimeto (Estado Lara), Venezuela.

 

 

 

 

 

 

 

vía: www.efemeridesvenezolanas.com/

Historiador, escritor, político y diplomático venezolano, presidente de la República (1913-1914). Nació en Barquisimeto (Estado Lara) el 29 de noviembre de 1861. En El Tocuyo se graduó de bachiller en filosofía (1880) y, en la Universidad de Caracas, se doctoró en Ciencias Políticas (1885). Entre 1886 y 1905, realizó una intensa representación diplomática en Europa y América.

Durante estos años, Gil Fortoul escribió sobre filosofía e historia, al tiempo que enviaba artículos a El Cojo Ilustrado y otras publicaciones venezolanas. Su obra cumbre es la Historia constitucional de Venezuela, publicada entre 1907 y 1909. Desde 1910 hasta 1911 y desde 1914 hasta 1916, fue senador, y estuvo encargado de la Presidencia de la República desde el 5 de agosto de 1913 hasta el 20 de abril de 1914.

El periodista don Rafael Arévalo González desde su diario “El Pregonero” lanzó la candidatura del honesto jurista doctor Félix Montes. Esta candidatura iba a competir en el proceso electoral a celebrarse en 1914.

El paso político dado por Arévalo González interfería los planes del continuismo Vivas-Gómez, sintetizado en el lema citado de “Gómez único”.

Las llamadas “Fuerzas Vivas”: empresarios de todos los sectores económicos y notabilidades sociales, comenzaron un movimiento nacional a través de miles de cartas, telegramas y adhesiones personales en pro de la continuidad de Gómez en el poder, como garantía de la paz, el orden y el trabajo.

Sin embargo era obligante el hacer las elecciones pues estaba prescrito en la Carta Magna. No obstante la solución fue la guerra.

Argumentando que el país había sufrido una invasión supuestamente dirigida por Castro (cosa que no ocurrió realmente), se dictó un decreto de suspensión de Garantías Ciudadanas y por tanto las elecciones no podían hacerse en la oportunidad legal establecida.

No existiendo renovación electoral se interpretó que el “hilo constitucional” quedaba roto; por tanto se abría la posibilidad de reformar la Constitución vigente. Mientras eso se llevaba a termino, se encargó provisionalmente de la presidencia el Doctor José Gil Fortoul.

Fue miembro de las Academias de Historia y de Ciencias Políticas. Falleció en Caracas el 15 de junio de 1943

vía: www.efemeridesvenezolanas.com/

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noviembre 29, 2010 Posted by | BIOGRAFÍA, HISTORIA, POLÍTICA, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

29 de noviembre: Día del Escritor, Natalicio de Andrés Bello.

El 29 de noviembre en conmemoración del aniversario del  Natalicio de Andrés Bello  (ver en este blog: 19 de noviembre de 1842:Chile:Andrés Bello, Creación de la Universidad de Chile), se celebra en Venezuela el Día del Escritor. Con este homenaje se recuerda la figura de ese gran humanista, figura incuestionable de la nueva civilización hispanoamericana.

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El 29 de noviembre de 1781 nace en Caracas y el 16 de octubre de 1865 muere en Santiago de Chile don Andrés Bello, después de haberle dado a la República chilena un Código Civil y una Universidad, de la que fue Rector vitalicio desde 1843 hasta su muerte.

Andrés Bello ha sido calificado de sabio. Ningún adjetivo le queda mejor al gran humanista y jurisconsulto americano. Su obra es amplísima, didáctica y plena de conocimientos y sabiduría. Hijo de tres pueblos, supo amalgamar diversas ciencias y artes para brindarlas a sus discípulos, a sus contemporáneos, dejando una herencia imperecedera y valiosa. 

Ningún otro hombre ha recibido más títulos que Bello. Por su fecunda labor, a través de Venezuela, su patria, Chile, su patria adoptiva, y Londres, se le puede llamar con autoridad pedagogo, poeta, diplomático, jurista, filólogo, filósofo, crítico, periodista y sociólogo.

