Taimaboffil's Blog

A la mujer, jóvenes y niñ@s, con pretendida óptica revolucionaria.

La pasión


Publicado el 21 de Octubre de 2009 por Mora Torres

Sentada en el balcón lleno de primavera (Primavera roja)  -de las plantas subían flores de pasión, bailarinas vestidas de rojo fuego (Las plantas)-, con mis anteojos de abuelita, seguía con el tejido del invierno: una larga bufanda, una bufanda interminable que, quizá, a modo de remedio homeopático, podría revivir a la bella Isadora -Isadora Duncan, que murió asfixiada por larguísima estola (Serguéi Yesenin: “Un solitario ante el espejo destrozado”).

De pronto se hizo un silencio en mí, un poco melancólico, y al mismo tiempo empecé a escuchar, seguramente de una radio encendida en el balcón del vecino, que una mujer cantaba (Clasificación de voces). Era una voz arenosa, una garganta con arena, pero no se trataba de Adriana Varela (El Tango) sino de un tono más maduro y con letra más suave; suave pero terrible, la letra del bolero hablaba de la pasión.

De la pasión “perdida”.

Su eco rebotó sobre mi tejido (Hilados), mis manos y, en especial, mi corazón.

Momento de luz: las cataratas del Iguazú (Provincia de Misiones – Argentina) de la pasión -aunque sólo en recuerdos, pero vivos como aguas vivas- comenzaron una función interminable.

Aquello estaba en mí aunque viniera del pasado, y me produjo nuevas felicidades.

Cuando la iluminación terminó, vine a la computadora, para buscar en Google. Escribí “la pasión” y pinché en “buscar”.

Nada, o casi nada, que no fuera pasión por el fútbol, las estampillas (La palabra escrita y la filatelia), los dedales antiguos o, un poco más artísticamente por la música o la pintura, hallé en las entregas. ¡Dios mío!, ¿acaso soy una sobreviviente de tiempos en que pasión se escribía con a de adoración o con hache de hechizo?

Intenté entonces escribir sobre el sexo sin pasión, pero me parece que desbordé la página con lo que dice Pródico: “El amor es un deseo redoblado, el amor redoblado deviene locura” (Literatura y Sexualidad).

Encontré este título para mi escrito:

La parición del místico animal

Nosotros no somos dos sino un extraño, místico, fascinante animal. Los pensamientos bordean su figura como estrellas fugaces; los pensamientos existen tenuemente.

Este cuerpo sagrado tiene dos grandes senos con redondeles rosas. En uno permanece una boca que succiona, similar a la boca de un niño de meses, y más abajo se encuentran dos piernas abiertas y dobladas hacia los lados que contienen a su vez dos piernas estiradas, del revés. En el centro de ellas hay una especie de látigo firme y grueso que conecta con una hendidura profunda tapizada de una tela exquisita parecida a la de las flores rojas pero más resistente; el látigo conecta y desconecta, sale y entra.

 

El cuerpo tiene movimientos de mar, de trote de caballos, de pasar los monjes rozando con sus túnicas los muros.

El ritmo sólo puede derivar de una música antigua, no demasiado suave.

La piel es verdaderamente angelical en algunas regiones, como si tocaras seda; en otras está cubierta por tierno vello y en otras se vuelve gruesa, áspera al tacto y no con vellos sino con cortos y espesos pelitos negros. Además hay una cabellera larga y rubia y otra de pelo negro y lacio no muy largo.

Lo que sí no se puede describir son las sensaciones de este animal tan solitario.

Por momentos parece sufrir horriblemente y sufre, en realidad, pero de manera deliciosa, no horrible.

No, no es dolor. Es algo que quiere dejar ir.

No, no es dolor. Es algo que quiere devorar.

Mientras, el sufrimiento es delicioso porque es en sí la sensación de la expulsión, pero más atenuada; la sensación de devorar, pero infinitamente menos intensa.

Hay una cara que mira al cielo. Los ojos no se ven aunque los párpados tienen vibraciones, giran movimientos, como si miraran las figuras de un sueño.

Pero no, el animal gime, resuena, rumorea, hasta dice palabras: está completamente despierto.

Se contesta a sí mismo con otra voz más gutural. La boca de su otra cara que se desprende del pezón también dice alguna palabra ahogada en sus propios rumores.

El animal percibe el sufrimiento y la delicia cada vez más a medida que se va hundiendo, y los susurros de sus bocas se mezclan con un susurro de agua viscosa removida.

El ritmo se acelera, la música cambia y se rompe en un galopar frenético, también antiguo, como el de dos reyes enemigos que vienen velozmente a establecer un pacto.

En el mismo momento el animal se libra de ese líquido que carcomía ansiosamente sus entrañas, y del deseo de devorar, pues está devorando. De una de sus bocas sale un sonido alargado, grave y terminante que finaliza en A, y de la otra más pequeña vocablos entrecortados, como un sollozo o una risa muy fina. Enloquece, por un segundo, de placer; el placer es excesivo y no proviene tanto de la expulsión y de la deglución como de una misteriosa e inhallable glándula que se cree situada entre el cerebro en conexión singular con Dios, o con los dioses.

La parición significa por supuesto dar vida, y al hacer nacer de sí, este individuo al mismo tiempo nace en dos mitades. Nunca debe olvidarse que se trata del místico animal.

Envío

No me olvidé de la promesa de continuar con “El Marqués de Sade y la niña bonita”. Sólo les ruego que esperen un poquito que la “inspiración” siga su curso. También podrían ayudarme con sugerencias, mis queridos…

Y aunque los quiero a todos mucho, hoy siento el impulso de mandarle un gran beso a Celestino

octubre 22, 2009 - Posted by | Uncategorized

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