Acerca de su nacimiento se han suscitado algunas discusiones. En el Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano se le considera colombiano, debido a su fecho de nacimiento: 29 de noviembre de 1781. En esta época Venezuela no era Nación y todos los que nacían en Venezuela, Ecuador y la Nueva Granada eran considerados ciudadanos colombianos. Sin embargo, Venezuela era Capitanía General y Andrés Bello, nació en Caracas, es venezolano. En un documento de fecha 9 de noviembre de 1824 se le dio el calificativo de ciudadano colombiano. El mismo Bello, en un escrito fechado en Londres el 21 de marzo de 1827, se decía colombiano. También fue llamado “chileno ilustre” y considerado como auténtico chileno, ya que durante sus treinta y cuatro años de permanencia en este país dedicó los mejores años de su vida a la enseñanza del pueblo chileno y a trabajar en beneficio del derecho de Chile.

Allí encontró amplio y fecundo campo para sus inquietudes y supo sembrar a conciencia la semilla de su inteligencia.

 

Su padre, Bartolomé Bello, abogado y músico, y su madre Ana López, supieron imprimir en su alma la nobleza y la belleza de carácter que lo caracterizó siempre. Uno de sus profesores fue el fraile mercenario, Cristóbal de Quesada, de quien recibió lecciones de 1atín y literatura. Obtuvo grado de bachiller en Arte el 9 de mayo de 1800. Ingresó a la Universidad a estudiar abogacía y medicina, pero ambas carreras no fueron terminadas. Bello, a pesar de la tradición paterna, nunca se sintió atraído por las leyes. Su vocación era humanista por excelencia. Desde muy joven fue un estudioso del libro de Cervantes “Don Quijote” y de las comedias de Calderón de la Barca.

Dio clases particulares, estudió por su cuento francés e inglés y se relacionó con los grandes hombres de su tiempo. Como la enseñanza era un trabajo mal remunerado ingresó a la Administración Pública. El 6 de noviembre de 1802 recibió su nombramiento como Oficial 2º de la secretaria de la Capitanía General de Venezuela, con un sueldo de 600 pesos anuales. Cinco años después el rey de España, en reconocimiento a su inteligencia y laboriosidad, le concedió el nombramiento de Comisario de Guerra. Esta era una distinción honorífica difícil de dar a un criollo, lo cual causó polémica y fue mal vista por algunos peninsulares.

Meses después fue nombrado Secretario de la Junto Central de vacuna de Caracas.

Paralelamente a sus trabajos en la Administración, escribía poemas y ensayos. Desde 1809 su fama como poeta era reconocida. Desgraciadamente la mayor parte de sus poemas de aquella época se han perdido. De aquel tiempo es su “Oda a la Vacuna”. Estudió a Virgilio y Horacio.

En 1810, cuando se inició el movimiento revolucionario, fue enviado, junto a Bolívar y López, a Londres, con una misión del Gobierno Central de Venezuela. Fue su primer trabajo como diplomático y su alejamiento de la patria. Permaneció en Londres desde 1810 hasta 1820. Muchos de sus contemporáneos lo criticaron por tal actitud y lo llamaron “indiferente a los problemas patrióticos”, “mal ciudadano” y hasta llegó a hablarse de traición.

Pero el ideal de Bello estaba más allá de los límites de su tierra. Él luchaba por una libertad intelectual. Más que político era humanista, pedagogo. Estando en Londres fue nombrado Secretario de la Legación Chilena, para la cual trabajó con ahínco. También fue nombrado Secretario de la legación Colombiana. Estos cargos, aparte de proporcionarles enojosas situaciones, le dieron la oportunidad de unir el pensamiento latinoamericano; de conocer a sus hombres. Forjaron su tierna sensibilidad y su superior equilibrio espiritual.

En Inglaterra se casó dos veces. Primero con María Ana Boyland, en 1815, quien lo dejó viudo, y después con Isabel Antonia Dunn, en 1824, que lo sobrevivió. La descendencia de Bello fue numerosa. Entre sus hijos hubo notable políticos, diplomáticos, escritores, artistas; un sacerdote y un rector universitario. En Londres se dedicó por entero a sus estudios predilectos: literatura castellana y filosofía. Estudió griego y tradujo a Sófocles y Eurípides. Antes de abandonar Caracas tenía terminada su “Análisis Ideológico de los tiempos de la Conjunción Castellana”. Había nacido ya el humanista.

A los cincuenta años se radica definitivamente en Chile. Llegó a Valparaíso a bordo del bergantín Greciam. Su mayor tiempo lo dedicó a la docencia.

Incursionó en la vida política del país, siendo catalogado como “el consejero de la moderación de la moderación de los Ministros de estado”. En su carácter de periodista discutió las más complicadas cuestiones internacionales, ya para dirigir la opinión pública de Chile, ya para dar a conocer a este pueblo cual era la línea de conducta que el gobierno se había trazado. En repetidas oportunidades los gobiernos americanos consultaron su opinión en las más árdua y difíciles cuestiones de política internacional. En 1864, por ejemplo, Estados Unidos sometió a su arbitraje un asunto pendiente con Ecuador; y en 1865 los gobiernos de Perú y Colombia hicieron algo análogo.

Poco tiempo le bastó a Bello para interiorisarse de todos los defectos de la rutina en materia de enseñanza. Fue el pionero de las innovaciones en este terreno.

En Santiago tuvo la oportunidad de relacionarse con los más famosos hombres de letras de su tiempo. Fue amigo de Sarmiento, argentino, exilado en Chile; de Vicuña Mackena, historiador y ensayista chileno; Barros Arenas, historiador chileno; Diego Portales, eminente político chileno; etc. Chile siempre considero a Bello como un hijo de su tierra. Desempeño importantes cargos en el Ministerio de Relaciones Exteriores y fue Senador de la República. Su obra más grandiosa, como jurisconsulto, fue haber sido Legislador de Chile.

Su Patria adoptiva, donde murió el 15 de octubre de 1865, rindió sentido homenaje a la figura latinoamericana más brillante del siglo. Sus exequias fueron costeadas por el Gobierno de Chile. Sus restos bajaron al suelo chileno que tanto amó. Aún después de su muerte siguió en pleno contacto con el pueblo que lo acogió como hijo predilecto y lo llamó Libertador de las Artes Americanas.

En 1872 el gobierno de Chile publicó una edición completa de sus obras (inéditas y publicadas), lo cual ha tenido ediciones sucesivas, ya difundidos por el mundo entero.

Por suscripción popular, se erigió uno estatua a su memoria, en el frontis del Congreso chileno. Una plaza de Santiago lleva su nombre. También una avenida. En la puerta principal de la casa central de la Universidad de Chile, en Santiago, una estatua “Simbolizando al humanista” luce imponente en una de las principales arterias de la capital.

 

Venezuela honra su memoria a cada instante. También Caracas tiene una Plaza Andrés Bello, una avenida Principal, y Universidad. El óleo que se encuentra en 1a Biblioteca Nacional fue obsequiado por el gobierno chileno al gobierno venezolano. Andrés Bello es, quizás, el puente más fuerte e indisoluble, de amistad y espiritualidad, que ha unido y seguirá uniendo a ambos pueblos.

EL PEDAGOGO

Su labor de profesor se inició en Caracas. Comenzó dando clases particulares. Uno de sus alumnos fue Simón Bolívar, a quien le enseñaba Geografía. Antes de abandonar Caracas tenía ya una formación humanista que perfeccionó, más tarde, en Londres y luego en Santiago, alcanzando en esta ciudad su madurez pedagógica. Mientras él enseñaba, aprendía a la vez. Sin ayuda estudió inglés. Sólo lo leía. Fue el primer venezolano de su tiempo que podía leer a la perfección los diarios ingleses que llegaban a Caracas. Dominó luego el idioma durante su estadía en Gran Bretaña.

 

A los 29 años partió a Inglaterra con una misión diplomática-política. Su vocación de humanista pudo más que su representación patriótica. En Londres fortaleció su formación cultural y se empapó de la cultura de este país que, por ese entonces, vivía una de las épocas más interesantes: la transformación del proceso rural al proceso industrial. Bello tuvo la suerte de vivir en una Inglaterra en constante movimiento y superación. El cambio fue violento. Él, que iba de un país colonial, tranquilo, marginado de los últimos acontecimientos, de pronto se vio envuelto en un mundo fértil y pletórico.

En Chile desplegó toda su actividad pedagógica. Fue profesor del Colegio de Santiago, del Instituto Nacional, centro educacional en donde se han forjado los más valiosos hombres chilenos, y Primer Rector de la Universidad de Chile. Fue Bello quien elaboró el proyecto de creación de la casa de estudios superiores de Chile y la dirigió hasta su muerte. Durante un tiempo, después de su muerte, la Universidad no tuvo Rector. Fue como un homenaje póstumo al hombre estudioso y de integral sabiduría.

 

Siendo profesor defendió la enseñanza del latín y publicó su “Gramática Latina”. Fue ferviente partidario de la enseñanza primaria. En una oportunidad dijo: “Creo urgente el fomento de la enseñanza literaria y científica. La instrucción primaria no se defiende sino donde han florecido de antemano las ciencias y las letras”.

Escribió su famosa “Gramática Castellana” (1847), que le abrió las puertas de la Real Academia Española. La teoría gramatical de Bello está fundada en principios originales, nuevos en su mayor parte. Su teoría gramatical se separa por completo de la rutina y se funda sobre estudios propios, tan profundos y prolijos sobre la índole y la naturaleza del idioma. Escribió, además, “Historia de la Literatura Antigua”; un tratado de “Cosmografía” y “Ortografía y Métrica de la Lengua Castellana”.

Imposible es, en breves páginas, hablar del Bello humanista. Muchos autores, aparte de sus numerosos biógrafos, se han dedicado a resaltar cada una de sus facetas. Un crítico ha dicho: “Bello fue el salvador de la integridad del Castellano en América y, al mismo tiempo, enseñó, y no poco, a los escritores peninsulares”.

EL POETA

Sus primeras poesías fueron hechas en su tierra natal, Venezuela. Escribió poesías originales y tradujo a varios autores clásicos. Una de sus más famosas es “Silva a la Agricultura de la zona tórrida”. Se le conocen: “Oda al Anauco”, “Alocución a la poesía”, “Tirsis, habitador del Tajo Umbrío”(Hanca virgiliana), “Poema sobre América”, “Soneto a la Victoria de Bailén”, etc.

Se le ha considerado un poeta clásico y romántico, aunque su producción poética no es tan vasta, como sus trabajos críticos y jurídicos.

EL JURISTA

A pesar de que no terminó sus estudios de abogacía porque repelía esta carrera, dado su carácter poco afecto a las controversias, se le ha llamado el Legislador Chileno. Escribió numerosas obras de derecho. Abrió una clase sobre Derecho Romano para enseñar la base en que reposa la Jurisprudencia moderna. Escribió un Derecho Internacional.

Esta obra, escrita en Chile, fue reimprimida en Venezuela y París y traducida a varios idiomas. Publicó un tratado sobre principios del Derecho de Gentes. Dictó clases jurídicas. Defendió el estudio de la Filosofía del Derecho. Es el fundador del Derecho Internacional de Iberoamérica. Pero lo más importante de todo fue la elaboración del Código Civil Chileno, cuyo proyecto fue aprobado y promulgado por el Congreso de Chile el 14 de diciembre de 1855. Su código ha sido modelo en Nicaragua, Colombia, Ecuador y Uruguay. Aparte de su fecundidad jurídica trabajó en la organización de la Administración Pública Chilena.

EL FILOLOGO

Estudió desde su raíz todas las ciencias relativas al lenguaje. Comenzó por aplicar el lenguaje a la Filosofía. Su notable instrucción, su entendimiento ágil, claro, y vivaz imaginación, le dieron la oportunidad de dominar, en primer lugar, su lengua materna: el Castellano. Además el latín, griego, francés, inglés e italiano. Estudio y cultivó la gramática. En el prólogo de su Gramática Castellana escribe: “La Filosofía de la gramática la reduciría yo a representar el uso bajo las fórmulas más comprensivas y simples”. Condenó la tendencia rigorista que pretende mantener el idioma de una manera estática.

Como dice Rafael Caldera en su libro: “La conciencia literaria americana nació en Bello”.

EL FILOSOFO

Aportó a la Filosofía punto de vistas originales. Su “Filosofía del Entendimiento”, según Méndez Pelayo, “Es sin duda la obra más importante que en su genero posee la Literatura Americana”. Fue un filósofo clásico y expuso un análisis muy personal para determinado problemas filosóficos. Divide en dos partes la filosofía: A) Filosofía del Entendimiento (Psicología mental y lógica), y B) Filosofía Moral (Psicología mental y ética). Caldera escribe: “El método que Bello sigue en su Filosofía es el mismo que en ella pregona: ni absolutamente racionalista ni extremadamente empírico”.

Respecto a la Psicología Moral reconoce al Alma como Libre e inmortal. Su ética es religiosa. “Dios es la base del orden Moral cuyas Leyes a estampado el Creador en la conciencia y en el corazón del hombre. ” Para él, la educación y el arte están sujetos al orden Moral que rige todas nuestras acciones, que emerge de Dios y que esta sustentado en la Religión Católica”, analiza Caldera en su ensayo sobre Bello.

EL CRITICO

Andrés Bello es la figura clave de la crítica Latinoamericana. Para el escritor y crítico E. Rodríguez Monegal, “Bello es el Primer americano que piensa en términos críticos sobre la Literatura. Considero que tenía una excepcional capacidad de crítica. Sus 19 años pasados en Londres ampliaron en él la visión crítica que se trasluce en toda su obra. “Rodríguez Monegal, que ha realizado un extenso estudio sobre Bello titulado “El Otro Bello”, afirma que “a través todo la obra de Bello en Londres y Santiago, se cimienta el fundamento de la crítica latinoamericana “.

Su trabajo crítico se inició en Caracas. En Londres criticó a Moratín y Heredia. En Chile, en sus constante choques con Sarmiento, que era más joven que él y en muchas cosas era más moderno era más moderno que Bello se echan las bases de la crítica latinoamericana, apoyada en los conocimientos europeos. Famosos son sus Investigaciones Literarios. Desde, la prensa tuvo la oportunidad de criticar a Homero, Virgilio, Ovidio y Horacio. También a figuras de su tiempo. Defendió al teatro como medio de Educiclón, criticando más a la obra que a los actores.Trató de divulgar la declamación como Arte y como medio de perfeccionamiento del lenguaje del pueblo. Famoso es también su “Juicio crítico sobre el poema del Cid”, joya de la crítica castellana.

EL PERIODISTA

Se le ha considerado el primer periodista venezolano. En 1809, antes de abandonar su patria, proyectó fundar “El Lucero”, pero la idea no se materializó. Fue redactor de la “Gaceta de Caracas”, primer periódico Impreso en Venezuela. En Londres escribió en la Biblioteca Americano y Repertorio Americano. En Chile fue redactor de “El Araucano”, desde 1830 hasta 1858. Su labor crítica la desarrolló a través de su función periodística, desde los diversos periódicos para los cuales trabajó y luego como articulista de peso. Desde sus columnas periodísticas buscó la orientación social y moral. Escribió de diversos tópicos y tratando siempre de exponer sus ideas en forma clara y precisa que sirvieran de guía para sus discípulos. Como periodista se profundizó más aún su labor de educador.

EL SOCIOLOGO

Bello tuvo la oportunidad de nacer en la Caracas anterior a la revolución. Conoció el medio colonial, lo estudió y lo criticó. Siempre se preocupó de estudiar las formas de gobierno. “En la sociología de Bello aparecen combinadas la realidad y el idealismo”. Escribió sobre las colonias Españolas. Supo diferenciar la independencia política y la libertad civil.

En “Resumen de la historia de Venezuela” expone sus ideas sociales. Se preocupo del régimen de la propiedad de la tierra que sirvió de partida del desarrollo colonial.

En la primera edición del libro sobre Bello que Caldera escribió habla del Bello político. En su última edición, a este capítulo lo llamó el Bello sociólogo. Creemos que sus ideas sociológicas están intimamente relacionadas con sus ideas políticas, ya que desde su primer viaje fuera de la patria, en el cual llevaba uno misión diplomática política, trabajó no por su patria en especial, sino por los hombres latinoamericanos en general. Fue un conocer del hombre. Siempre le interesó su conducta, sus hechos, consecuencias. En todo su amplísimo e inigualable obra se puede apreciar.

La herencia de Bello no es patrimonio de un determinado pueblo. Pertenece al mundo entero. El hecho material de que sus restos reposen en el país más alejado y estrecho del mundo, no ha impedido que su legado humanístico – científico haya traspasado límites, ideologías y credos.

noviembre 29, 2010 Posted by | BIOGRAFÍA, HISTORIA, LITERATURA, Uncategorized | , , , , , | 1 comentario

El 28 y 29 de noviembre 1960…

Carros de combate son situados frente al Palacio presidencial como medida de precaución contra los estudiantes e izquierdistas que manifiestan contra el Gobierno adeco en el centro de la ciudad de Caracas. Rómulo Betancourt ha celebrado una reunión de emergencia con su Gabinete y , mediante el decreto 402 son suspendidas la garantías constitucionales en todo el país por tiempo indefinido.

 

El 29 de noviembre de 1960,  son ocupados los locales y talleres del periódico del partido comunista de Venezuela, Tribuna Popular, ubicado cerca de Puente Hierro en Caracas, en una operación policíaca ordenada directamente desde el Ministerio de Relaciones Interiores (Siempre en el círculo de confianza del líder adeco, Pérez fue nombrado por Betancourt director general del Ministerio de Relaciones Interiores en 1960 y titular de la misma cartera en 1961. Como tal, Pérez reprimió a las guerrillas, las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), creadas por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), una escisión de extrema izquierda de la propia AD y lanzada a la subversión armada al hilo del enfrentamiento ideológico y personal entre Betancourt y Fidel Castro.)
 

 

noviembre 29, 2010 Posted by | HISTORIA, POLÍTICA, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

Jose Marti. Articulo:26 de agosto,1893…”A la raiz”

 

Martí, Cuba y su bandera.

“A la raíz”,  por José Martí

Patria, Nueva York, 26 de agosto de 1893, Obras completas. Volumen II. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963. 377-80

vía:  Jose Marti. Articulos. A la raiz #1.

Los pueblos, como los hombres, no se curan del mal que les roe el hueso con menjurjes de última hora, ni con parches que les muden el color de la piel. A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga. No hay que estar al remedio de un instante, que pasa con él, y deja viva y más sedienta la enfermedad. O se mete la mano en lo verdadero, y se le quema al hueso el mal, o es la cura impotente, que apenas remienda el dolor de un día, y luego deja suelta la desesperación. No ha de irse mirando como vengan a las consecuencias del problema, y fiar la vida, como un eunuco, al vaivén del azar: hombre es el que le sale al frente al problema, y no deja que otros le ganen el suelo en que ha de vivir y la libertad de que ha de aprovechar. Hombre es quien estudia las raíces de las cosas. Lo otro es rebaño, que se pasa la vida pastando ricamente y balándoles a las novias, y a la hora del viento sale perdido por la polvareda, con el sombrero de alas pulidas al cogote y los puños galanes a los tobillos, y mueren revueltos en la tempestad. Lo otro es como el hospicio de la vida, que van perennemente por el mundo con chichonera y andadores. Se busca el origen del mal: y se va derecho a él, con la fuerza del hombre capaz de morir por el hombre. Los egoístas no saben de esa luz, ni reconocen en los demás el fuego que falta en ellos, ni en la virtud ajena sienten más que ira, porque descubre su timidez y avergüenza su comodidad. Los egoístas, frente a su vaso de vino y panal, se burlan, como de gente loca o de poco más o menos, como de atrevidos que les vienen a revolver el vaso, de los que, en aquel instante tal vez, se juran a la redención de su alma ruin, al pie de un héroe que muere, a pocos pasos del panal y el vino, de las heridas que recibió por defender la patria. Esto es así: unos mueren, mueren en suprema agonía, por dar vergüenza al olvidadizo y casa propia a esos mendigos más o menos dorados, y otros, mirándose el oro, se ríen de los que mueren por ellos. ¡Es cosa, si no fuera por la piedad, de ensartarlos en un asador, y llevarlos, abanicándose el rostro indiferente, a ver morir, de rodillas, al héroe de oro puro e imperecedero, que expira, resplandeciente de honra, por dar casa segura y mejilla limpia a los que se mofan de él, a los que compadrean y parten el licor y la mesa, con sus matadores, a los que se esconden la mano en el bolsillo, cuando pasa el hambre de su patria, y riegan de ella, entre zetas y jotas, el oro del placer! Hay que ir adelante, para bien de los egoístas, a la luz del muerto. Hay que conquistar suelo propio y seguro.

De nuestras esperanzas, de nuestros métodos, de nuestros compromisos, de nuestros propósitos, de eso, como del plan de las batallas, se habla después de haberlas dado. De la penuria de las casas, del trastorno en que pone a mucho hogar nuestro la crisis del Norte, de eso se habla, en decoro fraternal, de mano a mano. De lo que ha de hablarse es de la necesidad de reemplazar con la vida propia en la patria libre esta existencia que dentro y fuera de Cuba llevamos los cubanos, y que, afuera a lo menos, sólo a pujo de virtud extrema y poco fácil puede irse salvando de la dureza y avaricia que de una generación a otra, en la soledad del país extraño, mudan un pueblo de mártires sublimes en una perdigonada de ganapanes indiferentes. De lo que se ha de hablar es de la ineficacia e inestabilidad del esfuerzo por la vida en la tierra extranjera, y de la urgencia de tener país nuestro antes de que el hábito de la existencia meramente material en pueblos ajenos, prive al carácter criollo de las dotes de desinterés y hermandad con el hombre que hacen firme y amable la vida.

Si a la isla se mira, el dejarla ir, bajo el gobierno que la acaba, entre quiebras y suicidios, entre robos y cohechos, entre gabelas y solicitudes, entre saludos y temblores, podrá parecer empleo propio de la vida, y cómodo espectáculo, a quien no sienta afligido su corazón por cuanto afee o envilezca a los que nacieron en el suelo donde abrió los ojos a los deberes y luz de la humanidad. Cuanto reduce al hombre, reduce a quien sea hombre. Y llega a los calcañales la amargura, y es náusea el universo, cuando vemos podrido en vida a un compatriota nuestro, cuando vemos, hombre por hombre, en peligro de podredumbre a nuestra patria. ¡Aunque no ha de haber temor, que las entrañas de nuestra tierra saben de esto más de lo que se puede decir, y no es privilegio de los cubanos expatriados, sino poder de los cubanos todos, e ímpetu más vehemente que el de sus enemigos, este rubor de la sangre sana del país por todos los que en él se olvidan y se humillan! Es la tierra en quiebra la que se levanta; la tierra en que las ciudades se van cayendo una tras otra, como las hileras de barajas. Es la ofensa reprimida, y el bochorno ambiente, de que ya la tierra se ahoga. Faltaba el cauce al decoro impaciente del país; faltaba el empuje; faltaba la bandera; faltaba la fe necesaria en la previsión y fin conocido de la revolución: eso faltaba, y nosotros lo dimos. Ahora, vamos a paso de gloria a la república. ¡Y a lo que estorbe, se le ase del cuello, como a un gato culpable, y se le pone a un lado!

Y si vemos afuera, y en lo de afuera a este Norte a donde por fantasmagoría e imprudencia vinimos a vivir, y por el engaño de tomar a los pueblos por sus palabras, y a las realidades de una nación por lo que cuentan de ella sus sermones de domingo y sus libros de lectura; si vemos nuestra vida en este país erizado y ansioso, que al choque primero de sus intereses, como que no tiene más liga que ellos, enseña sin vergüenza sus grietas profundas, —triste país donde no se calman u olvidan, en el tesoro de los dolores comunes y en el abrazo de las largas raíces, las luchas descarnadas de los apetitos satisfechos con los que se quieren satisfacer, o de los intereses que ponen el privilegio de su localidad por sobre el equilibrio de la nación a cuya sombra nacieron, y el bien de una suma mayor de hombres; si nos vemos, después de un cuarto de siglo de fatiga, estéril o inadecuada al fruto escaso de ella, no veremos de una parte más que los hogares donde la virtud doméstica lucha penosa, entre los hijos sin patria, contra la sordidez y animalidad ambientes, contra el mayor de todos los peligros para el hombre, que es el empleo total de la vida en el culto ciego y exclusivo de sí mismo; y de otra parte se ve cuán insegura, como nación fundada sobre lo que el humano tiene de más débil, es la tierra, para los miopes sólo deslumbrante, donde tras de tres siglos de democracia se puede, de un vaivén de la ley, caer en pedir que el gobierno tome ya a hombros la vida de las muchedumbres pobres; donde la suma de egoísmos alocados por el gozo del triunfo o el pavor de la miseria, crea, en vez de pueblo de trenza firme, un amasijo de entes sin sostén, que dividen, y huyen, en cuanto no los aprieta la comunidad del beneficio; donde se han trasladado, sin la entrañable comunión del suelo que los suaviza, todos los problemas de odio del viejo continente humano. ¿Y a esta agitada jauría, de ricos contra pobres, de cristianos contra judíos, de blancos contra negros, de campesinos contra comerciantes, de occidentales y sudistas contra los del Este, de hombres voraces y destituidos contra todo lo que se niegue a su hambre, y a su sed, a este horno de iras, a estas fauces afiladas, a este cráter que ya humea, vendremos ya a traer, virgen y llena de frutos, la tierra de nuestro corazón? Ni nuestro carácter ni nuestra vida están seguros en la tierra extranjera. El hogar se afea o deshace: y la tierra debajo de los pies se vuelve fuego, o humo. ¡Allá, en el bullicio y tropiezos del acomodo, nacerá por un fin un pueblo de mucha tierra nueva, donde la cultura previa y vigilante no permita el imperio de la injusticia; donde el clima amigo tiene deleite y remedio para el hombre, siempre allí generoso, en los instantes mismos en que más padece de la ambición y plétora de la ciudad; donde nos aguarda, en vez de la tibieza que afuera nos paralice y desfigure, la santa ansiedad y útil empleo del hombre interesado en el bien humano!

Cada cubano que cae, cae sobre nuestro corazón. La tierra propia es lo que nos hace falta. Con ella ¿qué hambre y qué sed? Con el gusto de hacerla buena y mejor, ¿qué pena que no se atenúe y cure? Porque no la tenemos, padecemos. Lo que nos espanta es que no la tenemos. Si la tuviésemos, ¿nos espantaríamos así? ¿Quién, en la tierra propia, despertará con esta tristeza, con este miedo, con la zozobra de limosnero con que despertamos aquí? A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres.

Patria, Nueva York, 26 de agosto de 1893, Obras completas. Volumen II. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963. 377-80

vía:  Jose Marti. Articulos. A la raiz #1.

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